Cómo estafar a los escritores: Editoriales de las que hay que cuidarse (parte 2)

Última parte de esta tragi-comedia. ¿Con qué casa editorial quieres publicar? Esta pregunta es pertinente, sobre todo porque la “casa editorial” es a veces un negocio redondo para estafadores de todo tipo.

No vamos a hablar del vía crucis que puede ser el tratar de ser publicado. Hay muchas páginas con recomendaciones y consejos a seguir; en lo particular creo que no hay que fiarse de todo eso y tratar de ser creativo a la hora de abordar las odiosas casas editoriales. Odiosas, porque al 80% de ellas no les interesa lo que escribes ni lo que intentas hacer. Para ellos es un ‘negocio’ (algo comprensible, dirán) lo que conlleva a que muchas veces les sepa a mierda lo que el escritor intenta modestamente hacer. Están prevenidos.

Sin embargo, vayamos al caso. Mandando manuscritos a casas editoriales francesas como si fuera Lenín bombardeando Moscú con ejemplares del periódico Iskra, me topé con la editorial ‘Bénévent’, en Niza. Me escribieron diciendo que les interesaba mi trabajo y que de pronto llegábamos a un acuerdo. Como eso es lo que dicen todas las editoriales, me senté a fumar y esperar, sin ninguna expectativa.

Un mes después, no me llega una carta de Bénévent, no; me llega un contrato completo en el correo. ‘Qué raro -pensé-, esta no es la forma normal en que se procede’. En fin, abrí otra botella de vino y me senté a leer un mamotreto inmenso con catálogos y publicidades de la casa editorial (raro).

Después de la típica carta dirigida al ego del escritor (usted es buenísimo, qué increíble, y demás eufemismos), se me explica que, -o, sorpresa-, la casa editorial no ‘puede’ correr con el ‘riesgo financiero’ por si sola, porque (1) ellos ayudan a escritores desconocidos, (2) su trabajo es genial (según la carta), pero (3) no van a invertir ni un céntimo en su trabajo. Vaya descaro y contradicción.

Después de ofrecer una cantidad de ‘servicios’ editoriales sobrepreciados (corrección, creación de la maqueta del libro, montaje de fotos, etc.), me dicen que mi ‘contribución’ será de (¡ja!) tres mil cuatrocientos cincuenta euros (€ 3.450).

No me voy a poner a quejarme ni nostálgico, pero para que el lector tenga un punto de referencia, el año pasado, en todo el año, mi ingreso fue de poco más de cuatro mil euros. O sea, que para aquellos que creen que en Europa ‘se hace plata’, permítanme corregirles: tres mil cuatrocientos euros es mucho dinero, en Francia, Argentina o Venezuela.

Amén del hecho de que uno sea idiota o lo suficientemente rico para derrochar dinero de esa manera, una búsqueda en internet que combine las palabras ‘Bénévent’, ‘foro de discusión’ y ‘timadores ladrones estafa’ o cualquier otro adjetivo que se quiera, arroja interesantes resultados.

Uno aprende rápidamente que ‘Bénévent’ no es más que una casa de estafadores. El autor corre con la inversión completa de la edición, y luego su libro desaparece. Es decir, no se consigue en ninguna librería. Ellos no lo distribuyen. Para qué, si ya te robaron a ti. Ellos ofrecen el ‘catálogo’ de sus libros a tiendas como la Fnac (la Tower books europea) y la Fnac, lógicamente, no pide ningún libro porque (1) son autores desconocidos y porque (2) todo el mundo conoce a la casa editorial como ladrones. Su libro nunca verá la luz del día.

Esto, aunado a otras denuncias según las cuales un tipo se autopromocionó y vendió algunos ejemplares (entre sus amigos, etc.), y al final no le pagaron nada, refuerza la sentencia. Para este francés, no hubo el 10% de royalty prometido ni ningún control sobre la cantidad de ejemplares vendidos.

El tema surge porque esta semana me llegó un correo electrónico de la ‘Bénévent’. Como simplemente boté su carpeta y rompí el contrato in situ, me preguntaron por qué no quería ‘trabajar’ con ellos. Que si mi colaboración me parecía ‘excesiva’, podíamos llegar a un acuerdo. ‘pague solamente mil quinientos euros’, concluían los estafadores.

¿Cuál es la recomendación? Repito, como en la entrada anterior: Un escritor que se precia no paga nada para que lo publiquen. Publicar es un negocio ridículo y estrafalario que poco tiene que ver con escribir. Sí, he tenido la suerte y el tino de poder publicar, pero eso no significa nada. Conozco excelentes autores que llevan cuatro o cinco novelas engavetadas, ninguna publicada, cuando son, a todas luces, mejores que yo.

Si se quiere escribir, lo mejor es centrarse en la escritura. En hacer un buen trabajo. Nunca pienso en qué hacer después de que el libro está listo. ‘Caracas cruzada’, pensé que nunca se publicaría. Sin embargo, es un libro que me encanta, cuyo valor es el texto, no el hecho de que se haya publicado. Por supuesto que el escritor ‘espera’ o ‘sueña’ con que su trabajo pueda ser publicado, pero esto no debe ser nunca motivo ni gasolina para escribir.

La gente como ‘Bénévent’ juega con esta confusión. Apelan al ego del escritor, aquél según el cual si no publicas tu trabajo es ‘malo’ o ‘no sirve’. Es un argumento que no entiendo cuando veo escritores que admiro (Miller, Joyce, Baudelaire, Proust, etc.), ya que todos fueron rechazados por editoriales.

No sé qué clase de escritor tiene la autoestima tan baja como para aceptar que, aparte de perder años de su vida escribiendo una novela, tiene que pagar para publicarla. Si se quiere pagar, es mejor auto publicar, guardar todos los derechos de su trabajo y hacer la distribución uno mismo. Esto lo hice con mi primera novela, garantizando que estuviese en venta donde yo quería y no siendo robado por gentuza como ‘Bénévent’.

Creo que hay que ser categórico con esta gente. Yo les respondí explicando que publicar en Francia me sabe a mierda. Que el libro es excelente, yo lo sé, y no necesito que nadie me publique para saberlo. Que si las editoriales no se arriesgaban a invertir en mi libro, es su problema, no el mío. Si quieren privarse de mi trabajo, perfecto. No lo leerán, nunca. Me lo llevo a la tumba. Lo quemo. Lo entierro conmigo, y nadie lo va a leer. Que se jodan. Pero querer robarme mi trabajo, o querer que yo pague a terceros por hacer plata a costillas de mi libro, es demasiado.

Ese es mi consejo, aunque puede sonar pretencioso ya que como he publicado antes, supongo que no tengo nada que perder. Pero repito, no hay que traicionar su trabajo. Si se cree en el texto, el texto se publica él mismo. No hay que ir pidiendo favores, dando plata, o acostándose con tal o cuál; ¿no es eso traicionar su propio libro? ¿No es eso aceptar que se cree que el texto es una mierda? ¿Qué clase de escritor hace esto?

Están prevenidos.

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4 Responses to “Cómo estafar a los escritores: Editoriales de las que hay que cuidarse (parte 2)”

  1. Paul says:

    Y cuales seran las editoras que uno se pueden confiar

  2. Paul says:

    Y cuales seran las editoras que uno se pueden confiar para poder publicar

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