ciberactivismo y cobertura alternativa el 26-S

La iniciativa de dalepoderatuvoto.org ha empezado a perfilarse en las últimas semanas de cara a las (s)elecciones legislativas del 26S. Venezuela, uno de los países (¿extrañamente?) a la vanguardia en tecnologías de redes sociales como Twitter, posee ahora una plataforma de envergadura para la contrainformación.

Un puñado de blogueros, la mayoría profesores universitarios provenientes de las tendencias políticas más disímiles (y sobre todo no-alineados… Sí, aún quedan de esos) han creado el espacio para que todos los venezolanos puedan convertirse en ciber-activistas.

Hace tiempo conversaba con Héctor Palacios y Luis Carlos Díaz sobre la importancia de Twitter y la web 2.0 en la actualidad. Ya que si mi vida fuera presentada como un dibujo animado del correcaminos al congelarse la imagen aparecería, “Vicente, escépticus etérnicus”, ventilé mis dudas acerca de la utilidad de la gritadera sin sentido que puede ser Twitter. Los blogo-colegas, mucho más optimistas, me hicieron contextualizar mi juicio lapidario. Es cierto: Twitter es un chismógrafo, si sigues a chepa candela. Construye una Timeline de idiotas, y tendrás un Twitter idiota.

Sin embargo, esta gente lo ha llevado a otro nivel. No sólo han creado espacios donde el intercambio de información útil es la vara de medición, sino que han entendido cómo utilizar la plataforma y la web 2.0 para generar contrainformación, cobertura ciudadana y ciberactivismo. Si querían ver la aplicación práctica del artículo de Daniel Pratt en La Revista sobre el Ciberactivismo, el 26S tendrán la oportunidad.

Dale poder a tu voto es una página alternativa donde el ciudadano puede reportar sus experiencias electorales sin pasar por los filtros interesados de los grandes medios de información. Es súmamente flexible y permeable a los registros vía texto-SMS, Twitter, Formulario Web y también e-mail. Prácticamente todo el mundo puede participar. Copiando la explicación de Palacios:

“Dale Poder a Tu VOTO permite hacer observación electoral entre todos. Puedes enviar tu reporte desde cualquier lugar de Venezuela, y aparecerá en el mapa de Dale Poder a tu VOTO.

Si quieres discutir en Twitter en general, pero sin producir un reporte para Dale Poder a tu VOTO usa el hashtag #26S, que ya se está moviendo”.

Y para los flojos:

Ahora bien, evidentemente, para que esto funcione bien, hace falta gente reportando desde todo el país. Es por eso que hacemos este llamado a rodar la información.

No se trata de apoyar a un partido o no. Yo ya dije lo que tenía que decir. Se trata de experimentar, construir y tantear alternativas alejadas de los grandes decididores, de los Rupert Murdochs del mundo, de la gritadera histérica de los Silva y los Castillo.

Además, desde acá y desde el blog de PanfletoNegro que pretendo secuestrar y tomar por asalto el 25S (están prevenidos, panfletarios), experimentaremos con el Software CoverItLive, otro golpe a los medios tradicionales. Seguimos llenando de ronchas al maquinista. (vía Restead@s, otro blog indispensable).

Pásenlo. Cópienlo. Twitéenlo. Si están en Twitter (o se quieren animar), les dejo acá los twitteros a seguir: @NSC, @hectorpal, @LuisCarlos, @uraisa ; y otros que se me pasan e iré dejando en los comentarios cuando los lea en mi TL.

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Franklin Brito en 3-D

En el río de pirañas tratando de capitalizar cada escándalo para transformarlo en un voto, los actores políticos de Venezuela nos hacen perder la perspectiva. Nos colocan gríngolas, como a los caballos, nos inyectan sentencias desde la televisión, nos rodean con dedos acusadores y nos incitan a levantar nuestras falanges también, porque eso es un acto “patriótico”.

Este juicio sintético a priori (como decir, “la nieve es blanca”, “todos los cuerpos poseen masa”), busca equivaler las acciones de un bando, ya sea la oposición o el gobierno, a un ente maligno que lo deslegitima y llama a ser combatido con contundencia.

En medio de este diálogo de sordos, la estrategia comunicacional del gobierno en torno al caso de Franklin Brito ha logrado aislarlo del nido de corrupción, abuso estadal, retaliación política e ilegalismos que latían bajo la piel del ganadero que se inmoló.

Reducir el caso de Brito a una huelga de hambre “por la propiedad privada” o al juicio foucaldiano de “locura” es una salida conveniente y exitosa para las fracciones que pelean por controlar nuestro petróleo. Pero la realidad es otra.

A través de este correo enviado por la redacción de El Libertario, nos enteramos del verdadero via crucis del señor Brito, que no empezó cuando se puso en huelga de hambre “porque estaba loco/defendía la propiedad privada”, sino que tiene su origen en su enfrentamiento con nuestra Chevron: La Corporación Venezolana de Guayana (CVG).

El correo se los copio a continuación. Allí podrán constatar cómo, desde el 2001, el productor agropecuario denunció un proyecto millonario de fumigación de poca utilidad entre la Alcaldía del Municipio Sucre del Estado Bolívar y la CVG. Brito denunció el mal manejo de recursos y logró detener el proyecto, lo cual no cayó muy bien al Alcalde del Municipio, Juan Carlos Figarella, quien tenía intereses económicos en este proyecto inútil.

Es aquí cuando comienza la lucha de Brito contra el poder. Siguen su despido irregular del Instituto Agrario donde trabajaba (controlado por la Alcaldía de Sucre), su despido como profesor del ente donde se desempeñaba, así como el despido injustificado de su esposa. A esto se agregan las cartas agrarias y el usufructo de sus tierras por el INTI, también de manera irregular.

Esta es la genealogía del caso de Franklin Brito, algo que poco tiene que ver con la lucha entre los terratenientes y los campesinos. El gobierno, con su aplanadora comunicacional, ha logrado enmarcar el debate en esos términos, soltando sus perros de guerra comunicacionales, los sofistas útiles que reciclan discursos de la guerra fría, para evitar que veamos el caso de Brito en profundidad. Cuando lo hacemos, vemos que este productor agropecuario fue otra víctima del poder insolente, simplemente por creer que un proyecto corrupto dirigido por un Alcalde debía ser combatido y detenido. Finalmente, Brito pagó con su vida el pecado de desafiar al poder autocrático.

Les dejo la carta original a continuación:

En el museo de la ignominia quedará la justificación que realizó la Fiscal
General de la República, doctora Luisa Ortega Díaz, sobre la medida de
privación ilegítima de libertad contra Franklin Brito. Esa decisión, de
recluirlo a la fuerza en el Hospital Militar durante su huelga de hambre,
causó la radicalización del conflicto, dificultando el diálogo y apostando
por un desgaste que terminó, en última instancia, con su fallecimiento.

Como se recordará el 15 de enero del 2010 la Fiscal anunciaba, a través de
los medios estatales que el productor agropecuario padecía de “trastorno
de ideas delirantes”. La doctora Díaz se convirtió en una figura activa de
la campaña de criminalización y desprestigio, a la cual también se sumó la
Defensora del Pueblo Gabriela Ramírez, quien el 14 de diciembre del 2009
sostuvo que Brito “no reunía la mejor condición mental”. Por defender lo
que consideraba como sus derechos violentados, las máximas figuras del
llamado “Poder Moral” lo llamaban loco.

Debido al drama relacionado con sus sucesivas huelgas de hambre, con
frecuencia se olvida que la violación de la titularidad de sus tierras era
sólo un capítulo de una serie de atropellos contra este trabajador,
oriundo de Rio Caribe, que empezaron cuando tuvo el “trastorno” de
señalar, con pruebas, la inminencia de actos de corrupción en los
organismos estatales. Como consta en la comunicación que Brito dirigió a
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en junio de 2009, y en las
primeras informaciones sobre su caso ventiladas por los medios, en abril
del año 2001 el biólogo denunció que un millonario proyecto de fumigación
con agroquímicos
, contemplado por la Alcaldía del Municipio Sucre del
estado Bolívar a ser financiado por la Corporación Venezolana de Guayana
(CVG), no era la mejor alternativa para combatir las enfermedades en los
cultivos de ñame de la región. En cartas dirigidas a la Asamblea Nacional,
El Bloque Parlamentario Región Guayana y el Instituto Nacional de
Investigaciones Agrícolas (INIA), Brito alertó que de concretarse ese
proyecto constituiría un “uso inadecuado de los recursos“, pues no era
recomendable para el modelo de siembra utilizado en la zona. El INIA le
dio la razón, recomendando el uso de variedades de ñame resistentes a las
plagas como una solución más económica y ecológicamente sustentable. En
consecuencia la CVG desistió del financiamiento, desbaratando el negocio
que involucraba, entre otros funcionarios, al alcalde del municipio, Juan
Carlos Figarella.

Es aquí donde comienza el vía crucis de Franklin Brito y su familia. Como
retaliación por su denuncia, se dispararon diferentes resortes del poder
para hacerle pagar con intereses sus “ideas delirantes”. El 16 de abril
del 2001 es despedido del Instituto Autónomo Municipal de Desarrollo
Agrario (IAMDA)
, una institución dependiente de la Alcaldía del Municipio
Sucre. Paralelamente fue cesanteado en su cargo de profesor de la Unidad
Educativa Nacional “El Guarataro”
, cuya directora, Griselda Álvarez, era
prima del alcalde Figarella. Como si lo anterior no fuera suficiente,
también es botada su esposa, Elena Rodríguez de Brito, de su rol de
docente en la Escuela Integral Bolivariana “El Guarataro”
. Como parte de
este ensañamiento ocurre el otorgamiento de cartas agrarias, por parte del
Instituto Nacional de Tierras (INTI), sobre terrenos que pertenecían al
biólogo y que eliminaban la única vía de acceso a su fundo de 290
hectáreas, imposibilitándole la entrada y el trabajo en el mismo. Y es
aquí donde Franklin Brito decide la “locura” de pelear, sin descanso, por
el resarcimiento de sus derechos, en la parte de la historia cuyo
desenlace es lastimosamente conocido por todos y todas.

Ante su determinación de hacer visible las irregularidades, el Ejecutivo
Nacional asumió una estrategia incoherente. Por un lado cumplieron
parcialmente algunas de sus demandas, como bien las enumeró la postura
oficial tras el fallecimiento del huelguista, sin embargo por otro se
apostaba a la estrategia del desgaste y la difamación, para intentar
doblegarlo en su determinación. Algún día tendrá que responder por sus
actos un conductor del programa nocturno del Canal 8 que aseguraba tener
una filmación de la esposa de Brito con otro hombre; o aquellos que
manipularon y difundieron un video para intentar demostrar que Brito era
un chantajista. Su caso tenía una fácil solución si hubiese existido la
franca voluntad de dialogar y resolver el problema, sin embargo lo que
imperó fue el irrespeto, la soberbia y la intolerancia.

El error homicida del gobierno fue secuestrarlo en el hospital militar
pues obligó a Franklin a radicalizar su huelga. Cuando el gobierno intentó
retomar el diálogo el deterioro de su salud era irreversible. En ese
momento las demandas principales de Brito eran formalizar como
reparaciones materiales a daños contra su persona, las diferentes medidas
tomadas por el Ejecutivo en su caso y un pronunciamiento, a favor o en
contra, del propio presidente de la República.

En cualquier otro país la muerte de un huelguista de hambre hubiera
originado diferentes responsabilidades y renuncias.
La Fiscal General de
la República debe meditar, concienzudamente, si es pertinente su
permanencia en el cargo. En cualquier escenario, la próxima Asamblea
Nacional debe revisar con la mayor rigurosidad su informe de gestión, y
decidir si la funcionaria ha cumplido cabalmente con sus funciones, o por
el contrario debe ser removida.

Como dice el trovador peruano Daniel F en su versión del tema “De cartón
piedra” de Serrat: “Me gusta estar con locos porque me llegan al pincho
los tipos demasiado sanos, los cuerdos, esos que dicen “para que vamos a
hacer tal cosa si ya todo está perdido”. En Venezuela hay una nueva
denominación para quienes deciden no claudicar en la defensa de sus
derechos: “trastornados de ideas delirantes”.

Tomado de El Libertario.

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Votar o no votar: he allí la pregunta (parlamento a ser recitado con el cráneo de Bolívar entre las manos)

El 26 de septiembre nada va a cambiar. El 27, su vida será igual o peor (dada la deplorable situación económica de Venezuela), con la única diferencia de que verá al político que prometió defenderle y luchar por los valores que le preocupan (“la inflación”, “la inseguridad”, etc.) darle la espalda, como saliendo sigilosamente de la habitación sin hacer ruido después de contratar a una prostituta. La diferencia, claro, es que por lo menos a ella le dejan unos cuantos billetes en el mostrador.

La enfermedad de Venezuela no se cura con elecciones. El remedio no está en la sustitución de un color por otro. Los grandes dilemas del PetroEstado y sus inclinaciones al clientelismo, el populismo y la corrupción, no serán resueltos por algún Mandela venezolano. Acá, nadie va a ganar el premio Nóbel de economía por sembrar el petróleo.

PDVSA ha sido privatizada, en una movida genial que evitó el lógico malestar social que hubiese creado de ser obra de CAP o Caldera. Gracias a la politiquería de un personaje dicharachero y simpaticón, ahora los recursos de Venezuela se encuentran repartidos entre transnacionales como Chevron, Repsol y BP y un solo partido político, que representa una fracción de la población.

Dicho partido ha caído en actos fallidos preocupantes que, en un país normal, hubiesen sido motivo de escándalo. La enfermedad venezolana, manifestada como la posesión y el control *total* del poder en la sociedad, ha carcomido al chavismo, como Gollum con su anillo. Los lapsus y los faux pas están allí: “hay que limitar la libertad de expresión“, escuchamos; “la división de los poderes es un concepto burgués“, “PDVSA es roja, rojita”, “One Chot dice que es venezolano pero vive en España“. El PSUV, regordete y rozagante como cochino un viernes antes de la parrilla, se niega a manifestar lo inaceptable de estas declaraciones, porque su lealtad no es con La República, o La democracia, sino con el partido, el Presidente, el pueblo (todos estos significan lo mismo).

Es cierto que nada de esto cambiará el 26S. Pero si el PSUV logra una mayoría aplastante en el Congreso, la cruzada por el irracionalismo anticientífico de disparates que sólo buscan complacer al líder, desde el ataque a las Instituciones Culturales, las Universidades y los medios de comunicación, hasta las ridículas leyes secas en Semana Santa y prohibiciones de juegos de video, se intensificarán. Chávez dice “brinquen” y en la Asamblea aprietan los esfínteres y se propulsan para tratar de tocar el cielo con sus narices, sin preguntar por qué. El diputado que llegue más alto se gana una aduana.

La mala noticia es que si usted amanece el 27 con una Asamblea controlada por la oposición, esto tampoco significa que ellos velarán por sus intereses. Bájese de esa nube: aparte de los eslóganes convenientes y coyunturales contra la delincuencia o la inflación, usted jamás escuchará a esa gente hablando por usted, representándolo. Cuando el Titanic se hunde, las ratas no se ponen altruistas: Tratan de que las elijan a la Asamblea para así tener guardaespaldas y evitar que tiroteen a su familia. Piense en la introducción de El correcaminos: se congela la imagen y usted lee, “homo politicus venezolanus: vampirus petrolíferus”.

Observar una sesión de la Asamblea después del 26S (si es que lo permiten, no vaya a ser que estén viendo páginas pornográficas) será como asistir a las olimpiadas para retardados mentales. Una carrera de cien metros entre oligofrénicos torpes y desorientados. Lo mejor que usted puede hacer es preparase un balde de cotufas, entretenerse y gritarles, “por su show, cien bolívares”. Diviértase. Tomárselo en serio es producirse una úlcera.

Por eso, una vez hechas estas aclaratorias (pesimistas, nihilistas o como quieran llamarlas, yo las llamo realistas, y no por el Rey), ¿qué actitud podemos tomar ante las elecciones? Simplemente, la posición Avatar: el saber que la película es una mierda pero que la vamos a ver sólo por los efectos especiales. Es el voto punk, el voto revanchista. Me has jodido la vida durante estos últimos cinco años, ahora te voy a llenar la Asamblea de bichos que sólo se dedicarán a llevarte la contraria, porque quiero verte la cara.

El voto anti-arrogante, el voto contra-demolición: No sé ustedes, pero yo daría la mitad de mi sueldo por volver a ver a Chávez susurrando como niño malcriado que es una victoria de mierda. Por su show, mil bolívares. Eso, vale mi voto.

Esa escena, más el futuro prometedor de ver a Cilia Flores gritando (allí es cuando se pone más sexy y deseable) y, ¡Dios, qué voy a decir!, la posibilidad de tener otro punto de vista en la Asamblea, harán mi día de Harry el sucio. Seamos sinceros: el espectáculo actual en la Asamblea es aburrido. Es de un jalabolismo insoportable. Ya que estoy convencido de que en ese recinto no se arreglará nada (aunque claro que pueden pasar leyes para jodernos más, he allí lo divertido), pues quiero escuchar dos versiones de las cosas, no sólo una. Qué importa si la MUD propone leyes disparatadas. No será peor que la de Delitos Mediáticos. Que sea la posición de la CIA o el FMI, pues mejor: siempre quise saber qué opinaba el FMI sobre los Videojuegos violentos, o Family Guy.

La otra posición, la de los anarquistas como El Libertario, llamando a la abstención, no es que sea un suicidio, es que es aburrido. Si el PSUV domina la Asamblea, volverá a ser el salón donde se reúnen 165 babosos a discutir dónde van a almorzar con el dinero público. Sería como ver el canal de televisión ese dedicado a la pesca (“parece que va a morder… No. Esperemos”).

Además, estemos claros: La MUD está lejos de tener la igualdad de condiciones requerida en una contienda democrática. El PSUV controla el CNE y el TSJ, ha reorganizado las circunscripciones electorales y copiado el sistema proporcional de representación que le dio la victoria en el 2000 a George W. Bush, con la minoría de votos. Utiliza los recursos de PDVSA para financiarse. Utiliza los espacios públicos. En fin, nada que no sepamos.

Digamos que si la MUD saca la mayoría, no sería nada corto de un Maracanazo político. Y entre la Doctrina del Shock aplicada por Chávez con la violencia ciudadana para privatizar nuestro petróleo y reforzar la corrupción, los twitteros presos, y sus declaraciones de que el hombre nunca llegó a la Luna, un poco de entretenimiento no es mucho pedir.

Chávez no va a salir del poder el 26S. Los atropellos se seguirán cometiendo, simplemente porque el PSUV controla todas las instituciones. El pueblo venezolano está más ensartado que Sasha Grey. Así que pedir ver a Chávez quejándose otra vez de las “victorias de mierda”, seguido de Cilia Flores, Dario Vivas et al., gritando y corriendo en la Asamblea como cucarachas ante el gallo “de la invasión gringa”, hasta los opositores tratando de pensar e hilvanar alguna idea coherente; me parece suficiente entretenimiento que pedir por un voto.

¿O acaso nunca vieron el capítulo ese de Corky donde él trata de hacer Surf? No es maldad, pero eso era para desternillarse de la risa. Y ver a políticos venezolanos tratando de legislar “democráticamente” y “llegar a un consenso” equivale a ver a nuestro trisonómico favorito balanceándose en una playa de Hawaii. Es entretenimiento garantizado. En este mundo, reírse es de las pocas gratificaciones a las cuales podemos aspirar.

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los anarquistas frente a las elecciones

La gente de El Libertario, vocero de los movimientos ácratas de Venezuela, acaba de sacar su nueva revista (Nº60), de circulación y descarga gratuita. Contiene su visión sobre las elecciones y su postura ante el 26-S. Esta semana estaremos intentando reflexionar sobre las posibilidades y alternativas de estos “comicios”, por lo cual el editorial de los anarquistas sirve de excelente contextualizador.

“El discurso del presidente ecuatoriano Rafael Correa, en el marco de las
celebraciones del 5 de julio en Caracas, permite aclarar un poco más el
papel de los gobiernos autodenominados “progresistas” en América Latina.
En su alocución, el primer mandatario atacó a las organizaciones sociales
de su país que conservan autonomía y capacidad de convocatoria:
ecologistas e indígenas, quienes sin eufemismos han caracterizado como
neoliberal y capitalista la continuación del modelo desarrollista basado
en la exportación de hidrocarburos: “Quieren impedirnos extraer nuestros
recursos, no nos sirve ser mendigos y estar sentados en un saco de oro”.
Correa expresó con claridad quienes constituían la principal amenaza para
el tipo de gobernabilidad que representaba: “El mayor peligro para los
socialistas no son los escuálidos ni los pitiyanquis (…) son los que
toman nuestras banderas y con infantilismo ridículo toman nuestros
discursos y le hacen daño. Hay que estar atentos con el izquierdismo
infantil del todo o nada que es el mejor aliado del estatus quo”.

El modus operandi de la “revolución ciudadana” tiene parentescos con los
procesos adelantados tanto en Bolivia como en Venezuela. Las expectativas
generadas por la elección de un presidente indígena en el país del
Altiplano, se han venido desinflando debido a la continuación de políticas
extractivistas, acuerdos con las compañías trasnacionales y la
subordinación de las aspiraciones de mujeres, indígenas y ecologistas a
los denominados “grandes asuntos de interés nacional”. Desde Caracas, por
su parte, se ha revertido el proceso de nacionalización de la industria
petrolera tras el establecimiento, por la vía de los hechos, de empresas
de capital mixto en donde compañías como Chevron, Repsol y BP son socias
del Estado venezolano. No es casual que esta subordinación al mercado
planetario energético, en tiempos de globalización, ocurra a través de
líderes carismáticos y de retórica izquierdista en países cuyas sociedades
demostraron significativa capacidad de resistencia y movilización contra
los programas de ajuste neoliberal en la década de los noventas.
Iniciativas que eran casi impensables quince años atrás, debido al rechazo
popular que hubieran generado, hoy puedan instrumentarse cómodamente, tras
construir un modelo de gobernabilidad basado en incorporar antiguos
sectores antisistema al engranaje estatal, con una frenética campaña
disciplinaria y de marketing para transformar en “revolucionarias”
políticas de entrega de los recursos naturales a los principales
compradores internacionales.

En este esquema, en el que conviven las apetencias de poder locales con
las bolsas de valores mundiales, Venezuela se promociona a sí misma como
vanguardia, en parte por la mayor capacidad de negociación que representa
el poseer las más grandes reservas de gas y petróleo de la región. Sin
embargo, a diferencia de sus pares, la jefatura del “Socialismo del siglo
XXI” tiene como soporte a los movimientos sociales más débiles e
institucionalizados del continente. La ausencia de un discurso e
historicidad propia, la repetición de la cultura política adeca, la
sustitución de los lazos de solidaridad horizontal por la fidelidad
incontestable con la cúspide del poder así como la electoralización de sus
agendas de movilización, forman parte del desierto movimientista creado
tras una década de gobierno bolivariano. Es por ello que los ingredientes
de la receta exitosa durante la década se repiten en la proximidad del 26
de septiembre, en donde las aspiraciones y exigencias populares deben
hipotecarse al día después de las urnas electorales. Sin embargo, los
tiempos no son los mismos. Todas las evidencias reflejan el progresivo
desgaste de la hegemonía bolivariana. Y este descontento, cosa muy
significativa, no está acarreando agua al molino de los partidos y
tendencias desplazadas del poder en 1998.

Si algo hemos aprendido de los últimos años es que las verdaderas
transformaciones no surgen por decreto, por mágicas sustituciones de
nombre o por el altruismo de caudillos o líderes providenciales. Los
cambios, profundos y auténticos, surgirán por la cultura y beligerancia
generada desde las iniciativas sociales y populares autónomas, de base e
independientes. No son los votos los que acabaran con la pobreza y las
injusticias, sino nuestro hermanamiento desde los conflictos en los que
participemos y el apoyo con todos y cada uno con los sectores en lucha por
la dignidad humana. L@s anarquistas, y muchos otros y otras, sabemos que
nuestro puesto no es la Asamblea Nacional ni el Palacio de Miraflores.
Nuestro lugar se encuentra junto a los trabajadores tercerizados y
precarios del país, los indígenas que pelean por sus tierras, los
familiares de las víctimas de abuso policial, las organizaciones de
derechos humanos, los artistas que no venden su arte ni al mercado ni al
Estado, los presos y presas por protestar y las minorías sexuales”.

Unos tipos que están claros.

Descarguen el resto de la revista El Libertario, acá.

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La insoportable levedad de ser un elector, no un ciudadano

¿Se puede discutir el tema de la inseguridad en Venezuela sin ser manipulados políticamente por los dos bandos, gobierno y oposición? ¿Se puede emplazar al Ejecutivo sobre este flagelo que desangra al país, sin ser acusado de apoyar la portada de El Nacional? ¿Se puede realizar una crítica seria al periodismo venezolano, tomando en cuenta su ética y su deontología, sin ser visto como un elemento más en la maquinaria propagandística de La Hojilla?

¿No tenemos derecho, como ciudadanos, a exigir un debate responsable en torno a la inseguridad que vaya más allá de las ramplonas promesas electoraleras de “acabar con la delincuencia en 20 años“? ¿Podemos pedir un análisis estructural de la violencia que involucre sociólogos, criminólogos y expertos en el área, que sobrepase las afirmaciones lapidarias y absurdas según las cuales todos los delincuentes nacieron “en el gobierno anterior“? ¿Existe un espacio público donde los ciudadanos puedan ventilar su frustración ante los gobernantes electos sin que sean automáticamente asociados a los elementos más conservadores y disociados de la oposición radical?

¿Cómo avanzar argumentos sin que los políticos de oposición se los apropien para nutrir su cruzada electoral? ¿Cómo separarse del bloque que sólo busca movilizar a la gente con miedo y pánico para que respondan a sus intereses conductistas de pulsar un botón el 26-S? ¿Existe alguna forma de proponer una crítica seria a los medios sin que esto conlleve a que el fascismo retrógrada imponga más censura, más leyes para “limitar la libertad de expresión” (de los otros), más control sobre la vida privada del ciudadano?

¿Qué canales le quedan a los ciudadanos independientes que buscan una explicación razonable sobre los alimentos descompuestos que vaya más allá del eslogan electoral de la oposición o la negación sistemática y psicótica del gobierno? ¿No existen espacios neutros para los que queremos discutir la independencia de poderes sin ser asociados a la “desestabilización” histérica? ¿No podemos denunciar lo nefasto, autocrático e inadmisible de que un Presidente ordene encarcelar gente por televisión y aparezcan leyes y argumentos irrisorios para ejecutar esta “orden”? ¿Dónde podemos discutir esto de manera racional sin ser acusados de defender los intereses del F.M.I? ¿No existe espacio para justamente discutir la injerencia del F.M.I. con datos y afirmaciones que vayan más allá de las fantasías sobre la dominación mundial por parte de una secta de ultraricos? ¿Cómo hacen los que quieren discutir seriamente la política internacional de los Estados Unidos, para separarse de los insultos bobos, este es un “diablo”, el otro es un “imperialista”?

La máquina electoral se ha puesto en marcha. El buldózer que aplasta todo argumento que lo frena en su carrera hacia el 26-S se nos viene encima estrepitosamente. No piense, pulse el botón y reclame su chupeta sabor a frutas en la salida. Gracias por jugar, nos vemos en el 2012.

La política es Godzila.

Tu cerebro es Tokio.

Q.E.P.D.

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pueblo y niños (qué es el pueblo, parte III)

Cuando observamos el uso de la palabra “pueblo” en el contexto artístico, educativo y social, empezamos a entender qué concepto maneja el gobierno de la palabra. Detrás de toda discusión que involucre “al pueblo”, el gobierno pretende perfilarse como el gran protector de ese “pueblo”, como un padre protege a sus hijos.

Pero tal “protección” no se restringe a la garantía de acceso democrático a las instituciones sociales de las cuales fuese, cuestionablemente o no, excluido “el pueblo” durante “la cuarta República”. Porque de lo que se trata no es de apoyar a dicho “pueblo” en la conquista de espacios que “los representen”, como pudiese ser la creación de centros culturales alternativos. Al contrario, la acción más directa busca la destrucción del legado artístico, porque no representa al pueblo, es más, se dedica a engañarlo, deformarlo y pervertirlo.

No se busca la coexistencia pacífica y democrática del arte supuestamente “burgués” y el arte supuestamente “popular”, no. Se busca la destrucción completa del primero, la sustitución de “lo burgués” por “lo popular”. Según esta lectura, el arte “burgués”, no es que no le interese al pueblo, es que lo amenaza y debe ser arrasado. ¿Cómo se justifica esta cruzada?

La visión que se avanza de “el pueblo” es, entonces, una visión puritana y naturalista. Es Rousseau en El buen salvaje. Es decir, “el pueblo” nace ingenuo, limpio, lleno de ideas solidarias y bonitas. En estado embrionario, estos párvulos son incapaces de maldad. Sin embargo, se encuentran presos en una sociedad que vehicula valores “europeos” o “burgueses”; en todo caso, “no venezolanos”, que pervierten al pueblo, le instauran valores consumistas y lo convencen de que Wagner es su música. De allí que tenga que intervenir un gobierno preclaro para reducir a polvo al Ballet del Teresa Carreño, como una madre que cubre los ojos de un niño cuando este ve la portada de la última revista Playboy en un kiosco.

En el gobierno actual, la intención paternalista y protectora queda clara. Es por eso que la idea de “los niños” y “proteger a los niños” se mimetiza a través de toda la sociedad y brota por los poros de los entes represivos. Cuando usted escucha la palabra “niño”, no se engañe, están hablando de usted. No de usted hoy en día: acá niño equivale a su estado primitivo y puro, aquél que debemos reinstaurar para acceder a la felicidad máxima en la tierra.

A “los niños” de Venezuela se les debe proteger de una sinfonía vienesa, del perro que habla en Family Guy, de los videojuegos, de las radios que denuncian a Diosdado Cabello y de las portadas de los periódicos. Según esto, “el pueblo” tiene el nivel analítico de un preadolescente: incapaz de escoger qué música le gusta o de entender que un dibujo animado tal vez no sea la mejor fuente para construir sus valores.

En el libro Canciones de inocencia y canciones de experiencia del poeta del pueblo (aunque no éste, claro está) William Blake, él retrata ese paso de “inocente” niño a “adulto experimentado”. Por supuesto que ese es un libro en verso, pero permite entender las acciones reaccionarias del gobierno y su búsqueda de reactivar esos valores infantiles, supuestamente “puros”. Este uso de la palabra “pueblo” como “párvulo inocente” nos hace entender, en gran medida, el proyecto involutivo planteado.

Lo que se propone no es una revolución, es una involución. Un regreso al estado de Buen Salvaje de la mano del Pater Familias protector que decidirá lo que conviene a la salud y al equilibrio de sus hijos en cada ocasión.

Vínculos:
La revolución cultural (qué es el pueblo, parte I)

Arte y pueblo (qué es el pueblo, parte II)

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el twitterodio de Andrés Izarra

¿Si Pol Pot hubiese tenido Twitter, qué hubiese escrito?

Pregúntenle a Andrés Izarra.


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Arte y pueblo (qué es el pueblo, parte II)

Acá intentaremos prolongar las ideas esbozadas en nuestro primer texto, “la revolución cultural”, para tratar de entender el uso de la palabra “pueblo” por parte de la retórica chavista al circunscribirlo a sus prácticas específicas. Así, podremos comprender los valores, creencias y visión de mundo que se desprenden del vocablo.

Parte II: arte y pueblo
El discurso de la “opresión” y de la “emancipación” del pueblo a través de la “revolución” busca subvertir las bases de los valores vehiculados por un sistema de exclusión conocido como “la cuarta República”. Según esta visión, el “pueblo” pasivo, sufrió la imposición de las manifestaciones artísticas de una cúpula poderosa, sin jamás poder expresarse.

Partiendo de ese supuesto negado, la “revolución” no propone nuevos criterios de selección en la asignación artística sino que procede al desmantelamiento sistemático y sostenido de todo reducto de creadores: desde el asalto al Teresa Carreño y el recorte de subsidios a grupos actorales, hasta el cierre de la Fundación para la Cultura Urbana.

¿Cómo se justifica la acción destructora a través del discurso “emancipador”, que prometía no la violencia, sino la coexistencia y la apertura de espacios para todos? La respuesta es simple: con la negación de toda manifestación de pueblo en las instituciones arrasadas. Es decir, suponiendo que toda acción llevada a cabo por esos centros culturales no era sino la manifestación de la opresión y por tanto debía reducirse a la nada.

Esto es, la producción de Shakespeare en el Teatro Nacional o la ejecución de una sinfonía de Mahler en el Teresa Carreño lo único que hacían era alienar a la población y hacerlos abrazar “valores europeos” o “elitistas” (por supuesto que el hecho de que propuestas como el Vals o el Jazz hayan salido del “pueblo más bajo” de la época es algo que no se menciona).

Basta con escuchar la violencia con la cual se han referido a estos centros para entenderlo. Porque esa es la realidad: los escuchamos o los vemos actuar, clausurando Fundaciones y regodeándose en el uso del poder peor que Gollum, y nos da la impresión de que están luchando contra un ente maléfico. Es como si el Ballet del Teresa Carreño hubiese forzado “al pueblo” a ver el Lago de los cisnes, fusilando a quien se riera. Pareciera que la Fundación para la Cultura Urbana hubiese instalado altavoces en los barrios para leer traducciones de Proust a todo volumen y tratar de convencer a las doñas de que es mejor comerse una Madelaine que una arepa en las mañanas. Imaginamos al “pueblo” torturado, tapándose las orejas y en retirada, para ir a refugiarse en alguna playa de Barlovento y tocar tambor. Y ¡menos mal que tocaron tambor! Porque si no, “el pueblo” hubiese perdido este legado ante la invasión neocolonial cultural imperialista (orquestada por Bethoveen y Eduardo Marturet, suponemos).

Es por eso que afirmamos que la palabra “pueblo”, en el sentido artístico se utiliza para descalificar y acentuar cuotas de poder. No existe “un arte del pueblo” y otro, que puedan coexistir. No. Todo “arte” que no es producido por y para “el pueblo” es maléfico, símbolo de desestabilización y de capitalismo occidental (sí, incluyendo El avaro de Molière –no pregunten). “El pueblo”, utilizado en el contexto artístico, se ha utilizado para reprimir manifestaciones artísticas y culturales. También se ha utilizado para promover una visión denigrante y simplista del arte hecho por los pobres, pero este arte está condenado a abrazar la mediocridad, la falta de técnica y de estudio, a menos que quiera ser acusado de “elitista”. Arte ingenuo, sí; arte ingenuo estudiado en un postgrado de Austria, no.

Entonces, no estamos ante una inversión de valores o un cambio de valores, fenómeno característico de toda revolución cultural. Estamos ante la utilización arbitraria de la palabra “pueblo” para justificar, (1) el insulto o, mínimo, la sorna y la burla por su “desconexión con el pueblo” de aquél que prefiera escuchar Wagner que Las sardinas de Naiguatá un sábado por la tarde y (2) la utilización desmedida, unilateral y autoritaria del poder contra diferentes centros de creación hasta llegar a su desaparición o clausura, en algunos casos.

Este ensañamiento y persecución están motivados políticamente, ya que son injustificables desde el punto de vista artístico/cultural, o histórico.

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La revolución cultural (qué es el pueblo, parte I)

Un término fundamental para los gobiernos, utilizado hasta el cansancio por la retórica chavista de Venezuela, es “el pueblo”. Esta palabra supone la máxima legitimidad democrática y enarbola ideas de justicia e igualdad. Por otro lado, se distingue extrañamente de la noción de “ciudadano”, palabra que parece haber quedado en desuso. Así que, hagamos la pregunta, ¿qué significa “el pueblo”? Proponemos entonces estudiar los valores que se desprenden del uso de la palabra para entender mejor sus implicaciones.

Parte I: La revolución cultural
Toda “revolución” implica un cuestionamiento de los valores heredados para inscribirlos en una visión (Zeitgeist) actualizada. Sin embargo, dicho cuestionamiento no implica de manera obligada la lógica de la destrucción y la tabula rasa. Cuando Luc Goddard “revolucionó” el cine e impuso la Nouvelle vague, no lo hizo despreciando todo el cine anterior, lo hizo proponiendo una nueva estética y técnica narrativa.

En Venezuela, la “revolución cultural” se utiliza para justificar un desplazamiento en las relaciones de poder de los decididores y legitimadores que definen los lineamientos de “la cultura”. Sin embargo, aparte de esta subversión del statu quo, se añade la calificación peyorativa a la historia cultural contemporánea. La “revolución cultural” no es una cuestión de gusto, como puede serlo el free jazz ante el beebop; no, la “revolución cultural” significa justicia e igualdad. Justicia, en el sentido de que los excluidos de la cultura (sin que se haga un cuestionamiento sobre dicha exclusión) ahora tendrán un acceso irrestricto a las formas de producción cultural. Igualdad, porque ahora la cultura es de todos (excepto, claro, de aquellos que nos negaron el acceso a la cultura en primer lugar).

Cualquier “revolución” hubiese procedido al cuestionamiento de los procedimientos de atribución de capital cultural y probablemente hubiese propuesto formas más “democráticas” para que, los artistas excluidos (más no todo el pueblo) fuesen apoyados en sus trabajos. En cambio, el silogismo absurdo que aplicamos en Venezuela afirma que, puesto que “la cultura” de la IV República era excluyente, lo mejor es evitar toda exclusión: Cultura para todos. Vemos entonces que no hay un cuestionamiento de los procedimientos para hacer esa “cultura excluyente” menos excluyente, lo que hay es la eliminación de todo procedimiento de selección (otro tanto puede decirse de las Universidades).

De esta manera, es ahora todo el pueblo el que tiene “acceso” a la “cultura” y es por ello que toda iniciativa anterior debe ser satanizada ya que era el instrumento de la opresión del pueblo por (inserte aquí su villano anti-pueblo favorito). Ya que no hubo ningún cuestionamiento de los criterios de selección culturales anteriores -lo cual hubiese arrojado un balance de decisiones acertadas, cuestionables y erradas-, lo que se hace es discriminar, de manera generalizada, toda producción cultural anterior, ya que representa esa misma opresión. ¿Usted montó un Festival de Teatro? Poco importa, usted fue un instrumento de la opresión oligarca. ¿Ganó un premio de literatura? Usted era un elitista. ¿Trabajó en una orquesta? Era un bufón de la corte de los ricos, y así sucesivamente.

Es irónico que, so pretexto de luchar contra la opresión, se oprima a quienes fueron, durante décadas, los mejores embajadores culturales que pudo tener Venezuela. No creo que, en aras de la justicia y la igualdad, deba oprimirse a un grupo de personas y hacerlo de la manera más revanchista y destructora posible. Luchar contra las relaciones de poder y las formas de acceso a la cultura se logra a través de un cuestionamiento serio de los procedimientos de selección y adjudicación de proyectos culturales, y para dicha reflexión es necesario convocar a la gente experta en el área y construir. Pero el hecho de que un militar decida de manera vertical aberraciones como que la Fundación de la Cultura Urbana debe ser clausurada debido al origen de su financiamiento es como decir que usted debe ser botado de su trabajo porque su jefe fue al Casino ayer y le pagará el sueldo con ese dinero.

Este es sólo un ejemplo y una parte de lo que estaremos conversando por acá (continuará)…

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retórica republicana en Venezuela

Estimados fans de Samuel Beckett y Lewis Carroll: para este período vacacional, les regalamos una dosis de absurdo, cortesía del partido Conservador Republicano de los EE.UU. y del partido autocrático militar reaccionario de Venezuela. Esperamos hayan podido seguir a los voceros de la lobotomía argumentativa que son los gringos Glenn Beck, Rush Limbaugh y O’Reilly. En caso de que se hayan perdido los episodios entre estas orugas fumadoras de narguilé y la opinión pública, acá reproduciremos algunas de las afirmaciones más divertidas y sus versiones tropicales, cortesía del PSUV. Busquen las cotufas…

1. Glenn Beck y F. Hayek: El animador de Fox News, conocido por afirmar que Obama era racista (entre otros disparates), logró destronar a Stieg Larsson de la lista de Best-sellers de Amazon al recomendar “El camino a la servidumbre“, de Hayek, como “remedio contra el socialismo”. Sin embargo, los expertos afirman que Hayek estaría horrorizado con las políticas del partido republicano, con Fox News y el gobierno de Bush (pero este detalle jamás fue mencionado por Beck).

1.b. Versión tropicalia: Hace un año más o menos, el señor Chávez creó una sensación en ventas al regalar el libro, “Las venas abiertas…” del uruguayo Eduardo Galeano, al Presidente Obama. Igual que Beck, el hecho de que Galeano haya retirado su apoyo a Cuba hace años (y haya sido insultado por ello) jamás será mencionado por Chávez.

      2. La negación de la responsabilidad. El absurdo de la matriz de opinión republicana alcanza la cima cuando se trata de discutir la guerra en Irak o la debacle económica de los EE.UU. y asumir responsabilidad. Uno de mis orates favoritos, John McCain, afirmó este mes que “ya ganamos la guerra en Irak“. Sí, Johnny, y la tierra es plana. La otra versión, igual de psicotrópica, afirma que la guerra en Irak fue planeada por… ¡Bill Clinton! No, no, en serio. Si quieren reírse y entienden inglés, *tienen que ver este video*. El 11 de septiembre fue culpa de… ¡Clinton! La debacle económica… A ver… ¿Clinton? ¡Bingo!

      2.b. Versión tropicalia: Aquí tenemos para escoger. Al final, todos sabemos que *nada* es culpa de Chávez. Cómico, ¿no? Un tipo que llegó a la presidencia en gran medida porque fue el único que reconoció su responsabilidad en el golpe de Estado que condujo, hoy en día no es capaz siquiera de reconocer sus errores en anti-política energética. Los apagones son culpa de Clinton, perdón, de “la Cuarta República”; la estanfación predicha hace *años* hasta en blogs, es culpa del “capitalismo” o de la “transición hacia el socialismo” o cualquier otro invento sacado de Esperando a Godot.

      De igual manera, si usted ve Fox News se dará cuenta de que *nada* fue culpa de George W. Bush. Las responsabilidades se reparten entre Obama y Clinton. De hecho, según Limbaugh, el adulterio del gobernador Mark Sanford, ¡es culpa de Obama! ¿La deuda de los EE.UU.? Culpa de Obama (Beck). ¿Los que dividen al país? No son los comentarios racistas y llenos de odio de Fox News o el PSUV; son culpa del otro partido (Beck).

      En fin, podría seguir un buen rato, pero el absurdo tiene sus límites. Si extendemos el análisis, podemos entender por qué es fundamental que el PSUV controle la Asamblea Nacional. ¿Qué sucedió cuando llegaron los demócratas al Congreso de EE.UU? Defenestraron a Alberto Gonzales. ¿Recuerdan a Gonzales? ¿El que inventó que los talibanes no eran presos de guerra? Fue depuesto por colocar fichas a dedo. La versión venezolana de Gonzales debe estar temblando. Sí, es contigo, Luisa Ortega Díaz: la que reescribe la “libertad de expresión” como Gonzales la reescribió en el nefasto Acto Patriota. Tampoco te salvas, Cilia Flores, la que colocó a dedo a la mitad de su familia en la Asamblea Nacional.

      Tienen razón: tienen suerte de que no estén en Estados Unidos donde serían la vergüenza nacional. De todos modos, igual que las empresas que controlan el poder allá, se copiaron la artimaña de Bush para ser electo Presidente por encima de Gore, aunque W sacó menos votos. ¿No, Jackie Farías?

      La misma autocracia, la misma postura discriminadora, los mismos valores retrógrados y reaccionarios, se encuentran en ambos países.

        Posted in juegos de lenguaje, personas que deberíamos apedrear si fuéramos islamistas radicales, tautologías y contradicciones | Tagged , , , | 4 Comments