La Universidad de París VIII cumple 40 años

La Universidad de París VIII cumple 40 años

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Está bien, lo admitiré de entrada: tengo sentimientos encontrados con mi Universidad, aquella donde hice el postgrado. No tengo reproches en cuanto a la calidad de la enseñanza o la exigencia, aunque puesto que mi parcours por sus salones fue a nivel de doctorado, me enseñaron a pulir muchas herramientas que había adquirido de antemano en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Sin embargo, me llama la atención que las mismas penurias presupuestarias que sufre la UCV en su enfrentamiento con el gobierno y las ridículas posturas del señor Chávez sobre la investigación (preguntar “de qué sirve investigar si hay vida en Venus” es revelador de la ignorancia más supina) sean compartidas por las universidades francesas, especialmente París VIII.

El éxodo de talentos también se repite en Francia, aunque están a buen trecho de alcanzar las desoladoras cifras de mí país: 9 mil investigadores venezolanos trabajando en suelo norteamericano, contra solo 6 mil en Venezuela, un hecho monumental que seguramente haría llorar a Jacinto Convit si aún estuviese con nosotros.

Pero los símiles siguen: a cuatro mil kilómetros, en Francia, los estudiantes y profesores se han enfrentado este año a una arremetida brutal y grosera de parte de un mandatario obtuso orientado a la “eficiencia” y al pragmatismo más ramplón. Triste aniversario entonces para esta institución de vanguardia cuya plantilla haría salivar a cualquier ratón de biblioteca y que ahora se ve entre la espada y la pared.

No debe extrañar a nadie que los dos mandatarios, Sarkozy y Hugo Chávez, tomen el asunto por el mismo lado. Al final, ambos son líderes de derecha, autocráticos, con serios problemas de egolatría plasmados en su manejo de los media, que hipotecan la reflexión en aras de las acciones improvisadas.

A Paris VIII Saint-Denis le debo la posibilidad de haber aprendido sin barandas, de haberme cotejado con intelectuales y profesores seguros de sí mismos que no se sentían amenazados por las ideas diferentes o atípicas. Jacques Poulain, mi tutor, me asombró al darme plena libertad de investigación y siempre apuntar en la dirección adecuada para formular mis disquisiciones. A diferencia de muchos mediocres que conocí -lamentablemente- en mi amada U.C.V., gentuza insegura y perezosa incapaz de entender la ansiedad y la avidez de conocimiento de los jóvenes, los profesores de París VIII y su espíritu literario me enseñaron a estudiar, leer y aprender por mí mismo. Por supuesto que esto sólo completó el trabajo que profesores serios y responsables como Armando Navarro, Gioconda González, Jorge Kwan, Tulio Olmos Gil, Fredzia Torres, Susana Strossi, Tulio Olmos y tantos otros (básicamente toda la cátedra de Psicología Social), empezaron. Me da lástima constatar la desbandada de estos pilares de la Facultad de Humanidades de la U.C.V., jubilados o desesperanzados, y constatar con rabia que ahora en Psicología los “profesores” son niños que ni siquiera han terminado la carrera.

Pero ese es otro tema. Por ahora, reproduzco aquí (sin permiso ni derecho de autor, en flagrante violación de todo lo que siempre irrespetamos acá), el artículo de la revista Brecha, para aquellos interesados en conocer un poco más a la Universidad de Paris VIII-Saint Denis.



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jueves, 04 de junio de 2009

Alma Bolón

La Universidad de Vincennes, una de las hijas más díscolas de mayo del 68, está cumpliendo 40 años. Cuando nació, fue enclavada en un bosque en las afueras de París. En sus inmediaciones, un castillo, prisión de Sade y de Diderot; en su vecindario vegetal, otros hijos tardíos de mayo: los teatros Du Soleil, De la Tempête, De l’Aquarium.
(En 1970 Ariane Mnouchkine inaugura en medio del bosque su Théatre du Soleil con un título, 1789, que es casi una huella dactilar.)

Una universidad “experimental” y lujosa (moquete en todos los pisos, mobiliario vanguardista creado por Knoll, equipo de video…), para que los universitarios sublevados meses atrás florecieran intelectualmente, entre abedules y sin adoquines a la vista, lejos del Barrio Latino. En esos tiempos, el gobierno gaullista mostraba ser casi tan inteligente como sus enemigos, al propiciar un lugar de encuentro para las figuras descollantes del universo intelectual.

La lista de quienes enseñaron en Vincennes es vertiginosa: una parte de la organización recae en Hélène Cixous, entonces joven lingüista cercana a Jacques Derrida; en el Departamento de Historia está Michel Foucault, secundado por Alain Badiou; llegarán Michel Serres, François Châtelet, Jacques Rancière, Etienne Balibar, Gilles Deleuze, Félix Guattari, Jean-François Lyotard, Nicos Poulantzas, Michel de Certeau, Jean-Claude Passeron, Robert Castel, Gérard Genette. Todavía sigue siendo, y para algunos de ellos para siempre, mayo del 68: la emancipación es una aventura exaltante del pensamiento, que busca recorridos inéditos.

El movimiento emancipador también sacude al mandarinato de la universidad tradicional, al sistema jerárquico, con sus atributos y sus rutinas ordenadoras de autoridad. Noam Chomsky desembarca de Estados Unidos enfundado en unos pantalones vaqueros que entonces
–¿y quizás hoy de nuevo?– desentonan, cuidado descuido, con la investidura del cargo; Alain Badiou declara que sólo tendrían ganado el curso “aquellos que no habían asistido nunca a clase y que, por eso mismo, habían mostrado con su ausencia un encomiable desprendimiento de las cosas terrenales y una meditación profunda”.*

El pasaje de Jacques Lacan por la Universidad de Vincennes fue breve. Le bastaron dos reuniones de su seminario para no volver, exasperado por las interrupciones de los estudiantes. Antes de retirarse les propinó un diagnóstico. Para Lacan, era obvio que esa universidad, aunque en medio del bosque y de otras costumbres, formaba parte del sistema, y que sus miembros desempeñaban el papel de “los ilotas” del régimen, que los señalaba con el dedo, diciendo “mírenlos cómo gozan”. Esa imputación –ese diagnóstico– que lanzó un Lacan enfurecido quedó atravesada largo tiempo en la memoria de la institución.

En el insolente anecdotario de esta universidad, que incluye asambleas generales, ocupaciones de la policía, solidaridad con los trabajadores en conflicto, se amoneda una época excepcional para el pensamiento. La huella de Lacan quedó, y Vincennes fue la primera, y hasta hoy única, universidad francesa con un Departamento de Psicoanálisis. Por su parte, el lingüista Henri Meschonnic, fallecido a comienzos de abril y cofundador de Vincennes, se había instalado en un Departamento de Literatura, iniciando un diálogo inédito entre lingüística, poesía y traducción. El propio Roland Barthes declarará** que la renovación de los estudios superiores de la literatura francesa se realizó en Vincennes con un rigor y una firmeza semejantes a la enseñanza de las universidades tradicionales.

A fines de los setenta, y anticipando otros reciclajes y otras volteretas, la Universidad fue mudada del bosque a un suburbio obrero, en lo que era la “corona roja” (rojo comunista) de París. Muchos de sus profesores emblemáticos se fueron para otras instituciones. En primera fila mediática, omnipresentes en la televisión y en la radio, aparecieron los “modernos” que explicaban que hasta aquí se había llegado, y que en lo sucesivo la elección era el único horizonte político posible. Elección de modelos de auto, de teléfonos, de canales de televisión, de diputados.

Desde febrero de 2009, la universidad francesa está en huelga contra los proyectos de reforma del presidente Nicolas Sarkozy. La reforma universitaria se sintetiza en pocas palabras mágicas: autonomía, empresa, mercado de trabajo, productividad, evaluación, gestión. So capa de otorgar mayor “autonomía”, Sarkozy atribuye a cada universidad la potestad de decidir quiénes y cómo la financien. En esta “novlengua” liberal, “autonomía” quiere decir desentendimiento financiero del Estado, y supeditación de la universidad a objetivos y criterios de las nuevas fuerzas financiadoras, a saber, las empresas y su lógica. El vínculo “universidad-sociedad” es resuelto en términos de “universidad-mercado de trabajo” o “universidad-necesidades de las empresas”.

Contra esta perspectiva, profesores y estudiantes han recurrido a la huelga, los piquetes, las manifestaciones, las asambleas, las conferencias, los debates, la retención de notas, las renuncias a cargos de dirección.

De todo lo hecho, quizás lo más cargado de significación haya sido la lectura pública de La princesse de Clèves, en continuo, en las puertas de La Sorbona. Esta novela del siglo xvii, que cuenta los amores delicados y culpables de una mujer devota, fue sostenidamente desagraviada por los universitarios en huelga, como respuesta a los comentarios desmandados de Sarkozy. En más de una oportunidad, Sarkozy utilizó La princesse de Clèves como ejemplo del saber sin valor, que debía suprimirse; como ejemplo del saber en que el Estado no debía gastar más dinero. Incluso en una charla con periodistas Sarkozy contó que había estado mirando el programa de estudio que deben preparar quienes concursan para cargos públicos, y había encontrado que en ese temario figuraba La princesse de Clèves y que eso le parecía un ejemplo clarísimo de pérdida de tiempo y de dinero. Y concluía, risueño, Sarkozy: “¿Se imaginan ustedes hablando sobre La princesse de Clèves con la señora de la ventanilla que los atiende en una oficina pública?”.
La escena, hilarante para Sarkozy, de una empleada pública que, además, puede mantener una conversación con quien sea sobre La princesse de Clèves, muestra la hilacha de su reforma educativa. La supuesta jocosidad de la escena sugiere que hay algo mucho peor que el Estado despilfarre dinero enseñando cosas inservibles, y eso mucho peor es que el Estado despilfarre dinero enseñando cosas inservibles –como la literatura del siglo xvii– a los pobres.

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2 Responses to “La Universidad de París VIII cumple 40 años”

  1. fabibi says:

    Bueno Vicente tienes que reconocer que nuestras universidades “autónomas” han perdido terreno moral para reclamar la arremetida del presidente contra su presupuesto… hablaré con el ejemplo de la central que ambos por haber estudiado allá conocemos de sobra: tú sabes que la universidad es como el país pero en miniatura, que hay muuuuuucho dinero y muuuucho recurso humano, intelectual, pero mal orientado. Es como el cierre de RCTV, no estubo bien pero era una mierda de canal que retomó el emblemático león y el nombre no abreviado -Radio Caracas Televisión- cuando se vió en apuros, o para ponértelo más claro, como la gente de purina cuando envenenaron a un poco de mascotas que empezaron a poner a los porteros, barrenderos y para usted de contar en los comerciales para ablandar el corazón de sus consumidores: “tengo 15 años trabajando aquí y no me habían tomado en cuenta hasta que matamos un poco e’perritos y bueno…” …la universidad despilfarra el presupuesto en papelería por ejemplo en lugar de contratar buenos profesores que tanta falta nos hacen; la basura pulula por doquier al tiempo que imprimen montones de afiches -en un papel nada ecológico por cierto- publicitando algún programa conservacionista que en la práctica nunca se aplica, etc. etc. tú sabes cómo es, no lo veas desde el “deber ser” porque Chávez no razona, como buen instrumento de la ley del karma es ciego… ¿recuerdas? la justicia es ciega. Él va a hacer torpemente lo que en su momento de buena manera no se corrigió. SAludos ; )

  2. vinz says:

    Sí, estoy de acuerdo en que la UCV pecaba de excesiva burocracia y falta de controles de calidad de los profesores y de los currículos. Yo mismo fui un ardente crítico de todo lo que estaba mal con mi escuela de Psicología y propuse vías para la reforma de Pénsum y jamás dejé de decirle a los profesores mediocres que eran una vergüenza. Consecuencia: me execraron.
    Así que sí, tienes razón, pero de allí a estrangular a una Universidad hay un paso vicioso que no se justifica. ¿Cuál es la otra opción, esperar a que la Universidad sea perfecta para darle dinero? Hay otras formas de pedir transparencia, mejorías y diálogo; yo lo hice en mi momento y el gobierno también podría hacerlo, ya sea el de Sarkozy o el de Chávez. Pero en ambos casos, la estrategia parece enmascarar una postura perversa y excluyente con las Universidades. No es exagerado decir que para ambos las Universidades son fruto de su desprecio, que no entienden para qué sirven o cómo funcionan, basta con leer sus declaraciones al respecto y verás la más crasa ignorancia con respecto a la investigación, las matrículas, la pedagogía y la utilidad de decenas de carreras de humanidades o comunicación social.
    Por todo esto es que creo que no debemos confundir “el derecho” de una Universidad o un canal de televisión de existir, con las opiniones particulares sobre ese canal. Ya lo expliqué en este artículo (http://tiny.cc/2Y4Dx), haciendo la analogía con la defensa de Chomsky del caso Faurisson, un tipo que a él le desagradaba sobremanera y sin embargo se batió a muerte para que Faurisson tuviera el derecho de expresar ideas que Chomsky repugnaba. Eso es libertad de expresión. Es demasiado fácil defender a la gente cuando estamos 100% de acuerdo, lo difícil es entender por qué es importante defender ideas contrarias a las nuestras. El chavismo no ha entendido esto.
    Saludos.

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