De la dictadura del proletariado a la dictadura de la actualidad

De la dictadura del proletariado a la dictadura de la actualidad

superman_red_sonEl artículo del periodista español Xavier B. Fernández abre la colección de textos de “La revista“, publicación cuya organización es completamente azarosa, dicho sea de paso. Sin embargo, las reflexiones del viejo camarada del Nuevo Cojo Ilustrado sientan las bases de todas las ideas que vendrán después en La revista, ya sea para corroborar el acuerdo con sus críticas y señalamientos, ya sea para colocarse en la acera diametralmente opuesta a sus ideas. Quisiera entonces hacer algunos comentarios sobre su intervención para empezar el debate en torno a esta iniciativa editorial en la red.

La uniformización de los modelos humanos alrededor de una sola idea. Varios terrenos han sido invadidos por el pensamiento de la globalización, doctrina filosofico-económica que se ha venido imponiendo a pasos agigantados por todo el planeta. Desde acá hemos ventilado dudas sobre la reducción de todo aspecto de la vida humana al inmediatismo del consumo / desecho enmarcado por principios económicos de ganancia monetaria. Que la carrera tecnológica por el desarrollo de soportes más avanzados deba realizarse en ese marco es obvio; que todos los aspectos de lo humano -lo cultural y lo político por ejemplo-, puedan hacerlo es un salto conceptual que me parece errado. Incluso la carrera hacia delante a como dé lugar en tecnología produce baratijas y bodrios electrónicos sin utilidad (un teléfono con nivelador de estantes, un sacacorchos con llave USB), evidentemente, en la industria del entretenimiento no podría ser de otra manera. Sin embargo, lo que más punta le saco al artículo de Xavier es su capacidad de mostrar cómo la cultura, otrora actividad subversiva y emancipadora, ha sido reducida, por “la dictadura de la actualidad”, a un objeto de consumo cuyo significante se agota rápidamente.

Creo que esto responde a la misma lógica inherente a esa globalización acelerada: la capacidad de anular movimientos molestos para el sistema o integrarlos, reificarlos y venderlos en un contexto inofensivo (afiches del Ché Guevara o grupos de música punk).

Lo que tenemos enfrente es una forma de concebir el mundo y el ser humano sin tomar en cuenta procesos inscritos en el tiempo, como el pensamiento o la reflexión. Es decir, en aras de un aumento de la productividad ad infinitum (que nadie puede justificar tampoco) el modelo liberal justificará, de modo utilitario, que el valor de una creación artística se medirá en la cantidad de gente que se adhiere a la propuesta y la compra (o manifiesta su contento). Por supuesto que aproximaciones de tal tipo (una buena introducción es el libro “las virtudes del egoísmo“, de Ayn Rand) hacen abstracción de todo proceso mental o interno ligado a la experiencia de la obra y suponen, de manera conductista, que pase lo que pase, si un millón de personas compra el disco X, es porque es un artista “popular“. Mucho podríamos decir de la publicidad, el trending y el acoso publicitario, pero ese es otro tema (referirse a No Logo, de Naomi Klein).

En lo político, Xavier muestra cómo la izquierda, ante un discurso pragmático capaz de movilizar al electorado de parte de la derecha, no ha sabido responder de manera coherente. Existe, es verdad, una explosión en los micro-grupos activistas como Reclaim the Streets que la propia Naomi Klein se da en aplaudir pero lo cierto es que ni ella ni Noam Chomsky con sus loas al altermundialismo tienen la más remota idea de cómo transformar un micro-grupo que hace fiestas rave en las calles de Londres en una postura política capaz de ganar espacios y hacer algo más que graffitear propagandas.

Es por ello que pienso que lo que la derecha entendió y la izquierda aún no (no que tenga esperanzas, en esta época, la izquierda no parece entender mucho) es la forma en la cual el discurso político puede ser manipulado para dinamitar el vínculo de representación igual que las corporaciones entendieron cómo dinamitar el vínculo de la “calidad” a través de la publicidad salvaje.

Este “juego” fue el que traté de aislar en mi contribución a “La revista” y que trataré de ampliar cuando le llegue el turno a mi artículo. Pero no dejo de rescatar en el artículo de Fernández, (1) el acertado diagnóstico sobre la aceleración del tiempo entre producción y consumo; (2) cómo esta aceleración juega hacia la conservación del sistema ya que impide procesos complejos de pensamiento y análisis (porque llevan tiempo) y (3) cómo el todo, aunado a un discurso efectista de parte de los gobiernos (basados en el terror, la seguridad, el miedo a la otredad, el inmigrante, el árabe, la crisis, etc.) crea un caldo de cultivo súmamente nocivo donde los ciudadanos se aislan, se compartimentalizan y son arrollados por la maquinaria publicitaria, política u otra.

Terminaré diciendo que, al igual que el vínculo pragmático no garantiza calidad (sólo es una constancia de ventas), lo que más afecta a la crisis democrática actual, a nivel mundial, es la falta de mecanismos que vinculen los políticos y sus partidos, sus discursos, con sus acciones. Es decir, si yo prometo devolver el CD de Massive Attack que me prestó Xavier y no lo hago sino que me lo quedo, mi palabra quedará en entredicho la próxima vez que le pida algo. Ese juego, utilizado a las mil maravillas por alguien como Berlusconi, por ejemplo, crea un daño institucional intangible, de proporciones enormes. ¿Qué piensa usted, lector, que pasará en los Estados Unidos si Obama no lograr cambiar las cosas que prometió cambiar? Puede que sea el fin de la ilusión, o más bien, el fin de la ilusión para aquellos que todavía la entretienen.

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