Cansado de que la derecha me reprochara no haber leído a uno de sus teóricos más prominentes, le metí el diente al clásico de Friedrich Hayek. Puesto que creo que uno de los problemas más graves de “la izquierda” (en general) de hoy en día es la falta de rigurosidad y lógica, dedicaré esta entrada a una explicación suscinta (y en cómics), del libro en cuestión. Para criticar algo hay que tratar de entenderlo primero. La izquierda adolece de un excesivo contingente de paranoicos convencidos de librar una batalla épica contra poderes históricos: El capitalismo, las transnacionales, los consorcios mediáticos; lo cual rápidamente derrapa y conduce a la fantasía y las teorías de conspiración (el 11-S fue orquestado por Bush; existe un complot de la banca mundial para repartirse el mundo; el Papa es Masón, etc.).
Personalmente creo que esta gente no sólo desprestigia cualquier intento de pensar desde la izquierda y perpetua el cliché de militante porro-en-la-mano con dreadlocks perdido en la vida, sino que lo peor es que muchas veces no se entienden sus propuestas o quejas (este video del Daily Show, de un manifestante en el G20 disfrazado de vaca y golpeando una botella de agua, es el ejemplo perfecto).
Divago. Todo esto para decir que después, en otra entrada, trataré de avanzar algunas críticas e implicaciones del modelo de Hayek. Veamos entonces, cómo los hombres, en su intento de alcanzar la libertad y la justicia a través de la planificación estadal, abonan el terreno para los regímenes totalitarios que los oprimirán. La paradoja que subraya el libro es justamente esa: cómo los ciudadanos, en aras de una mayor libertad y justicia, socavan las bases de la sociedad y preparan la soga que abrazará sus cuellos.

La guerra obliga a la planificación nacional
Para lograr la mobilización total de la economía, Usted consiente a la reducción de muchas de sus libertades. Usted sabe que la regulación y la escasez fue producida por los enemigos de la nación.

Muchos quieren que la planificación se mantenga
Se escuchan argumentos en favor de un “Comité de planificación” antes del fin de la guerra. Los “planificadores de la guerra” respaldan la idea para mantenerse en el poder.

Los planificadores prometen utopías
Aparecen ideas magníficas para los campesinos en las zonas rurales, un plan para trabajadores en las ciudades, etc.; la población recibe las iniciativas con entusiasmo y elige a muchos “planificadores” a la cabeza del país.

Pero no pueden ponerse de acuerdo sobre UNA utopía
Con la paz, aparecen nuevos compromisos políticos pero la unidad de “ganemos la guerra” ha desaparecido. Los “planificadores” rozan las peleas físicas. Cada uno tiene su propio plan particular y rehusa abandonarlo.

Y los ciudadanos tampoco pueden ponerse de acuerdo
Meses después, cuando “los planificadores” finalmente concretan un plan único, son ahora los ciudadanos los que discrepan entre ellos. Lo que agrada al campesino desagrada al obrero.

Los planificadores detestan imponer los acuerdos
La mayoría de los “planificadores nacionales” son idealistas con buenas intenciones y dudan a la hora de usar la fuerza. Esperan que algún acuerdo nacional aparezca milagrosamente en torno a su propuesta.

Tratan de “venderle” el plan a todos
Los planificadores intentan, de manera infructuosa, educar a la población para uniformar sus puntos de vista. Crean, de esta manera, un gigantesco aparato propagandístico que el dictador-por-venir encontrará muy útil.

Los ingenuos sí se ponen de acuerdo
Mientras tanto, la confusión nacional da paso a reuniones de protesta. Los menos educados -embelezados y convencidos con un discurso incendiario-, forman un partido.

La confianza en los planificadores empieza a desvanecerse
Mientras más improvisan los planificadores, más perturban el comercio normal. Todos sufren. La gente ahora siente -y con razón-, ¡que los planificadores no pueden hacer funcionar las cosas!

Se le da poder al “hombre fuerte”
Desesperados, los “planificadores” autorizan al nuevo líder del partido a trazar un plan y aplicarlo a la fuerza. Después se desharán de él -o eso es lo que creen.

El partido conquista al país
Ahora la confusión es tan grande que la obediencia al líder debe ser mantenida a cualquier precio. Usted tal vez se una al partido también para contribuir a la “unidad nacional”.

Una meta negativa es lo que une al partido
Los pasos iniciales de un dictador buscan arengar a la mayoría a unirse en una causa común contra alguna minoría que funge como chivo expiatorio. En Alemania, la meta negativa común era el anti-semitismo.

Nadie se opone al plan del líder
Sería suicidio, la nueva policía carece de escrúpulos. La capacidad de forzar la obediencia se convierte en la virtud principal del “Estado planificado”. Han desaparecido todas las libertades.

Su profesión se planifica
La posibilidad de escoger entre muchos trabajos diferentes, idea que avanzaron los ahora defuntos “planificadores”, se revela como una gran farsa. Los “planificadores” nunca fueron exitosos y jamás lo serán.

Su salario se planifica
La división de la escala salarial es arbitraria y rígida. Dirigir un “Estado planificado” desde un cuartel general central es algo torpe, injusto e ineficiente.

Su pensamiento se planifica
En la dictadura creada sin querer por los planificadores no hay lugar para la diferencia de opinión. Vallas publicitarias, la radio, la prensa -¡todos repiten las mismas mentiras!

Su recreación se planifica
No es por coincidencia que los deportes y el entretenimiento han sido cuidadosamente planificados en las naciones gobernadas por regímenes. Una vez comenzada la planificación, los “planificadores” no pueden detenerse.

Su disciplina se planifica
Se le despide del trabajo como si Usted estuviese ante un pelotón de fusilamiento. Lo que antes era un error es ahora un crimen contra el Estado. ¡Así termina el camino a la servidumbre!
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Nota bene: Se me excusará la traducción aproximativa. Si desean obtener el texto completo en inglés, dispongo de un PDF que puedo enviarle por correo electrónico a aquellos que así lo manifiesten en las sección de comentarios.
P.d.: A aquellos que llegaron acá después de realizar una búsqueda en Google, lamento decepcionarlos: la entrada es sobre Hayek, el economista austríaco; no Hayek, la bomba mexicana que bailaba topless frente a Tarantino en “From dusk till dawn“.
No se alejen. La discusión seguirá en estos días…