la muerte de un(os) (cuantos) burócrata(s)

la muerte de un(os) (cuantos) burócrata(s)

bureaucrats

¿Sabían que está prohibido reírse en la oficina de los desempleados, acá en Francia? Eso fue lo que aprendí hoy, después de que me echaran a la calle.

Todo es parte del parapeto: desde el nombre, la cosa se llama, “servicio de búsqueda de empleo” cuando todos sabemos que para lo único que sirve es para que los desempleados se inscriban y cobren el paro. Luego te piden “amablemente” que te vayas, en vez de ser sinceros y lanzarte a la calle tipo príncipe de Bel-Air.

Pero es que es imposible. Cualquiera que haya leído “el proceso” o visto la película cubana “la muerte de un burócrata”, no podrá sino desternillarse de la risa cuando la realidad emula la ficción. Es que desde los tiempos de Ásterix la cosa tiene matices de sanatorio, como saben los que vieron “Ásterix en la casa de los locos” que, a pesar de estar en francés, se entiende perfectamente.

Bueno, empiezo por resumir el periplo: alguien me dijo que si me inscribía como “demandante de empleo” (sic), podía obtener un pase de metro gratis y reducciones en los museos. Genial. Pa’ qué más. No que saltar el torniquete no sea divertido, pero a veces no quieres jugar al gato y al ratón con la policía subterránea. Para mí, no tener que saltar más significaba un aumento en la calidad de vida equivalente a tener agua en un barrio de Dakar. Así que llamé.

“Recibirá la convocación, con los requisitos, por correo. Tiene cita el martes en la mañana”. Pues muy bien. Au revoir.

Por supuesto que la cita nunca llegó, y cuando finalmente atendieron el teléfono hoy en la mañana, me dieron una lista de papeles que llevar y me dijeron que fuera inmediatamente.

Llegué media hora tarde y claro que nadie me creyó que no había recibido la convocación. Así que llene esta planilla y espere. La planilla me confundió un poco, con sus preguntas de, “usted busca trabajo en qué área”, porque yo no estoy buscando trabajo exactamente, estoy esperando que me caiga trabajo, lo cual es muy distinto. Entretanto, pensaba usar el metro gratis e ir a los museos, beber vino en el parque y escribir poemas malos. Un plan de lo más europeo. Uno creería que ellos entenderían este tipo de cosas.

Al rato, apareció Mediocre Nº1, como bauticé a la que me atendió. Su allure de burócrata era, en sí, motivo para un sketch de The Office. Cero humanismo, cero empatía con los demás; sus frases empezaban todas con una disculpa, “lo sentimos, pero el sistema, etc.”, o con afirmaciones filosóficas sobre el estatismo del mundo, “qué le vamos a hacer, las cosas son así y punto”, una vaina que ni Xenón de Elea.

Por supuesto que Mediocre Nº1, al igual que sus colegas, tiene el mismo entusiasmo y energía de una almeja. Te mira, con su frente sudorosa y sus pupilas magnificadas por las gafas pagadas por el seguro social, con esa expresión de que su trabajo es lo peor que un ser humano puede hacer en la vida. Hasta un enterrador se me hace más feliz.

Claro que cuando yo la veo atravesar el decorado burocrático, de fotocopiadoras con el cartelito “fuera de servicio”, los papeles escritos con marcador grueso e ilegibles pegados encima de otros papeles igual de ilegibles, que explican algo sobre dónde hay que llevar el formulario X; y la cara de Mediocre number one, que viene como médico a punto de decirte que tienes cáncer, pues me digo, ¡chanfles!, me jodí. Y me empiezo a reír.

¿Por qué me reía? Era la suma de todo: los azares de mi convocación perdida, los aires de set de Truman Show para que los franceses se diviertan con tu odisea, las frases pseudo-respetuosas que esconden la verdad: que tú y tu vida le saben a mierda a esa señora. Era como un skinhead reencarnado en señora fea. Estoy seguro de que Mediocre Nº1 aplaude cuando en La naranja mecánica los droogs agarran a palazos a un pordiosero.

Y me dice, “lo sentimos mucho, pero como llegó tarde perdió la cita”. Yo me río. No de ella; de la vida en general, de Dios, son esas vainas que nos dan a nosotros los disociados. Claro que me juego mi carta: “pero es que yo no recibí la convocación…”, y ¡zas!, como Nadal rematando por encima del hombro, me la suelta, “esa no es mi culpa. Qué le vamos a hacer, las cosas son así y punto”.

Y me reí. Sí, me reí de su actuación prefabricada, reencauchada, repetida mil veces. Parecía corista de Cats después de 40 años haciendo la función todas las noches. Ella, algo trastornada, me dice, “le propongo espere acá a ver si alguien más no llega y usted toma su puesto”.

Espero Dios sepa perdonarme. Porque era la cereza encima del pastel. Miré alrededor, a propósito, para evaluar el ambiente de basurero social, y luego le dije, “¿quedarme aquí toda la mañana? Disculpe. A pesar de que tienen un ambiente encantador (charmant), tengo que decirle que paso. Gracias, pero no”.

Ella -que empieza a ofuscarse-, “pues entonces haga otra cita. Allá está el teléfono, en línea directa”. Pues qué bien, pensé, de lo más ingenuo. Hago otra cita y me vengo con todos los papeles a la hora que es.

Diez minutos más tarde, la gente no paraba de observarme mientras me reventaba de la risa con el teléfono en la mano. Porque el teléfono era puro tu-tu, ocupado; diez minutos, ¡diez minutos!, llamando y nada que se comunica. El súmum llegó cuando intenté cambiar de teléfono y, al acercarme al de la otra esquina… ¡No tenía bocina! ¡Alguien se la había arrancado!

La vi, como maestra de preescolar, parada detrás de mí con los brazos cruzados. “Es demasiado -le expliqué-, ayayay, no puedo más. Increíble. No me envían la convocación, me proponen perder toda la mañana acá, en el monumento a la tortuga, y ¡luego me hacen llamar a un número que no funciona! Nonono. Chapeau. Increíble. Yo sabía que la cosa iba a ser kafkiana, pero es que ustedes se llevan el premio mayor”.

Y fui escoltado a la salida por Mediocre Nº1, quien nunca entendió por qué le daba las gracias o por qué decía que me había alegrado el día. “La vida es una comedia, como decía Héctor Lavoe”, le expliqué, antes de pisar la calle y respirar humanidad nuevamente.

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3 Responses to “la muerte de un(os) (cuantos) burócrata(s)”

  1. Juan G. Hernandez says:

    hoy como q era el dia de los funcionarios publicos
    http://www.elchiguirebipolar.com/2010/05/top-bipolar-frases-tipicas-de.html

  2. vinz says:

    Fuckin’ Chigüire. Qué buenos son esos panas. A veces me da la impresión que son un termómetro sobre la tolerancia y la libertad de expresión…
    Saludos.

  3. tArzan says:

    Pana Vinz
    Ya esa me la conocia, pero la version del sur (Montpellier) ahora me toca “vacilarme” la version schpuntz, como dicen los franchutes, aca en Berlin la vaina es mas cercana aun al pana Kafka, aqui lo entiendes porque escribia como lo hacia.

    sAludos

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