Apocalipsis griego

Apocalipsis griego

athens1

El avión parece relinchar antes de aterrizar en el aeropuerto de Atenas. “8 sobre 10”, pienso, en lo que será una de muchas analogías olímpicas en este país. Llevamos muchas expectativas, no sólo las ansias de conocer la cuna de la civilización occidental, sino la curiosidad de observar cómo se traducen los preocupantes índices macroeconómicos en los herederos de la nación de Aquiles.

athens2No damos ni veinte pasos antes de ver las primeras señales de la debacle financiera: una huelga de taxis sacude la capital. En términos prácticos, esto es un gran problema, ya que son la una de la mañana y no hay ningún medio de transporte público. Los amigos que nos invitaron están obligados a buscarnos, pero como no pueden venir, envían a sus padres. El señor, que está en plenos preparativos matrimoniales de su hija, nos lleva al hotel antes de devolverse y buscar a otros invitados que llegan a las tres de la mañana.










zeus4El día nos recibe con un calor de más de treinta y cinco grados. Visitamos la acrópolis: el mármol refleja el sol incandescente que derrite turistas entre los templos de Poseidón y Palas Atenea. Una italiana que cree que el costo de la entrada le da derecho a alquilar toda la acrópolis, hace aspavientos y le grita a los demás visitantes que nos quitemos, que ella quiere tomar una foto “sola”, “sin turistas”. Nadie le hace el más mínimo caso.

people2En un bar aledaño, un camarero nos dice lo que escucharemos de boca de los jóvenes durante el resto del viaje: “me quiero ir de aquí”. Cuando le pregunto a dónde piensa irse, me dice que le importa poco. Estados Unidos o China, me responde. Lo miro con incredulidad y me explica, “mi madre es camarera en los Estados Unidos y gana 4 veces mi sueldo. Y los chinos ahora tienen dinero. Voy a abrir una tienda como mecánico en Shangai”.

Al segundo día, empiezo a dar tropezones con el idioma griego. Con razón están quebrados: buenos días se dice, “Calimera”. ¿Quién puede querer ir a trabajar así? Sólo provoca contestar, “qué injusticia” y buscar alguna protección del sol, siempre inclemente, siempre ardiendo sobre tus hombros.

tinos2En la isla de Creta la huelga de taxistas toma otras dimensiones. Los conductores, en franca rebelión ante la liberalización de su profesión (el gobierno propone eliminar los controles para ser taxista), invaden el aeropuerto y perturban todos los vuelos. Esto hace poca mella a la emigración turística hacia las islas de las Cicladas. Por encima de la debacle económica, los mismos de siempre siguen bailando y bebiendo como si no pasara nada. Un amigo me dice que en la isla de Mykonos, la otra “Ibiza” de Europa, un parasol y dos sillas en la playa cuestan 40 euros. En las discotecas, la gente paga mil euros para subir a bailar en la zona VIP y beber champán.





tinoskidsEn tierra firme, conversamos con algunos amigos griegos quienes confirman la percepción generalizada: en octubre, cuando desaparezcan los turistas con su ingesta de cócteles sobre preciados y sus compras de baratijas de plástico en las tiendas de recuerdos, estallará un descontento social que hará que la guerra de Troya parezca un berrinche del Pitufo peleón. “Nos engañan y nos estafan –nos explica una amiga-, ¿puedes creer que acá los políticos prometen una cosa y luego hacen otra? Se roban el dinero. Son todos unos corruptos”. Lamentablemente, es un bolero nada original.







tinos1Pero el problema no es sólo político. Los griegos viven de manera muy precaria. El salario mínimo es de 600 euros, una cerveza vale dos. Una cena cuesta más o menos quince euros por persona. Nuestra amiga, que logró graduarse en la Universidad, apenas llega a mil euros. Dice que no podrá correr con los gastos de la casa que heredó de sus padres, aunque si la vende, tampoco podrá pagar un alquiler.

No hay trabajo en Atenas, la crisis económica del 2008 afectó sobre todo al sector terciario. Los griegos huyen de la capital, la solución está en trabajar en el sector primario o secundario, en volver a la producción. Ser campesinos o ganaderos, una opción nada atractiva para los citadinos estudiados.









tinos4

El país se ha quedado sin sueños. La gente se ha resignado a la supervivencia como forma de vida. Los proyectos económicos y laborales se desvanecen y, la poca gente que aún conserva su empleo, resiste las inmensas presiones de sus jefes por trabajar más tiempo por menos dinero. El paro obliga a los empleados a mendigar su sueldo.

sunios1

tinos3Vemos el atardecer en la isla de Tinos, el lugar más religioso de toda Grecia. Los feligreses se arrastran hasta la Iglesia de María para pedir favores a la virgen. El gobierno ha habilitado una calzada especial para los suplicantes: una alfombra de felpa recubre el asfalto en la empinada subida hacia la Iglesia. Mientras veo una señora avanzar de rodillas hacia el lugar santo, no puedo dejar de pensar en cuál dios habrá traicionado a los hijos de Aquiles. La sombra de Ares, el dios de la guerra, parece apoderarse de la ciudad cuando aparece la luna. Pronto llegará el otoño, pronto volverá a brotar la cólera por las calles de la otrora capital del mundo.

sunios2


perrogriego

Share

3 Responses to “Apocalipsis griego”

  1. Excelente reseña, V. Una mirada directa al centro del torbellino. Muchos pensamos que la situación política y económica en Grecia está lejos de estabilizarse, más allá de las ayudas europeas. Insisto: las imágenes (su belleza) contrastan mucho con las palabras que describen el ambiente callejero. “Calimera” por compartirlo.

  2. Mercedes says:

    Que envidia.

  3. vinz says:

    Un abrazo, men. Veremos qué sucede. Creo que la gente se cansó de las promesas de austeridad para seguir desarrollando la economía, sobre todo porque esa “austeridad” es para con nosotros (menos seguridad social), mientras los banqueros de siempre hacen millones en un abrir y cerrar de ojos al darle al botón de “vender/comprar” con el ratón.
    La gente ya no se lo cree, ni en Atenas, ni el Londres o Barcelona.
    Saludos

Leave a Reply

archivos