Manual de la excusa y la corrupción

ropeEstimado lector: si usted algún día se encuentra perdido en la América profunda y ve una turba de rednecks proponiendo linchar negros, no se preocupe. Los científicos de Krisis co. han elaborado un manual de supervivencia para este tipo de situaciones que lo sacará de apuros. Presentamos al mercado el método “ku-klux-klan survival” y su lema: “mataron al negro bembón” (C.D. de Maelo incluido).

Lo primero que tiene que quedarle claro es que discutir no sirve de nada. Usted está en el mid-West: acá se lincha desde el protagonista de la novela de Phillip Roth, “La mancha humana” pa’bajo, sin excepciones.

Así que, Ave Cesar, morituri te salutant, la única solución que le queda es convencer a la turba de que hay alguien *más negro*, más merecedor de la muerte, que Usted. No tiemble: coja su tridente y su antorcha, grite algo racista y marche directo a la casa del moreno-más-moreno-que-Usted, más cercana (la empresa Krisis co. no admite reembolsos, dicho sea de paso, ni asume costos funerarios).

Fíjese que esta técnica tiene múltiples aplicaciones. Si usted es un burgués blanco en medio de la revolución bolchevique y teme que le puedan acusar de “explotar al pueblo”, simplemente inscríbase en un Comité de educación de las masas y pase a explicar lo que es “la conciencia de clase” a los obreros. Acto seguido, señale a un explotador –el dueño de una fábrica de la competencia, por ejemplo-, y ¡zas!, ya usted no es un “explotador”, es un “revolucionario”. ¿Cómo va a ser usted un explotador, por Dios, después de todas esas horas explicándole Gramsci a los pobres? No, usted es un héroe, usted es Pol Pot regresando de estudiar en La Sorbona de París y mandando a matar a todos los intelectuales con estudios en el exterior.

O digamos que usted es un adeco en Venezuela, circa 1998, viendo una propaganda electoral por televisión que amenaza con freírle la cabeza en aceite de cochino. Pues nada: salga corriendo al Comité del partido más cercano y hable pestes de Morales Bello y Lusinchi. Cuando alguien le pregunte qué hizo usted todos esos años o cómo consiguió trabajar en el Ministerio X si sólo aceptaban gente con el carné del partido, grite algo sobre los jeeps de Ciliberto. ¿Y la foto de Usted con Blanca Ibáñez? ¡Piñerúa, Piñerúa!, chille a gañote tendido.

Recuerde, querido compatriota: Usted no es un corrupto, porque hay alguien allá arriba robando más que Usted. ¿Cómo va a ser Usted un jalabolas, si lo único que hizo fue regalarle una botella de güisqui al encargado de asignar los proyectos? ¡Una miserable botella de güisqui! Jalabolas es el señor X, que le pagó un viaje a Las Vegas a dicho encargado, con putas y perico incluido. ¡Qué insulto!

Usted es un hombre digno, que sólo le pasa la factura a la empresa del almuerzo con los amigotes en la Tasca de La Candelaria una vez al mes; no como el señor X, que tiene una línea de crédito en el Diva’s a nombre de la compañía.

Lástima que no haya más venezolanos dignos como Usted. Porque en un país lleno de corruptos, adúlteros e inmorales como ellos, ¿cómo es posible avanzar?

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una excelente estrategia para combatir los apagones

ideaReuters, efe. El gobierno bolivariano de Venezuela acaba de dar un paso gigantesco hacia la soberanía energética al lograr emanciparse de “la dictadura de Edison”, como explicó el Ministro Jesse Chacón a los reporteros de Krisis, co.

“Todo el mundo sabe que es imposible, con un territorio de apenas 912 mil kilómetros cuadrados y tan pocos recursos naturales, garantizar el suministro eléctrico a 30 millones de personas” -explicó-. “La ciencia, una empresa netamente burguesa al servicio de la oligarquía, no resolverá jamás estos dilemas de democratización energética porque les conviene mantener al pueblo desconctado, desenchufado, mientras ellos disfrutan de sus aparatos bronceadores ultravioleta y demás sifrinerías asquerosas” -remató airadamente, con un puño levantado al aire, gesto que nadie supo muy bien qué significaba.

El ministro pasó a esbozar su plan de soberanía energética, que consiste en destinar los escasos dólares Cadivi a la adquisición de teléfonos celulares. El plan “Barrio-berry adentro” otorgará a cada venezolano un teléfono móvil repleto de funciones esenciales, desde linterna hasta brújula. “¿Para qué quieren más luz?” -interrogó el Ministro del P.P. para Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias-. “Eso es monopolio y consumo excesivo. ¿La familia va a cenar? ¡Zas! ¡Cuatro Blackberrys encendidos en medio de la mesa! No sólo resolvemos el problema de la electricidad, sino que damos acceso al romanticismo a nuestros ciudadanos. Esto nos ayudará a combatir la violencia: nuestros estudios demuestran que las cenas-a-la-luz-Blackberry tienen más aceptación entre los venezolanos, quienes marcaron en una encuesta las cenas a-la-luz-de-las-velas como ‘qué mariquera es esa, yo no soy pato’. En cambio, nadie rechaza la ‘luz blackberry’, lo cual producirá ciudadanos más felices y cariñosos”.

El Ministro agregó que allí reside el futuro de la nación, la cual pasará a necesitar solamente dos horas de electricidad por día, tiempo suficiente para recargar las pilas de los teléfonos. Sin embargo, Chacón reconoció que el Blackberry, “no da pa’ todo” y que los aparatos tienen serias limitaciones. Por esta razón, el Ministerio abrirá su “Instituto vergatario” dedicado al desarrollo de aplicaciones para teléfonos móviles.

“¡Seremos una potencia mundial!” -sentenció el Ministro-. “Ya tenemos casi listo el Blackberry con batidora incorporado, ‘el batiberry’, y el año que viene saldrá el ‘tostiberry’ o blackberry tostiarepa que garantiza la soberanía alimentaria. Además, proyectamos que de acá al 2012 tendremos el ‘blackberry calentador de agua’, el ‘blackberry cine multiplex’ (para ver Zamora en los apagones) y el ‘blackberry acelerador de partículas’ que estamos desarrollando junto a los iraníes”.

De esta manera, Venezuela estará blindada ante las invasiones y los golpes de Estado gracias a la soberanía celular. Los venezolanos podrán repeler el pie insolente del extranjero, siempre y cuando sean lo suficientemente fuertes como para arrastrar el camastrón celular y sacarlo de sus casas.

“Nos adaptamos a la realidad del siglo XXI y de nuestra revolución, porque todos sabemos que en Venezuela puede que los anaqueles de Mercal estén vacíos, pero acá jamás faltarán Blackberrys” -dijo el Ministro para concluir.

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La izquierda está muerta, ¡viva la izquierda!

izquierda-girarHay poca gente más infeliz en la vida que el político que irrumpe en la pantalla del televisor con esa mirada condescendiente, de abuela que ofrece galletas y leche, para explicar a los espectadores que él o ella saben y entienden los travails de nosotros los asalariados.

Son el tipo de cosas que te hacen querer romper el aparato, es Palermo fallando tres penales y el River perdiendo, humillado.

Porque -y me van a perdonar el lenguaje a lo Maradona, y vaya qué argentino que me salió este texto-, qué coño sabe un hijodeputa que gana cuatrocientos mil euros al año sobre lo “duro” y lo “difícil” que es estirar el sueldo mínimo. En Francia, “la vaca” Segolène Royale (la vaca es su apodo, no lo inventé yo, eh) se va en una perorata llena de pathos sobre la “desigualdad” y cómo es posible que los ricos ganen tanto y todos los etcéteras que ya conocemos, y propone un “impuesto a la fortuna” para que esos desgraciados dejen de “burlarse del pueblo”. Acto seguido, los media descubren lo que todos sabemos: que Segolène Royale es uno de los políticos más ricos de Francia, que su “denuncia” era tremendo gargajo escupido pa’rriba y que el impuesto que pretende pasar afecta, en primer lugar, a “la vaca”.

Por eso es que los europeos no creen más en los partidos de izquierda tradicionales. La gente se siente estafada y manipulada y no se identifica con “la izquierda caviar” de salón, que jamás ha pisado una fábrica pero pretende que los obreros voten por ellos. En cambio, en el otro lado de la acera tenemos a la derecha sin complejos: una parranda de banqueros que dicen defender… los derechos de los banqueros. Así no se puede competir.

El partido socialista francés (P.S.) y alemán (S.P.D.) son una burla. Carecen de credibilidad, no tienen proyecto ni ideas y se dedican a gritar, como viejas cacatúas, que la derecha lo está haciendo mal, sin poder jamás atisbar, ni siquiera remotamente, una idea alternativa.

Es decir, ¿puede haber prueba más contundente de los vicios de la especulación y la usura inherentes al capitalismo que el derrumbe financiero orquestado por dos docenas de individuos? ¡Un puñado de bichitos enfluxados en un edificio de Manhattan, capaces de poner la economía mundial de rodillas!

¿Y qué hace la izquierda? Balbucea. Se esconde. No avanza análisis, ni soluciones. Entonces la gente, que no es tan estúpida como creen los políticos, deja de votar por el S.P.D. en las elecciones alemanas. ¿Existe mayor desconexión entre un partido y los ciudadanos? El S.P.D. es incapaz de articular la crisis en un discurso eficiente y termina revolcado con la menor cantidad de votos desde la guerra.

La paradoja más grande es que Francia se salvó de la crisis gracias al sistema “social y proteccionista” que Sarkozy pretendía desmontar. Es decir, el adefesio nepotista que gobierna a los galos fue salvado por las políticas que él mismo detesta. ¿Ficción? La publicación más conservadora y reaccionaria de Inglaterra, The economist, le dedicó la portada a esta paradoja y no duda en hablar de “una nueva jerarquía en Europa”, con Francia a la cabeza, seguida de Alemania y luego Inglaterra.

Sin embargo, está bien que mueran el P.S. y el S.P.D. ¿Merecen ser salvados unos partidos gobernados por dinosaurios tecnócratas desconectados de la realidad, incapaces de analizar la mayor crisis financiera de las últimas décadas? Claro que NO. La basura se echa en el basurero.

Finalmente, tenemos acceso a discursos alternativos por parte de partidos pequeños fundados por inconformes salidos de las filas de los partidos tradicionales. Porque si bien el S.P.D. sacó un número irrisorio de votos, es mentira que los alemanes votaron en masse por la derecha. Igual que en las elecciones de eurodiputados, la gente prefirió inclinarse por el partido verde y demás micropartidos, que dejarse engañar nuevamente por los snobs dizque de izquierda del P.S. y el S.P.D.

Obviamente, hay mucho camino por recorrer y esta fractalización de la izquierda en minipropuestas no llegará lejos a menos que logre articular propuestas macro. Porque el hecho de que los verdes tengan razón al exigir la prohibición del maíz transgénico no significa que tengan la más remota idea de cómo gobernar un país o enfrentarse a Irán y China.

Pero algo es algo. Deslastrarse de los elefantes emperifollados con cero credibilidad es un progreso bárbaro que abre las puertas a discursos alternativos y le da legitimidad a todo tipo de movimientos como los críticos del G8, los ecologistas y los verdes.

Es por ese camino que aparecerá la nueva izquierda, al independizarse del partido comunista (muerto hace tiempo, Dios gracias) y de los partidos socialistas que fueron secuestrados por una burguesía con complejo de culpa que terminó ahogada en patéticas peleas interinas por poder y control.

Que en paz descansen.

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“Whatever works”: un Woody que funciona a la perfección

whatever_worksQué despreciable es el ser humano. O sea, que despreciable soy yo; que no vi esta película cuando salió en el cine porque me dejé guiar por los comentarios de algunos que la tildaban de “oscura” y “sombría”. Menos mal que existe la internet y que hoy en día podemos ver la película en línea.

Este es un Woody Allen en forma, con una pluma ácida llena de sarcasmo que inyecta veneno en todos los diálogos. Fiu. Podemos respirar. Después de su paseo por los dramas londinenses que produjo la genial Match Point y la excelente Sueño de Casandra, el workoholic Allen parecía perdido en ese mediocre compendio de clichés que fue Vicky Cristina Barcelona. Una especie de “Albergue español” filmado por Rocco Sifredi, no me negarán.

Ya que detesto las “reseñas” (suponiendo que este garabato sea una de ésas) que explican la trama de la película, me limitaré a señalar algunos elementos ocultos en esta joya que parece una simple ostra pero esconde una perla rara.

Ersatz Allen. Volvemos a toparnos con el eterno pesimista alleniano, hipocondríaco y amargado, que antes encarnaba él mismo y que acá deja entre las manos de Larry David (excelente). El personaje, que “casi gana un premio Nóbel en Física” no deja de recordarle a la gente lo genial que es y lo estúpido que son los demás, sin sacrificar su lado humano o su humor. “Ella me quería tanto -explica el protagonista-, que incluso me acompañaba al hospital para analizar lo que yo creía era un melanoma y resultaba ser una picada de mosquito”.

La cuestión judía. Si algo es increíble en Woody Allen, es que después de tantos años y tantas películas todavía pueda escribir chistes tan hilarantes sobre los judíos. La combinación de su personaje cascarrabias y ateo con su herencia semítica es un cóctel irresistible de lo politically incorrect. En una escena, el protagonista trata de convencer a sus amigos de que los judíos la tienen más difícil frente al racismo que los negros: “a los negros los odian porque tienen el pene grande. En cambio, a nosotros los judíos, nos odian incluso con un pene pequeño”. Escandalosamente cómico.

El contraste de dos Américas. Una estructura recurrente en el trabajo de Allen es la presentación de Nueva York como una isla, una excepción cultural y social en un país arrieré infestado de rednecks. Ya sea en las incursiones directas de sus personajes en los hinterlands norteamericanos (Deconstruyendo a Harry) o en la banalidad de un American Dream raso y grosero orientado por el dinero (Hollywood ending), Nueva York siempre aparece como un respiradero para el Woody intelectual. Whatever works prolonga esta línea con la aparición de una familia redneck en Manhattan, lo que permite al cineasta crear una serie de situaciones humorísticas donde el cinismo de su personaje principal funciona de maravilla. Desde la evolución de la actriz Patricia Clarkson de típica soccer mom norteamericana a artista promiscua y desenvuelta, hasta el rol de su ex-marido (Ed Begley Jr., muy bien), los actores de reparto complementan eficazmente al personaje principal. Cuando el ex-marido le dice al protagonista que quiere visitar a su ex-esposa sin saber aún que ella vive en un ménage-à-trois con dos hombres mayores, el protagonista vaticina: “Veo tu muerte por choque cultural” antes de explicarle que “el novio” de su ex tiene cuatro brazos y dos narices, lo cual hace poco para esclarecer al desdichado ex.

En fin, podríamos seguir conversando rato largo sobre este excelente largometraje pero prefiero dejarlos con una recomendación: véanla. Como Woody tiene un average de bateo de más o menos .400, es decir, de 10 películas, 4 le salen bien y por lo menos 2 son terribles (por ejemplo, Scoop o Small time crooks), aprovechen para ver ésta.
(Artículo publicado en PanfletoNegro).

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Presidente no es gente

"I believe I can fly"

"I believe I can fly"

Aquí les va una idea: que un proxeneta no pueda ganarse un premio por defender los derechos de la mujer o que el “camión de volteo” maracucho no sea elegido como plato equilibrado y saludable del año. Ah, casi se me olvida: que ningún Presidente pueda ser candidato a un premio Nóbel de la paz.

¿Qué es la política, sino “la extensión de la guerra por otros medios”? ¿No es un sinsentido el que alguien que “extiende la guerra” cree la paz? Claro que nos podemos lanzar a hacer ejercicios ridículos sobre la “guerra preventiva” o cómo bombardear Hiroshima (y Nagasaki, para remate) era necesario para “salvar millones de vidas inocentes”. Pero entonces tendríamos que inventar el Premio Nóbel a la necedad; mucho más propicio, aunque ese sí que estaría concurrido.

Pero bueno, ¿alguien podía tomarse en serio un premio que fue ganado por Henry Kissinger? ¿¿Kissinger?? ¿El genocida de los camboyanos? ¿El que saboteó las conversaciones de París para prolongar la guerra de Vietnam y ganar poder político? Hay que ser cínico.

¿Quién otorga este Premio Nóbel, el “Ministerio de la Paz” de la novela 1984?

No hay políticos buenos. Ninguno debería ganarlo. Si los hombres no pueden jugar el torneo femenino de Wimbledon o los niños hacer concursos de cata de vinos, nada tiene que hacer un político en ese rubro.

Acá pueden revisar la patética lista de ganadores del premio y notarán, como triste pie de página, que Mahatma Gandhi nunca ganó el Premio Nóbel de la Paz, pero Shimon Peres, Presidente de un Estado que viola los Derechos Humanos, sí.

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Cómo no aprender absolutamente nada después de una crisis financiera

money ¿Ha llegado el sistema capitalista a sus límites? Tienen razón los Presidentes que se mofan de la caída estrepitosa de la economía norteamericana?

Conversábamos antes sobre la crítica de F. Hayek a los controles estadales y por qué esto lo llevó a plantear la desregulación absoluta del mercado, lo cual suponía alcanzar la mayor libertad posible en el mundo. A mis ojos, esto es una aberración antropológica y filosófica, pero ese tema lo tocaremos en otro artículo. Supeditar todas las conductas del hombre a un solo principio, la libertad del flujo de capital, es un error…

Sin embargo, lo que me sorprende y me lleva a escribir esto es la arrogancia de la derecha conservadora norteamericana: después de todos sus esfuerzos orientados a desmontar los controles del Estado (como la abrogación de las leyes antitrust llevada a cabo por Reagan) y la crisis que ahora pagamos todos, gente como el conservador Ron Paul sigue arguyendo que lo que falló no es la falta de controles, es el exceso de controles.

Acá, los neoliberales copian a los marxistas: el comunismo no ha fracasado, simplemente jamás ha sido aplicado de manera completa (debe ser que la “vuelta al campo” de los Khmer Rouges en Camboya no fue lo suficientemente radical). Es justo colocar la utopía neoliberal al lado de la utopía marxista, como propuesta soñadora e inalcanzable.

Pero mi pregunta es, ¿no fue la falta de controles lo que nos condujo a la crisis financiera actual? Fue un grupo de dos docenas de individuos, ¡dos docenas de individuos!, los que pusieron de rodillas a la economía mundial (acá, un excelente análisis de Matt Taibbi en inglés). Es decir, en este sistema de excesivo control, menos de treinta encorbatados en Manhattan crearon un desastre digno de una película de la saga Duro de matar.

Sin embargo, ¿entendimos algo de la crisis? No. Los norteamericanos se refugiaron en el miedo primario y la invocación del Estado como figura paterna capaz de arreglarlo todo. Después de un paquete de ayuda colosal, los índices muestran una economía en vías de recuperación… si trabajas en Wall Street. Para los demás no habrá bonos millonarios sino desempleo en dos cifras.

El problema de salvar a estos bancos sin que escarmentaran en sus errores es el efecto del niño malcriado: el bebé rompe el juguete Transformer y el padre, sin explicarle que no debe lanzarlo contra el suelo, va y le compra otro. ¿Qué creen que hará el niño con el nuevo juguete?

El niño malcriado creará otro esquema basado en la usura y la especulación, en la multiplicación del dinero sin la más mínima producción de riqueza, para volver a bañarse en dólares mientras la gente en California comienza a acostumbrarse a vivir dentro de su carro.

Bienvenidos al “high frequency trading“, o intercambio de alta frecuencia. Esta práctica se basa en el uso de ordenadores para realizar compras y ventas de acciones en fracciones de segundo, logrando así inflar los precios de manera ficticia. Es una práctica tan exitosa que algunos analistas predicen que en el 2010 será responsable del 50% de las transacciones en la bolsa.

Ahora bien, ¿no es esta práctica equivalente al insider trading -ilegal- que prohibe realizar transacciones utilizando información confidencial de las empresas? Es decir, usted no puede utilizar un dato que le proporcione un amigo sobre el estado de la empresa para invertir favorablemente, pero sí puede utilizar un ordenador que hará análisis de tendencias y comprará y venderá acciones a una velocidad supra humana.

Puede que sólo sea yo pero, ¿no fue exactamente esta práctica, de producir dinero de la nada, lo que causó la crisis? ¿Es que los corredores de la bolsa no han aprendido nada? ¿Por qué los gobiernos refuerzan una práctica basada en la especulación, no en la creación de riqueza? Y sobre todo: ¿usted de verdad cree que con menos controles estas prácticas desaparecerán?

Esto marca el fin de la hegemonía económica de los Estados Unidos. Su incapacidad de corregir y aprender, aunado a una población reducida a instintos primarios motivados por el miedo y el pánico estadal después de ocho años del peor gobierno que jamás hayan tenido, ha dejado a ese país aletargado y dormido cuando más se les exige que piensen, si quieren salir de esa pesadilla.

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“El camino a la servidumbre” de F. Hayek

Picture 1 Cansado de que la derecha me reprochara no haber leído a uno de sus teóricos más prominentes, le metí el diente al clásico de Friedrich Hayek. Puesto que creo que uno de los problemas más graves de “la izquierda” (en general) de hoy en día es la falta de rigurosidad y lógica, dedicaré esta entrada a una explicación suscinta (y en cómics), del libro en cuestión. Para criticar algo hay que tratar de entenderlo primero. La izquierda adolece de un excesivo contingente de paranoicos convencidos de librar una batalla épica contra poderes históricos: El capitalismo, las transnacionales, los consorcios mediáticos; lo cual rápidamente derrapa y conduce a la fantasía y las teorías de conspiración (el 11-S fue orquestado por Bush; existe un complot de la banca mundial para repartirse el mundo; el Papa es Masón, etc.).

Personalmente creo que esta gente no sólo desprestigia cualquier intento de pensar desde la izquierda y perpetua el cliché de militante porro-en-la-mano con dreadlocks perdido en la vida, sino que lo peor es que muchas veces no se entienden sus propuestas o quejas (este video del Daily Show, de un manifestante en el G20 disfrazado de vaca y golpeando una botella de agua, es el ejemplo perfecto).

Divago. Todo esto para decir que después, en otra entrada, trataré de avanzar algunas críticas e implicaciones del modelo de Hayek. Veamos entonces, cómo los hombres, en su intento de alcanzar la libertad y la justicia a través de la planificación estadal, abonan el terreno para los regímenes totalitarios que los oprimirán. La paradoja que subraya el libro es justamente esa: cómo los ciudadanos, en aras de una mayor libertad y justicia, socavan las bases de la sociedad y preparan la soga que abrazará sus cuellos.

"La guerra obliga a la planificación nacional":

 

La guerra obliga a la planificación nacional
Para lograr la mobilización total de la economía, Usted consiente a la reducción de muchas de sus libertades. Usted sabe que la regulación y la escasez fue producida por los enemigos de la nación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Muchos quieren que la planificación se mantenga"

 

 

Muchos quieren que la planificación se mantenga
Se escuchan argumentos en favor de un “Comité de planificación” antes del fin de la guerra. Los “planificadores de la guerra” respaldan la idea para mantenerse en el poder.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Los 'planificadores' prometen utopías"

 

 

Los planificadores prometen utopías
Aparecen ideas magníficas para los campesinos en las zonas rurales, un plan para trabajadores en las ciudades, etc.; la población recibe las iniciativas con entusiasmo y elige a muchos “planificadores” a la cabeza del país.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Pero no pueden ponerse de acuerdo sobre UNA utopía"

 

 

Pero no pueden ponerse de acuerdo sobre UNA utopía
Con la paz, aparecen nuevos compromisos políticos pero la unidad de “ganemos la guerra” ha desaparecido. Los “planificadores” rozan las peleas físicas. Cada uno tiene su propio plan particular y rehusa abandonarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Y los ciudadanos tampoco pueden ponerse de acuerdo"

 

 

Y los ciudadanos tampoco pueden ponerse de acuerdo
Meses después, cuando “los planificadores” finalmente concretan un plan único, son ahora los ciudadanos los que discrepan entre ellos. Lo que agrada al campesino desagrada al obrero.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Los planificadores detestan imponer los acuerdos"

 

 

Los planificadores detestan imponer los acuerdos
La mayoría de los “planificadores nacionales” son idealistas con buenas intenciones y dudan a la hora de usar la fuerza. Esperan que algún acuerdo nacional aparezca milagrosamente en torno a su propuesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Tratan de venderle el plan a todos"

 

 

Tratan de “venderle” el plan a todos
Los planificadores intentan, de manera infructuosa, educar a la población para uniformar sus puntos de vista. Crean, de esta manera, un gigantesco aparato propagandístico que el dictador-por-venir encontrará muy útil.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Los ingenuos sí se ponen de acuerdo"

 

 

Los ingenuos sí se ponen de acuerdo
Mientras tanto, la confusión nacional da paso a reuniones de protesta. Los menos educados -embelezados y convencidos con un discurso incendiario-, forman un partido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"La confianza en los planificadores empieza a desvanecerse"

 

 

La confianza en los planificadores empieza a desvanecerse
Mientras más improvisan los planificadores, más perturban el comercio normal. Todos sufren. La gente ahora siente -y con razón-, ¡que los planificadores no pueden hacer funcionar las cosas!

 

 

 

 

 

 

 

"Se le da poder al hombre fuerte"

 

 

Se le da poder al “hombre fuerte”
Desesperados, los “planificadores” autorizan al nuevo líder del partido a trazar un plan y aplicarlo a la fuerza. Después se desharán de él -o eso es lo que creen.

 

 

 

 

 

 

 

 

"El partido conquista al país"

 

 

El partido conquista al país
Ahora la confusión es tan grande que la obediencia al líder debe ser mantenida a cualquier precio. Usted tal vez se una al partido también para contribuir a la “unidad nacional”.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Una meta negativa es lo que une al partido"

 

 

Una meta negativa es lo que une al partido
Los pasos iniciales de un dictador buscan arengar a la mayoría a unirse en una causa común contra alguna minoría que funge como chivo expiatorio. En Alemania, la meta negativa común era el anti-semitismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Nadie se opone al plan del líder"

 

 

Nadie se opone al plan del líder
Sería suicidio, la nueva policía carece de escrúpulos. La capacidad de forzar la obediencia se convierte en la virtud principal del “Estado planificado”. Han desaparecido todas las libertades.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Su profesión se planifica"

 

 

Su profesión se planifica
La posibilidad de escoger entre muchos trabajos diferentes, idea que avanzaron los ahora defuntos “planificadores”, se revela como una gran farsa. Los “planificadores” nunca fueron exitosos y jamás lo serán.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Su salario se planifica"

 

 

Su salario se planifica
La división de la escala salarial es arbitraria y rígida. Dirigir un “Estado planificado” desde un cuartel general central es algo torpe, injusto e ineficiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Su pensamiento se planifica"

 

 

Su pensamiento se planifica
En la dictadura creada sin querer por los planificadores no hay lugar para la diferencia de opinión. Vallas publicitarias, la radio, la prensa -¡todos repiten las mismas mentiras!

 

 

 

 

 

 

 

 

"Su recreación se planifica"

 

 

Su recreación se planifica
No es por coincidencia que los deportes y el entretenimiento han sido cuidadosamente planificados en las naciones gobernadas por regímenes.  Una vez comenzada la planificación, los “planificadores” no pueden detenerse.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Su disciplina se planifica"

 

 

Su disciplina se planifica
Se le despide del trabajo como si Usted estuviese ante un pelotón de fusilamiento. Lo que antes era un error es ahora un crimen contra el Estado. ¡Así termina el camino a la servidumbre!

 

 

 

 

 

 

 

 


Nota bene: Se me excusará la traducción aproximativa. Si desean obtener el texto completo en inglés, dispongo de un PDF que puedo enviarle por correo electrónico a aquellos que así lo manifiesten en las sección de comentarios.

P.d.: A aquellos que llegaron acá después de realizar una búsqueda en Google, lamento decepcionarlos: la entrada es sobre Hayek, el economista austríaco; no Hayek, la bomba mexicana que bailaba topless frente a Tarantino en “From dusk till dawn“.

No se alejen. La discusión seguirá en estos días…

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¡Genial, Muse!

museEl nuevo disco de Muse, “The resistance” sintetiza todas las ambiciones de la banda: un trabajo auto-producido, un disco ecléctico y profundo, que no deja de lado el registro pop donde los ingleses funcionan a la perfección.

Es raro, en nuestro mundo globalizado y corporatizado, encontrar músicos mainstream capaces de mantener su independencia y avanzar su visión artística. Muchos se conforman con pulir la plantilla prefabricada que los conduce a ser las estrellas de “MTV: Cribs” y pasearse por mansiones kitsch con el refrigerador lleno de champán; ¿qué más existe en un sistema neoliberal motorizado por el dinero?

Por eso destaca la banda de Matt Bellamy, Chris Wolstenholme y Dominic Howard: un trío aceitado y fluido capaz de golpear con temas pesados o sinfonías rock. En este disco, Muse no se queda en el nicho que ya había tallado con el genial “Absolution” y su gira que los condujo a coronarse como mejor banda en el festival de Glastonbury de 2004. Más bien profundiza la tendencia electrónica de “Black holes & revelations” aparte de adentrarse sin miedo en nuevos registros sinfónicos.

El disco empieza con el tema “Uprising”, una especie de prolongación de “Supermassive Black Hole”, más incisivo, más punzopenetrante, que consigue su apogeo en el coro: “They will not force us/ They will stop degrading us/ They will not control us/ We will be victorious”, leitmotif sobre el control que reaparece a lo largo del disco.

Los tres primeros temas giran en torno a ese estilo pop depurado que ya conocíamos en los chicos de Muse, a excepción de la genial “Undisclosed desires”, que es lo que Timbaland debió haber hecho con el disco de Chris Cornell si tuviese dos dedos de frente (y no este bodrio).

Pero lo que más sorprende de “The resistance” es el acercamiento a Queen que aparece en canciones como “United States of Eurasia” o el solo de guitarra en “Unnatural selection”. Muse ya asomaba sus intenciones de alejarse del sonido Radiohead de “Absolution” para acercarse a la banda de Freddie Mercury en propuestas como “Knights of Cyndonia”, su Bohemia Rapsodia particular. Acá, la influencia se hace evidente.

Tampoco es que el grupo dejó atrás sus inclinaciones metaleras y las descargas que harán saltar al público en todos los continentes siguen vivas. Pero la progresión de arpeggios de “MK Ultra” o el trabajo del excelente bajista, Wolstenholme, en canciones como “Resistance”, muestran una banda aún sedienta, inconforme, dada a la exploración.

¿Qué mejor prueba de esto que las tres sinfonías (“Exogenesis”) que cierran el album? La capacidad de Bellamy de moverse entre las descargas de guitarra eléctrica y las sonatas de piano, como al final de “United States of Eurasia”, es sorprendente.

Definitivamente, la banda hace lo que le da la gana. No sólo graba y produce su disco, sino que se burla del sistema -sin negar su lugar en él, claro-, como en el video de su presentación en el canal Rai de Berlusconi. Obligados a tocar en Playback, los muchachos de Muse deciden rotar instrumentos y jugar el juego a lo Sábado Sensacional, mientras dejan en ridículo a la presentadora:

La bimbo de platino no sólo se equivoca en el nombre de la banda (que no lleva el “the”, pero bueno), sino que obviamente no tiene la más mínima idea de quién conforma el grupo. El baterista, posando como cantante, insiste dos veces: “nuestro baterista, Matt”, alusión que pasa por encima de la cabeza de la muchacha.

Este video deja en claro las contradicciones del mundo de la música actual y la postura de Muse: una industria corporatizada, acostumbrada a reciclar basura (como nos señalaba Baudrillard con su lectura de modelo-serie en “El sistema de los objetos”), de muchachos Hanson convertidos en muchachos Jonas para el consumo masivo, frente a una banda que no tiene nada que probarle a nadie.

Muse ya era uno de los mejores tríos en vivo que podíamos encontrar en el rock contemporáneo. Ahora, con un disco polifacético y bien construido, están listos para hacer historia.

(Bigup@Stokma por el video)

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¿Qué tipo de ciudadano existe en Venezuela?

escher-manos El problema de tener un “gobierno postmoderno” basado en el inmediatismo y la capitalización política es la construcción de contradicciones, tautologías y paradojas lógicas.

La carencia de un metarrelato capaz de orientar las acciones, la inexistencia de una tela de fondo sobre la cual pintar “el socialismo”, se hace evidente cuando observamos los conceptos de “ciudadano” que maneja el gobierno y sus burócratas.

Existen dos discursos diametralmente opuestos, incompatibles, que arropan al actor político venezolano, hoy en día traducido a la única palabra “pueblo” que supone una preeminencia moral (el pueblo nunca se equivoca, etc).

Por un lado, aparece la noción de pueblo-motor-de-la-Historia. Acá se pretende aislar la vieja categoría marxista sin resolver sus contradicciones o implicaciones; el pueblo-motor-de-la-Historia se invoca cuando el poder ha inyectado suficiente populismo y realizado las encuestas que lo dan como ganador. Se apela a la elección, a la “conciencia del pueblo” capaz de dirimir leyes e interpretaciones legales y realizar agudos análisis semióticos y mediáticos para entender manipulaciones corporatistas o juegos de estrategia geo-política. Cuando la “conciencia del pueblo” lo engaña como un verso satánico coleado en el Corán, el poder flexionará sus músculos para imponer las reformas que benefician al pueblo antes de que este lo sepa o se dé cuenta. El referendum del 2007, rechazado en consulta popular, será aprobado de manera aplastante y unilateral como hicieran otros gobernantes incapaces de aceptar la derrota de su punto de vista ante la mayoría.

Por otro lado, se maneja la teoría de la aguja hipodérmica que manipula “al pueblo”. Esta lectura “emancipadora” del pueblo, la conciencia popular y el motor de la Historia choca violentamente con la otra concepción que invoca el gobierno a su conveniencia: el pueblo dócil, el ciudadano condicionado, la sociedad víctima de la publicidad y la mentira. Es decir, ese pueblo incapaz de distinguir un dibujo animado de la realidad, títere de la televisión que, si un perrito parlanchín aparece en la pantalla fumando canabis, lo inducirá a la drogadicción. Es el mismo pueblo-infante que será inoculado por la violencia al distraerse con un video-juego o un juguete bélico. Poco importa el modelo autómata de estímulo-respuesta manejado para explicar la necesidad de leyes de este tipo o el que la “aguja hipodérmica” haya sido refutada hace medio siglo, la conveniencia del poder y el control la resucitan para servir a los intereses particulares de los gobernantes.

Es obvio que estos dos modelos de “ciudadano-pueblo” no pueden coexistir. Un individuo capaz de entender complicadas relaciones de política y diplomacia en la franja de Gaza o realizar análisis de derecho constitucional sobre la reelección, contradice el modelo skinneriano de estímulo-respuesta que se invoca para explicar leyes de control social. En el primer caso, se nos vende la imagen de un ciudadano astuto que entiende su posición en la lucha de clases y la Historia y puede producir análisis -ingenuos, pero análisis al fin-, sobre la dialéctica hegeliana y el 13 de abril como antítesis del 11. En el segundo caso, se avanza la idea de un ciudadano incapaz de distinguir un dibujo animado de un perro que habla, de la realidad. Este “pueblo” raya en el retraso mental y responde al mundo de manera conductista, igual que lo haría un mono o una rata en un laboratorio.

Esta gigantesca contradicción sirve de trasfondo a la discusión política en Venezuela. Los argumentos, basados en el principio neo-liberal pragmático de los resultados, permiten al poder manejar a su conveniencia ambas concepciones de “ciudadano” con tal de lograr aumentar su capital político. De esta manera, el pueblo puede ser “sabio” y “visionario” y elaborar grandes discursos sobre la democracia, la representatividad y la reelección; o “dócil” y pasivo receptor de mentiras vehiculadas por los medios de comunicación, llegando hasta el extremo autista de reproducir la violencia si la percibe en un video-juego.

Esta esquizofrenia “ciudadana”, que contrasta el proteccionismo con la autodeterminación, se encuentra en la base de nuestras democracias occidentales. Forma parte de la manipulación discursiva que lleva a cabo el poder para hacer avanzar sus intereses y sus agendas particulares mientras convence al ciudadano de “lo democrático” de sus decisiones.


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El gobierno postmoderno

escher1Una de las diferencias fundamentales entre la política de izquierda o derecha radica en la concepción que se pueda tener sobre el ciudadano. Desde el enfrentamiento entre Rousseau y Hobbes -“el buen salvaje” contra la naturaleza violenta y errática del hombre-, los sistemas buscan regular, con mayor o menor grado de injerencia, las reglas, leyes y convenciones que evitarán que los Homo Erectus se despedazen a golpes y puedan dirimir sus diferencias de manera pacífica.

De allí que “la derecha” siempre haya adoptado una postura más conservadora: el ser humano debe ser controlado y dirigido. Sin un Estado que funcione como ersatz de la figura freudiana del padre, los hombres se emborracharán, se drogarán y practicarán conductas ilícitas de manera irresponsable e incontrolable.

En la otra acera, “la izquierda” tiende a asumir el reto de substituir ese Estado-padre por una conciencia individual: parafraseando la moral nietzscheana, si alguien se emborracha y estrella su automóvil contra un colegio, no significa que yo vaya a hacer lo mismo. Cada quien escoge y crea sus parámetros morales; es tarea del ciudadano, no del Estado, decidir si aprueba o no la violencia en las películas que consume por televisión o la religión que desea practicar.

Por eso es sumamente confusa la mezcla postmoderna y liberal-capitalista que adopta el señor Presidente Hugo Chávez en sus discursos y sus acciones, un “todo vale” carente de principios que sólo se mide por el éxito inmediato. Liberal-capitalista en el sentido ultra-pragmático: el arte es bueno dependiendo de la cantidad de gente que lo consuma ahora. Reducción y destrucción del tiempo y la historia. Postmoderno: ya no existen grandes ideas, lo que sirve, funciona, mueve al electorado y arranca emociones en la gente, es lo que aplica.

Esta postura utilitaria oxigena toda aproximación política dentro del gobierno: se pueden mezclar acciones de ultra-derecha (prohibición de alcohol, “los bikinis incitan a las violaciones”), con acciones neo-liberales de mercado (duplicación de las exportaciones petroleras al imperio) y acciones desde las bases (Planes populares) que rayan, aunque sea sólo teóricamente, en el anarquismo (las agrupaciones ciudadanas).

Esto funciona simplemente porque no hay ideología de trasfondo en el chavismo. Por eso es que no encontramos la vara de medición para distinguir acciones “buenas” de acciones “malas”, porque lo que dirige la acción no es su contenido (vacuidad del discurso) sino la conveniencia de adherirse a una idea para lograr capitalizar en la inmediatez política.

La pregunta que me hago es, si el sistema pragmático-neoliberal mostró sus fallas y sus errores al corromper todo el sistema financiero mundial a través de la especulación y la usura (y no la creación de capital, como pensaba Milton Friedman), ¿qué consecuencias puede tener una aproximación pragmática en lo ideológico?

Se me ocurren dos hipótesis: (1) fatiga y agotamiento del modelo democrático, escepticismo ciudadano en torno a la representatividad, rechazo de las instituciones y, como consecuencia, aparición de la violencia estadal y ciudadana para resolver los diferendos. (2) Pérdida de credibilidad de la idea moderna de progreso (Habermas), destrucción del tejido social, individualismo y canibalismo (cada empleado se aferra a sus 401Ks en la debacle financiera, desaparecen los sindicatos y las acciones colectivas).

En las entradas siguientes trataremos de seguir profundizando esta idea.

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