Troleando el apocalipsis zombi

Troleando el apocalipsis zombi

¿Estaba Max Brooks pensando en Hugo Chávez cuando escribió “World War Z: an oral history of the zombie war“?

Eso pareciera: cuando el mundo se reune en las Naciones Unidas para tratar de desarrollar una estrategia común ante lo que ya es una epidemia global, un jetón altisonante del tercer mundo toma la palabra para llenar la sala de incoherencias esquizoides. Según nos lo cuenta un chileno (ya que el libro se compone de entrevistas):

“Uno de los delegados de uno de los países “en desarrollo” de la preguerra sugirió, de manera acalorada, que [la epidemia] era un castigo por violar y pillar a las “naciones víctimas del sur”. Tal vez, dijo, si se mantiene a la “hegemonía blanca” distraída con sus propios problemas, la invasión de los muertos vivientes permitiría al resto del mundo desarrollarse “sin intervención imperialista”. Tal vez los muertos vivientes habían traído más que devastación al mundo. Tal vez haya traído justicia para el futuro. Ahora bien, mi pueblo tiene poco amor por los gringos del norte, y mi familia sufrió suficiente bajo Pinochet como para que yo tenga razones de convertir esto en algo personal. Pero llega un punto en el cual las emociones privadas deben dar paso a los hechos objetivos. ¿Cómo puede haber una “hegemonía blanca” cuando las economías más dinámicas de la preguerra eran China e India, y la economía más grande durante la guerra era sin duda Cuba? ¿Cómo puede referirse al frío como un problema de los países del norte cuando había gente apenas sobreviviendo en el Himalaya o en los Andes de mi propio Chile? No, este hombre y todos los que están de acuerdo con él no estaban hablando de justicia para el futuro. Sólo querían venganza por el pasado”.

Ese ha sido siempre mi problema con el discurso de Chávez en la ONU: al reducir la política internacional a una payasada y a una llamadera de nombres (“¡diablo!”), se satisfacen sólo los impulsos más bajos y violentos. No se aporta nada a la discusión, peor; después del happening de Hugo Chucky, aquellos quienes teníamos argumentos de peso, razonados y justificados para no invadir Irak, éramos automáticamente metidos en el saco de los locos sin argumentos y bravucones como Chávez. La “diablada” satisfizo solamente a los más revanchistas y recalcitrantes, quienes creen que es legítimo ir por allí llamando “diablo” a los líderes de otros países, pero quienes se ofenden cuando les gritan “cállate” a sus propios gobernantes.

Bigup: Afinidades electivas, por el E-book.

Share

Leave a Reply

archivos