“Perdidos en el laberinto de espejos del Fuerte Tiuna” (Yo maté a Simón Bolívar)

YMSB2(Extracto del libro, “Yo maté a Simón Bolívar“, de su tomo Ying).

El Comando General de las Fuerzas Armadas, ubicado en el quinto piso del Fuerte Tiuna, era la única esperanza que le quedaba al General Wenceslao García para poner algo de orden en la extrañamente caótica institución militar venezolana. Avanzó por los brillantes pasillos hacia la oficina principal donde hasta hace poco habían llovido recriminaciones y acusaciones entre las diferentes facciones de la alta jerarquía militar.

García estaba convencido de la existencia de un plan desestabilizador del cual podía identificar algunas cabezas visibles: El General Braulio Tovar Hernández y el Vicealmirante Fernando Rodríguez Costa. Sin embargo, mientras se acercaba al ojo de la tormenta donde se gestaba la peor crisis militar en la historia reciente de Venezuela, reflexionó sobre la extensión del posible plan golpista: Ni Tovar Hernández ni Rodríguez Costa comandaban tropas, al igual que los uniformados que desfilaban por la televisión privada, lo cual hacía al pronunciamiento parecer nada más que un elaborado bluf.

La situación no podía ser más complicada: Con el país incomunicado y la guarnición de Maracay en las manos de un conocido demócrata y constitucionalista, la división nacional se reflejaba en la institución castrense. La población, la policía y las Fuerzas Armadas eran presos de la más grande desinformación gracias al monopolio de los eventos que realizaban los medios, por lo cual una fractura en el alto mando militar podía fácilmente desembocar en una guerra civil.

García respiró hondo, preguntándose cómo el presidente había caído en la trampa del supuesto bombardeo, un ultimátum lanzado guapetonamente por los militares sin tropa y sin ningún mando sobre la Fuerza Aérea. ¿Estaría el líder del país acabado? ¿Aceptaría renunciar?

Si algo era cierto, era que el conocido golpista que en 1992 apareció frente a las cámaras para lanzar el ya histórico “por ahora” que lo propulsaría a la presidencia seis años más tarde, no era ningún arribista oportuno. A pesar de la imagen que propalaban los medios con maldad viperina, según la cual el presidente no pasaba de ser un guarro de mal gusto que contaba con una increíble e inexplicable suerte, era innegable que el antiguo Teniente Coronel poseía ciertos dones de estratega.

También era obvio que el presidente distaba mucho de ser el arquetipo del político sagaz. La imagen europea, del jefe de Estado gran maestro de ajedrez, capaz de escribir densos tomos de memorias sobre los vericuetos de las relaciones internacionales y adornarse con anécdotas de copas pasadas al lado de los baluartes culturales de mayor alcurnia del primer mundo, no correspondía al verborreico y gritón presidente venezolano.

Wenceslao García se preguntó si los militares alzados encarnados en el General Braulio Tovar Hernández y el Vicealmirante Fernando Rodríguez Costa, habían tenido cuenta de la sutil capacidad del presidente nativo de Sabaneta para escabullirse de las situaciones más inverosímiles. Si bien era cierto que el país carecía de epopeyas militares y políticas equiparables a las visionarias apuestas del joven Fidel Castro, quien le sacó ventaja y provecho a las torpes y binarias lecturas norteamericanas de su continente, el presidente venezolano había mostrado un increíble olfato e instinto de supervivencia para reponerse de las adversidades más infranqueables. Mientras la oposición lo siguiera considerando un inculto rebosante de casualidades fortuitas, un papagayo capaz de evitar las más afiladas montañas gracias a la conveniente e inexplicable brisa de último momento soplada por los aires de la suerte, el presidente los seguiría engañando con su acto de prestidigitación que volteaba la mesa de los taimados planes de los sectores reaccionarios cuando ya cantaban victoria.

El General Wenceslao García abrió la puerta de la oficina principal para introducirse en una acalorada discusión donde diferentes oficiales del alto mando proponían y rechazaban alternativas a la crisis. Se dirigió primero hacia el apartado General Roberto quien, junto con García, había sido uno de los primeros en presentar su renuncia al presidente luego de oponerse a la aplicación del Plan Ávila.

-¿Ya lo trajeron? –preguntó escuetamente García.

-Está en el cuarto de al lado. Acaba de llegar. Le dieron un café, pero yo lo veo tranquilo, aunque está fumando más que una puta presa.

-Qué comparación tan infeliz –exclamó disgustado García-. ¿Va para Cuba?

-Hmm. Eso lo tenemos que ver. Tovar Hernández y Rodríguez Costa quieren dejarlo preso acá –Roberto señaló el otro lado de la habitación, donde los militares disidentes se encontraban conversando con la espalda hacia García. El General se retiró el quepis y se pasó un pañuelo por su sudorosa frente antes de dirigirse hacia los que hasta hace poco fueran sus camaradas.

-General, Vicealmirante –saludó respetuosamente para llamar su atención. Los militares se voltearon, interrumpiendo los susurros de volumen conspirativo, para encarar al General.

Wenceslao García observó, extrañado, la calva brillante, pulida con cremas europeas, del pequeño individuo impecablemente vestido de traje que sonreía calmadamente detrás de los militares. El General arrugó la frente y se salió de sus cabales para preguntar por qué estaba ese sujeto en la reunión del alto mando militar.

-Qué coño hace él aquí.

El pingüino venezolano, cuyo poder, riqueza e influencias se extendían a lo largo del globo entero, se abrió paso calmadamente entre Tovar Hernández y Rodríguez Costa para mostrar una sonrisa complaciente y extender la mano hacia Wenceslao García.

-General, por favor, no se altere. Yo vengo en calidad de representante de la sociedad civil. Estamos coordinando las mejores acciones a tomar para salir de este embrollo. Le garantizo que, sea cual sea su decisión, la cámara de patronos y empresarios, el sindicato de obreros y los medios de comunicación lo respaldamos cabalmente –aclaró el sujeto con el brillo de la yunta dorada que resplandecía en la muñeca extendida de su camisa como ofrecimiento de paz.

Wenceslao retrocedió, confundido. Tovar Hernández y Rodríguez Costa intercambiaron miradas sospechosas antes de volverse hacia el General.

-¿Le pasa algo, García?

-Qué… Qué hace él aquí –balbuceó nuevamente Wenceslao, frotándose los ojos con la mano derecha y señalando al empresario con la izquierda.

-El General tiene razón, señores –intercedió el intruso-. Estos asuntos no competen a la sociedad civil. Sepan que, en su calidad de militares democráticos, cuentan con el apoyo irrestricto de todos los sectores. ¡Viva Venezuela! ¡Viva la democracia! –lanzó, elevando sus manos al cielo, antes de retroceder para abrir la puerta y ausentarse.

Wenceslao García se sintió pesado, como si sus piernas rechazaran el estatuto de General más importante entre todos los presentes. Se sentó, intentando ordenar sus ideas y retomar su aliento. Los demás militares lo escrutaron con la mirada, algo desorientados ante el cuadro desacertado de la cabeza más pesada del ejército perdida en una mirada acuosa.

-Bueno, señores, es hora de pasar a las cosas serias –dijo Tovar Hernández, dando un paso al frente como en las viejas formaciones de cadetes-. El presidente tiene que renunciar y dar paso a la sociedad civil que reconstruirá el país.

-Que renuncie y se asile en Cuba –lanzó uno de los presentes-. Será lo mejor. Vamos a plantearle la situación y arreglamos todo.

-¿Cuba? –interpuso Rodríguez Costa-. Imposible. El presidente va preso, tiene que responsabilizarse por lo que ha pasado hoy.

-¡No podemos meter en una cárcel al presidente de la República! –espetó el General Roberto-. ¿Ustedes se han vuelto todos locos? El primero que lleve al presidente preso, será acusado de rebelión y golpe de Estado al poder constituido.

Tovar Hernández se paseó por la habitación y el silencio sepulcral de un alto mando atrapado por sus propios designios.

-El presidente no puede ir a Cuba. Si lo dejamos reunirse con Fidel, será una pieza de desestabilización que creará el caos en el país desde el exterior. Esa no es una opción.

-Claro, pero si lo metemos en un calabozo en tierra venezolana, no pasarán ni dos días antes de que los grupos que lo apoyan y la gente del pueblo se lance en un rescate suicida.

-A menos –pensó en voz alta Tovar Hernández-, que obtengamos una renuncia firmada. Si el presidente renuncia, no podremos ser tenidos responsables por su dimisión, ¿no? Luego será cuestión de restablecer el orden.

Wenceslao García retomó sus fuerzas, poniéndose de pie para dirigirse a todos los militares.

-¿Orden? ¿Qué orden? El presidente está en la habitación de al lado, depuesto del poder. Yo no sé qué piensan ustedes, pero la única salida es retomar el hilo constitucional. Tenemos que juramentar al presidente de la asamblea. Eso es lo que dice la constitución.

-García, ¿usted vio lo que sucedió hoy en Puente Llaguno? Hay gente muerta, tiroteada por el descalabro político que vive este país. No podemos poner a un títere del presidente. Cualquier persona ligada al gobierno no hará sino obrar para que él vuelva de Cuba o de la mazmorra donde va a terminar. Tal vez sea mejor… -Rodríguez Costa dejó su frase abierta, sin terminar, con un brillo en sus ojos.

-¿Qué? ¡No, no! Compañeros, esto ha sido suficiente. Yo voy a hablar con el presidente. Pero que quede claro: el primero que toque un pelo de ese señor va a ser responsable de una insurrección popular que va a hacer que el bogotazo parezca una gresca de taberna, al lado de lo que se desencadenará en el país.

Wenceslao García se retiró de la oficina descompuesto. Sentía las manos de sus camaradas temblando de excitación ante la posibilidad de defenestrar al mandatario. Sacudió su cabeza ante la idea de lanzar a todo el país a una guerra civil incontrolable.

El General intentó mostrarse calmado y en control de la situación cuando abrió la puerta que retenía al presidente. Lo vio sentado tranquilamente, con un cigarrillo en la mano derecha y una extraña mueca perspicaz de quien ha entendido el juego de cartas que posee el contrario.

Tomó asiento frente a quien hasta hace pocas horas fuese su Comandante en Jefe. Se percató de que Tovar Hernández y Rodríguez Costa se habían colado en la habitación y permanecían de pie contra la pared del fondo. Titubeó, sopesando la posibilidad de voltearse para echarlos del recinto, pero prefirió, al igual que durante todo el once de abril, dejar que los eventos se desenvolvieran por sí mismos, para mantener así una apariencia de coherencia militar frente al presidente. Este sonrió cínicamente y aplastó el cigarrillo contra el cenicero, exhalando una gran nube de humo que se propagó por toda la habitación.

-Entonces, Wenceslao. Qué me cuentas.

-Presidente –Wenceslao hizo caso omiso de su tono amigable-, he venido a pedirle que renuncie. Hemos estudiado todas las opciones y creemos que esto ha ido lo suficientemente lejos. Por el bien del país, por el bien de las Fuerzas Armadas, para detener el derramamiento de sangre: le ruego considere dejar el cargo que hasta hoy ha ocupado.

El presidente estudió el rostro preocupado, de mirada huidiza, del General. Echó la vista hacia la pared donde vio, petrificados como en una formación militar, a Tovar Hernández y Rodríguez Costa, camuflados en la sombra de la habitación.

-Claro, Wenceslao. Claro. Ya esto lo habíamos hablado. ¿No te contaron Fernando y Braulio? Ellos me prometieron garantizar mi integridad física y ponerme en un avión a Cuba. ¿Ya tienes el avión? ¿Cuándo viajo?

El General García sintió su ritmo cardíaco acelerarse mientras veía al presidente inclinarse en su silla y beber un sorbo de café. Sopesó sus opciones: ¿sería una jugada de parte del mandatario? ¿Estaría el presidente tomándole la temperatura al dividido cuerpo militar?

El presidente no podía saber con certeza la situación en la oficina donde los Comandantes y Generales daban tropezones desorganizados buscando la mejor salida. Es por eso que era fundamental mantener el viso de coherencia. ¿Por qué afirmaba el presidente entonces que las condiciones ya habían sido establecidas? Si García se tornaba para interrogar a los militares rebeldes, no sólo dejaría al descubierto la formación improvisada del alto mando, sino que sería abdicar su cadena de mando a favor de dos militares sediciosos que ni siquiera comandaban tropa alguna.

El General intentó mostrar algo de la firmeza atribuida a su cargo, al mirar al presidente y decirle:

-Eso no va a ser posible, presidente. No se puede ir para Cuba.

-¿Ah, no? Mira qué vaina… ¿Y entonces, García? ¿En qué quedamos? ¿Me van a meter preso?

-Usted ya está preso, señor presidente. Lo que le pido es simplemente que firme su renuncia.

El presidente no pareció reaccionar ante la afirmación de Wenceslao. Estiró los brazos y lanzó un bostezo cansado, casi aburrido. Luego de conocerlo de cerca, el General rogó que no se lanzara en uno de sus soliloquios típicos, llenos de capítulos pintorescos sobre la infancia descalza en Barinas y las andanzas heroicas del joven Teniente Coronel en la frontera venezolana.

El presidente bajó los brazos, retomó su compostura y meneó la taza de café, hundiendo su mirada en lo que quedaba de oscuro líquido.

-Así son las cosas, chico. Al final, si no te tomas el café cuando está caliente, lo que te queda es conformarte con esta asquerosidad. Pero sabes qué, Wenceslao, hay algo que estás olvidando, hermano. Yo no vine aquí preso –afirmó el presidente, tornándose súbitamente serio e incriminando al General con su mirada-, yo vine aquí para hablar con los Generales. Con todos ustedes. A mí me prometieron un avión para Cuba, ¿y sabes qué? O me das mi avión o no renuncio, chico. Y ahí sí que van a tener que ver qué hacen. Métanme preso, que amanecerá y veremos –concluyó el mandatario, estampando su taza sobre la mesa.

El General García hizo lo posible por disimular el enrojecimiento de su rostro. Pensó en levantarse y empezar a repartir bofetadas: Al presidente, por su eterna soberbia; a Tovar Hernández y Rodríguez Costa, por ser tan torpes y haber subestimado al antiguo golpista. Se puso de pie y se excusó balbuceando que había recibido nuevas informaciones que tenían que ser consideradas de inmediato. Invitó a los militares a acompañarlo y, al salir de la habitación y cerrar la puerta, sintió la soga histórica apretarse en su cuello, mientras pensaba en Mary Bastidas y el rol que le sería asignado en la posteridad venezolana. No era tiempo para auto-evaluaciones, ya que, mientras más avanzaba el tiempo con el ineluctable drenar del reloj de arena, más se enterraba el General en el pantano de la complicada conspiración militar de esa tibia madrugada de abril.

Yo maté a Simón Bolívar, una novela en dos tomos editada por Ediciones Masa, está disponible en Amazon.

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Una entrevista en línea

El blog “Tinta nocturna“, animado por Alan Dalloul desde Maracaibo, Venezuela, me pidió que respondiera unas preguntas. La verdad que no pensé que tendría tanto que decir hasta que me senté a ordenar las ideas. Nos paseamos por algunos libros, la experiencia creativa y la pregunta de siempre, por qué se escribe. Terminé, sin querer queriendo, diciendo cosas como éstas:

“Querer crear, querer escribir, es un acto seminal de rebeldía que nos obliga a enfrentarnos a nuestras dudas más incipientes (seré bueno en esto, tendré algo que decir, etc.) y nos coloca frente al vértigo de un futuro incierto. No entiendo, ni comparto, los escritores que pretenden reducir la creación a una zona de comodidad controlada y agradable: quieren tener su salario de 15 y último garantizado, quieren « entrar » en círculos de influencia cultural y, lo que es peor, le tienen miedo al riesgo (en estilo y temática) por perder esa pequeña cuota de poder. Escribir, para mí, es negar esa vida que comúnmente nos traza la sociedad (cómo cuestionar los valores de dicha sociedad si no), no prolongar las prácticas clientelistas de un partido político, sólo que rodeado de amigos que saben algo de ortografía y narrativa”.

Pueden leer el resto de la entrevista aquí.

Este proceso ha sido extraño, debo confesar. Me refiero al camino literario. Lo único que podría agregar a la entrevista es que, cuando las cosas dejan de ser importantes, es que se dan. Francamente, hoy por hoy, me importa un bledo que me publiquen o me lean. No me quita el sueño (de allí que siga este diálogo autista, gritando en el ciber-desierto, conmigo mismo). Entonces, es paradójico que, cuando finalmente estoy contento en mi esquina, las cosas se empiecen a dar.

Tal vez eso sea lo único que tengo que decir por ahora: el que quiere escribir, que escriba. El que quiera ser publicado, entrar en círculos literarios y aparecer en televisión, que vaya a las fiestas y trate de jalarle bolas a todo el mundo, por más horrorosa que sea su literatura.

En Venezuela tendemos a olvidar eso. Tendemos a apurarnos, a querer ser reconocidos y leídos. Ese no es el punto de mi escritura. Personalmente, con todas mis limitaciones y errores, estoy orgulloso de haber escrito lo mejor que podía “Yo maté a Simón Bolívar“. Por supuesto que estoy sorprendido (y agradecido) que la gente de Masa Editorial sea tan suicida que actualmente quiera publicar la novela. Pero ese es otro tema, del cual sé poco. Lo único que me quita el sueño (o, en estos momentos, me da paz), es saber que capítulos como “Beban mi sangre” son lo mejor que pude escribir en ese momento.

Creo que nuestra generación tiene las herramientas y el acceso a una tecnología de punta, que nos permite ser verdaderamente libres. Personalmente, me interesa explorar más esas posibilidades que pasar por los medios tradicionales, de feudos de poder, donde hay que jugar un juego extraño de favores para existir. Abramos los ojos, gente: sí se puede hacer cortometrajes sin dinero, sin apoyo y sin nada. Sí podemos publicar. En fin: sí se puede pensar fuera de los límites preestablecidos.

El año que viene seguiremos experimentando con las creaciones independientes y alternativas. Por allí viene otro Niu Imaginarium. Por allí estamos montando un proyecto alternativo con algunos anarquistas de internet.

2011 va a ser divertido…

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“Beban de mi sangre” (Yo maté a Simón Bolívar)

YMSB2(Extracto de la novela doble, “Yo maté a Simón Bolívar“. Primer capítulo del libro Yang).

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Beban de mi sangre

Siento sus pesadas botas pisotearme. Una estampida de nacionalismo –hoy desarrollaremos al país- dicen, mientras oprimen mi garganta e intentan violarme con sus tubos de acero.

Finalmente eyaculo, un chorro de semen cayendo en el rostro del dictador Gómez y salpicando a las potencias extranjeras.

Los nutro, permito que me chupen, sus avariciosos dientes royendo mis venas hinchadas, succionando mi corazón.

Ellos padecerán, ellos verán los diablos que salen de mi alma.

Habrá fiesta, habrá regocijo, al final todos vestirán oro, sin percatarse de que los llevaré al hoyo negro, que mezclaré su sangre y sus huesos hasta convertirlos en un líquido rancio.

Soy un abanico de posibilidades. Soy la libertad. Conmigo no habrá restricciones, no habrá moral. Todo lo pensarán, todo lo harán para beber de mi boca. Traicionarán, denunciarán, torturarán y matarán. Siempre vendrán pidiendo más. ¡Soy la droga perfecta!

Yo los espiaré. Me deslizaré bajo sus pies, oculto entre inmensas capas de tierra. Sentirán mi presencia, el imán de la riqueza atrayéndoles con su canto de sirena:

-Por qué no somos más adinerados –preguntarán en voz alta-, por qué no tengo una casa grande.

Estiraré mi barba mefistofélica para escurrir gotas que los alegrarán. Habrá inversión extranjera. Multiplicaré el empleo al antojo de sus políticos.

Las naciones desfilarán y venerarán este país, incluso a veces el respeto será sincero.

Seré una lanza, un arma diplomática. Tronarán los gritos en las salas de discusión, compraré alianzas y mantendré la máquina aceitada y andando.

La orgía durará siglos. Crearé lagunas enteras de betún donde ellos se bañarán y beberán hasta saciarse. Los cuerpos se revolcarán haciendo el amor en mi lodo de combustión y gula.

Algún día desfalleceré, pálido e incapaz de hacer girar el molino. Pero ellos no lo aceptarán. Tratarán de reanimarme, introduciendo tubos en cada centímetro de mi piel.

Y cuando se resignen y desistan en su tortura desesperada de mi carne, jamás serán agradecidos. No mirarán la época pasada con satisfacción y placer. No verán lo privilegiados que fueron.

Mientras me marchito y me seco, no puedo dejar de pensar en lo torpe y corto de vista que ha sido este grupo de seres aglomerados en un terruño que porta la cicatriz del Orinoco arañándole el Amazonas.

(Novela disponible en línea en Amazon.com. Libro Ying, libro yang).

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Yo maté a Simón Bolívar

YMSB2Una novela, disponible en línea en Amazon.com. Un intento de construir narrativa de ficción sobre la delgada línea roja de la realidad: el 11 de abril del 2002, o el “nain ileben” (9-11) venezolano.

Una realidad, dos lecturas, dos protagonistas: “Yo maté a Simón Bolívar” está compuesta por dos libros, ying y yang, que se complementan, se entrecruzan, a veces se funden en un solo relato. Los mismos hechos se narran desde extremos opuestos, por lo cual la lectura del libro debe considerarse incompleta si no se aborda “el otro lado”, sin importar cuál lado se ha leído primero.

Dos Historias, dos versiones de los hechos, dos bandos radicalmente divididos y enfrentados a ultranza.

Un solo país.

¿Quién mató a Simón Bolívar?

Acá les dejo la contraportada del libro. Estamos trabajando en la versión física en papel del texto, que reproduce de manera más fidedigna la idea inicial que tracé para el libro, en lo que se refiere a estilo y edición. Este libro “edición de coleccionista”, comprenderá *ambas novelas*, una contra la otra, con dos portadas y ninguna contraportada. El lector puede empezar a leerla desde cualquier “lado”.

En estos días publicaré por acá algunos capítulos representativos, para que puedan ver el estilo y la intención que se avanza en la narrativa.

Contraportada
11 de abril de 2002. En el Centro de Caracas, a escasas calles del Palacio de Miraflores donde se encuentra el Presidente de Venezuela, suceden enfrentamientos armados donde caen abatidos decenas de ciudadanos. La crisis institucional, social y política que le sigue constituye el polémico escenario sobre el cual se teje uno de los proyectos literarios más arriesgados de la literatura venezolana contemporánea.

A través de dos personajes opuestos pero complementarios, la novela Yo maté a Simón Bolívar pasea al lector por los discursos predominantes utilizados por el gobierno y la oposición, a la vez que construye una complicada telaraña de intrigas y tramas diferentes. Valiéndose de una diversidad de estilos tomados de la novela negra, la narración en primera persona, el surrealismo y las mangas japonesas, Yo maté a Simón Bolívar nos presenta un país radicalmente dividido donde se construye una novela que debe ser leída “desde ambos lados”, ying y yang, para ser entendida a cabalidad.

Vicente Ulive-Schnell (Caracas, 1976) posee una licenciatura en Psicología Clínica y Social, un Master en Etnometodología y un Doctorado en Filosofía del Lenguaje. Esto le ha abierto las puertas a excitantes ofertas laborales como barman, niñero, guía turístico, vigilante nocturno, profesor de maternal, obrero de mudanzas y demás. Es autor de 3 novelas, Anécdotas de la decadencia caraqueña, Caracas cruzada e Historias de un arrabal parisino. Miembro del colectivo independiente de creadores Niu Image, ha escrito y realizado varios cortometrajes; también organiza proyecciones, conciertos y lecturas, durante la manifestación alternativa e impredecible Niu Imaginarium. Fue una de las figuras emblemáticas de El nuevo cojo ilustrado y ha colaborado en varias compilaciones de escritores latinoamericanos.

(Yo maté a Simón Bolívar está disponible acá: Ying y Yang)

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Chávez da un carmonazo (una telenovela dividida en 23.452 capítulos)

Cuando leo cosas como esta:

“Artículo 331. Los ascensos militares se obtienen por mérito, escalafón y plaza vacante. Son competencia exclusiva de la Fuerza Armada Nacional y estarán regulados por la ley respectiva.”
(Constitucion de la Republica Bolivariana de Venezuela)

Y luego veo videos como este:

Me doy cuenta de que Pedro Carmona Estanga nunca dejó el poder en abril del 2002. En la jugada política más osada en la historia de la humanidad desde El prisionero de Zenda, Pedro Carmona se ha hecho una operación quirúrgica secreta para cambiarse el rostro, inyectarse ingentes cantidades de grasa en la zona abdominal y modificar su voz para semejarse al exPresidente Chávez.

¿No se han dado cuenta de que la verruga está del otro lado de la cara de Chávez desde el 13 de abril de 2002?

¿No se han dado cuenta de que el decreto de Carmona nunca fue abrogado?

Saben, aquel decreto dictatorial que todos rechazamos, que decía cosas como:

Artículo 7°: “El Presidente de la República en Consejo de Ministros podrá renovar y designar transitoriamente a los titulares de los poderes públicos, nacionales, estadales y municipales para asegurar la institucionalidad democrática y el adecuado funcionamiento del Estado de Derecho; así como a los representantes de Venezuela ante los parlamentos Andino y Latinoamericano”.

¿Ah, Jackie Farías?
¿Ah, sicofantes extraordinarios del TSJ?
¡Qué dice el CNE, en la casa: levanten la mano y digan “yow”!

¿No han prestado atención a las letras pequeñas que desfilan por la pantalla del televisor durante el Aló, Presidente, cuando Chávez decreta algo? ¿Saben, esas letras pequeñas que dicen: “Artículo 10°: Se mantiene en plena vigencia el ordenamiento jurídico en cuanto no colinda con el presente decreto”?

Sucede que no somos pacientes y tendemos a apagar el televisor antes de llegar al final del programa o dejar que Chávez termine de esbozar esas ideas importantísimas para la nación. Después de que Jabba the Hutt desaparece y se lleva a su princesa Lea encadenada (les dejo la sección de comentarios para hipotetizar sobre quién es dicha princesa), presten atención. Verán aparecer al abogado Luis Britto García, quien recita, “Se mantiene en plena vigencia el ordenamiento jurídico en cuanto no colinda con el presente decreto”, antes de perderse para intentar escribir otro guión de cine incomprensible y batir su propio récord de anti-audiencia de “Zamora” (para hacerle justicia a LuisBri, si contamos los espectadores en pares de ojos, llegan casi a 16 mil. Toda una proeza).

Esto ha sido un Gattacazo, señores. Un Wag the dog finamente calculado. Pero se te cayó la máscara. Vamos, Carmona, te tenemos pillado, viejo. Arráncate la cara como en un episodio de Misión Imposible (o Scooby Doo, cada quien sus preferencias), y ríete de nosotros a calzón quitado.

Sí, perdimos. Está bien. No vamos a llegar a los penalties.  No hay tiempo extra.

Alea jacta est.

QEPD.

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Hacia el McCarthismo del siglo XXI

“El término “macarthismo” ha sido empleado como sinónimo de «caza de brujas», para referirse, en general, a cualquier actividad gubernamental dirigida a suprimir puntos de vista políticos o sociales no favorables, a menudo limitando o suspendiendo derechos civiles alegando la necesidad de mantener la seguridad nacional”.
(http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_McCarthy)

“Un gobierno de oposición sería vender el país, eso no lo va a aceptar la FAN [Fuerzas Armadas Nacionales]” (General Rangel Silva).
El Senador McCarthy estaba convencido de luchar por “los verdaderos valores” norteamericanos y por evitar la “invasión roja” que inflitraba a los Estados Unidos con comunistas.
El General Rangel Silva está convencido de luchar por “los verdaderos valores del pueblo” venezolano y subraya que las Fuerzas Armadas no tolerarán “que se venda al país” (al Imperialismo, por supuesto. No a China).
En dicho caso, creo que deberíamos reescribir esto:
“Articulo 328: La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación”.

Y esto:
“Artículo 330: Los o las integrantes de la Fuerza Armada Nacional en situación de actividad tienen derecho al sufragio de conformidad con la ley, sin que les esté permitido optar a cargo de elección popular, ni participar en actos de propaganda, militancia o proselitismo político”.
Para incluir el comité de militares sabios (valga el oximorón) quienes evaluarán, una vez realizadas las elecciones por el CNE, si el candidato o candidata, miembro o miembra, del próximo o próxima ejecutivo o ejecutiva, responde a los “verdaderos intereses del pueblo” o “va a vender al país (a alguien malo)”. Saben, porque ¿quién más capacitado para hacer análisis politológicos y de relaciones internacionales que un uniformado?

McCarthy, en su “cruzada anti-comunista” (que sólo existía en su cabeza) terminó lanzando al exilio (entre otros), a Charlie Chaplin. La respuesta de Chaplin la encuentran en la película “Un rey en Nueva York”, específicamente en el monólogo que su hijo hace sobre la libertad.

En el caso venezolano, ¿se puede interpretar la declaración de Rangel Silva como otra cosa que una advertencia de golpe de Estado? Me cuesta creer que cuando los militares “no toleran” algo, lo manifiestan sacando tierrita y haciendo pucheros en una esquina.

Me parece entonces fabuloso que McCarthy-Silva nos proteja de nosotros mismos y del engaño de la propaganda Imperialista, igual que el Senador norteamericano protegió a los gringos de películas como Tiempos modernos. Es gratificante saber que, si más del 50% de los electores venezolanos se dejan timar por “la ultra derecha” (whatever that means), nuestro McCarthy-Silva nos salvará antes de que nos demos cuenta (se lo agradeceremos más tarde).

Es más, General Silva (y sé que lo estás pensando, pillín), ¿por qué no perseguir a los vendepatria in embryo, es decir, antes de que tengan la posibilidad de pasar a la acción? ¿No sería esto más sano –y democrático-, que estar esperando a que engañen al pueblo y luego tener que dar un golpe de Estado para rectificar el rumbo nacional?

Alguien tiene que dar este importante (e imprescindible paso). Es por ello que me propongo yo mismo como Presidente de la comisión de actividades anti-nacionales. Por supuesto que haremos juicios abiertos –respetamos los derechos de todos, ¿eh?-, y daremos la oportunidad a los hijosdeputa infiltrados de defenderse. Las reuniones podrían llevarse a cabo en la Asamblea Nacional, frente a las cámaras (para que todo el pueblo vea cómo lo defendemos), y así podríamos citar a los traidores para preguntarles:
-Señor Lorenzo Mendoza, ¿es usted o ha sido en algún momento, un vendepatria? ¿Por qué habla inglés, no le gusta el español? ¿Cuántos CDs de tambores venezolanos tiene en su casa? ¿Ha probado alguna arepa que vaya más allá de la de jamón y queso (orejas de cochino, por ejemplo)?

De la decisión del comité saldrá la sentencia al exilio (no somos bárbaros como para fusilar gente, somos una democracia, qué pasa), a menos que el implicado firme un papel negando toda colaboración antinacional y atentado a los valores patrios. El implicado deberá luego bailar el tamunangue mientras viste un traje de burriquita, atrapar un cochino engrasado, citar de memoria alguna copla llanera (NO de Simón Díaz, el traidor ése) y preparar una totuma frente a la comisión.

Sólo así haremos avanzar la democracia en Venezuela y sacaremos a los traidores vendepatria.

Hasta la victoria, siempre.

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Todo lo que querías saber sobre una casa editorial francesa y tenías miedo de preguntar

I.
Existe un discurso recurrente entre los escritores underground/independientes, según el cual la edición en su país está controlada por un grupo elitesco y excluyente que le barre el camino a las propuestas innovadoras. El escritor se precipitará en denunciar que el grupo [inserte nombre aquí] se paga y se da el vuelto, que decide a dedo, según sus criterios del club de los favores (y el jalabolismo), quién es publicado, quién gana algún premio, quién estará a la moda. El segundo paso en este análisis es denunciar lo poco arriesgado que son las casas editoriales, las cuales están motivadas por “el dinero” y perpetúan el “mal gusto” del público, siempre visto como un cúmulo de flojos en busca del último Dan Brown o Harry Potter y renuente a sumergirse en los intentos de literatura experimental. El escritor agregará que él no produce “literatura basura para las masas” y que su trabajo no tiene cabida en su sociedad. Jaque Mate: “si yo estuviera en [inserte nombre de ciudad cultural aquí], mi trabajo sería aplaudido por la crítica y tendría acogida entre el público de [inserte país], no como acá”.

II.

Ahora bien, pocos países tienen más fama de “abiertos a nuevas propuestas” que Francia. El mito del poeta maldito, que consigue la redención en tierras galas (donde sí lo entienden), recorre las venas literarias de América Latina. Existen países sustitutos, claro está, pero no es extraño conseguir a un escritor quejándose de que, “acá la edición se la reparten [nombre del grupo] y por ello yo no publicaré, porque no soy un jalabolas (por supuesto)”. “En cambio, si estuviese en [¿Barcelona?] por supuesto 2, que me leerían y por supuesto 3, que al menos entenderían mi propuesta”.

III.

Mi amigo francés M. consiguió trabajo en una casa editorial pesadísima de París, Editions Seuil. El nivel de M. me impresionó desde el principio, cuando le daba clases de español porque él quería estudiar en la École Normale Supérieure, el templo de la intelectualidad francesa. Su examen consistía en leerse todo el Quijote en español y analizarlo, aparte de una retahíla de poetas aburridísimos. En francés, debía manejar todo Proust y sus críticas, aparte de una retahíla de poetas aburridísimos. También le exigían conocimientos en geografía, sociología y geopolítica. Todo esto a los 20 años.

La École Normale Supérieure es uno de los sistemas excluyentes dizque “abiertos” mejor confeccionados. Situada en una de las urbanizaciones más adineradas de París, el 80% de sus alumnos son egresados de liceos que quedan (por supuesto ¿4?), en la misma calle. Para entrar a esos liceos, debes pasar un examen: no es de extrañar que los que ingresan provienen, en su mayoría, de colegios en el mismo barrio. Para ingresar a esos colegios (públicos), debes vivir en esa urbanización (touché).

Mi amigo no logró entrar, a pesar de su manejo prácticamente cartesiano de un abanico de temas y lenguas diversos. Sin embargo, obtuvo su título en otro lado y, finalmente, consiguió una pasantía en Seuil.

Acá es donde la cosa se pone interesante. M. es solamente el segundo pasante de Seuil que no es egresado de la École Normale Supérieure. El pasante anterior poseía un título de la Escuela Nacional de Administración, de donde egresó Sarkozy y prácticamente todos los Presidentes del país.

De esta manera, M. es el patito feo de la casa editorial, el único que no es, como dicen ellos, “normalien”. Es, como todos nosotros, un anormal (de hecho, nadie se explica cómo consiguió el puesto).

Entonces, los “normales” –convencidos de que son superiores a los demás -escuela “superior”, n’est-ce pas?-, jamás toman en cuenta a los anormales. Ayudan, proponen y hacen campaña por los “normales”, quienes luego serán criticados por los “normales” que escriben en las revistas especializadas, controladas por un Administrador de la Escuela Nacional… Van viendo la película en 3-D.

Lo más patético aún es que, desde su posición en las entrañas de la bestia, ha visto, horrorizado, cómo “la literatura”, ese ente abstracto por el cual vive el escritor independiente del apartado I, es simplemente un criterio adicional de poco peso. Según M., existe una cabecilla que lidera Seuil y decide, de manera vertical y unidireccional, no sólo qué van a publicar, sino cuáles serán las tendencias “del mercado” para este año.

“Es como la película (porque no me leí el libro -aclara), de “El diablo viste de Prada”. Ella decide que, porque Stieg Larsson reventó los récords con Millenium, este año vamos a enfocarnos en novelas policiales, de preferencia escandinavas. Poco importa que tú seas el próximo Borges o que tu novela haga que James Joyce parezca analfabeta, si no estás en la onda ‘policial’ de ese año, te jodiste. Te salen editoriales menores”.

Ahora bien, lo que más preocupa a M. (porque él es un idealista, a pesar de todos mis consejos en tono nihilista) es el poder que tiene esta señora. No sólo poder para decidir qué se impondrá, también poder económico, ya que en Francia no hay agentes literarios. La jefa puede chantajear y amenazar, si la llegan a botar, se retira, llevándose consigo a los 5 escritores más importantes de Seuil a otra editorial.

Así son las cosas en Francia.

IV.

Entonces, ¿qué hacemos los escritores independientes? La respuesta es sencilla: Si te traumatiza esta pregunta, pues no eres independiente nada. Consíguete alguien dentro de una casa editorial que te diga qué tendencia están publicando y garabatea algo poco complicado en ese estilo. Luego ve a los encuentros, bautizos y demás, llena a la gente de comentarios laudatorios, acuéstate con todos los que puedas y seguramente terminarás exponiendo tu pasquín en televisión, con presentadora y demás.

Pero sobre todo, dejen de joder. Dejen de hablar de lo mucho que les “apasiona” la literatura, del “impulso creativo” que llevan por dentro y demás. Disfruten todo el dinero que puedan hacer, llenen sus egos y su autoestima endeble con la gente que los interpelará para decirles que “les encanta” lo que ustedes escriben.

Nosotros seguiremos haciendo lo que nos da la gana. Sí, seguiremos intentando enviar nuestros manuscritos a todos lados, ¿por qué no?, y seguiremos denunciando la falta de criterio de las casas editoriales. Es lo que hacemos, a eso nos dedicamos.

Somos escritores.

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La polémica exposición de Larry Clark

© Larry Clark | Larry Clark Untitled, 1968. Courtesy of the artist, Luhring Augustine, New York and Simon Lee Gallery, London.

Si alguien pensó que al proponerle una exposición artística al director de cine Larry Clark este se aparecería con una colección de dibujos abstractos, pues no ha seguido lo suficiente la carrera del director de cine.

Lo que es innegable es que la globalización ha permitido la experimentación de artistas populares en otras corrientes creativas. Igual que las corporaciones transnacionales se expanden y dominan los mercados más disímiles (por allí vienen las pastas Nike), gente como Marilyn Manson, David Lynch y Andy Summers han encontrado espacios para exponer sus dibujos o sus fotos. Después de la exposición -agotada- de Tim Burton en el MoMA de Nueva York, le llegó el turno a Larry Clark.

El director de Kids, Ken Park y Otro día en el paraíso fue invitado a exponer en el Museo de Arte Moderno de París. Llevó consigo su trabajo fotográfico, una colección de imágenes sobre las que trabaja desde hace 40 años que giran en torno a la sexualidad.

Clark, eterno explorador de los límites morales de la sociedad, jamás ha sido un director plebiscitado. Esto no es James Cameron haciendo Titanic. El cineasta norteamericano logra, a través de sus cintas, dejar al desnudo nuestras preconcepciones y tabúes sobre qué debe aparecer en una película. Nadie puede sentarse a ver un largometraje de Clark (o de sus colegas temáticos, como John Cameron Mitchell o Gregg Araki) sin preguntarse dónde traza la línea de lo presentable o no en la gran pantalla. Está lejos de ser arte popular. La película Irreversible, por ejemplo, tampoco es para todo el mundo.

Entonces, Larry Clark trajo su desfile de vergas erectas y coños expuestos en todo su esplendor a la ciudad luz. Nada que no hayamos visto en Ken Park, cuya polémica por el candente trío no-simulado entre niños de 16 años ya había dado de qué hablar.

Extrañamente, el país que inventó el Can-Can se dividió sobre el acceso libre a la exposición y la Alcaldía de París decidió prohibirla a los menores de 18 años. Esto desató la furia de los grupos de libertad de expresión y, en un episodio que parece sacado de una película de Judd Aptow, el diario Libération colocó en su portada, full-frontal, una de las fotos con el título, “Larry Clark censurado (sic) : prohibido a los menores de 18 años”. Caminabas por París y, al pasar delante de un kiosco, te encontrabas con una polla estudiándote desde el renglón de los diarios.

La polémica sobre las fotos de Clark es complicada ya que en Francia la edad legal de consentimiento sexual es de 15 años para las hembras y 16 para los varones. Por ello, prohibir la entrada a menores de 18 parece un tanto ridículo. Los más libertarios abogan por una simple nota advirtiendo a los padres sobre la exposición, como las calcomanías en los discos de hip-hop, por ejemplo. Los más reaccionarios afirman que eso no es arte. Los demás, nos vemos en los comentarios.

Ah, casi se me olvidaba, ¿pensaban que me iba a ir sin mostrarles las fotos? De todos modos, si llegaste hasta acá en la lectura, te lo ganaste. Acá pueden acceder a las fotos *más polémicas*, que conforman el archivo que presentó la Alcaldía para abogar por la prohibición.

Diviértanse.

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La huelga en Francia

Hay que ser falto de ideas en este mundo para repetir el mismo chiste todos los años y sorprenderse por la falta de reacción del público. Pero bueno, en este mundo de homo sapiens todo se vale: Dan Brown escribió el mismo libro 3 veces y ahora es multimillonario. Supongo entonces que los sindicalistas franceses creen que todos pertenecemos a ese grupo de gente, de aquellos que fueron estafados por Manu Chao y fueron a comprar el disco “Estación esperanza”, sólo para darse cuenta de que era exactamente igual al anterior. Es que ni los efectos de miniteca de los ochenta, “cohete cayendo: piiiiuuuuu”, se lo cambió, el descarado.

Y así aparece el sindicalista francés, sudando y apuntándome desde la televisión, amenazando con “la madre de todos los paros”. Estoy seguro de que si lo grabas y le mandas el DVD a Michael Bay, lo meten en el casting de Transformers 4 (la tres ya la rodaron). Sólo este adefesio podría poner cara de sorpresa cuando le anuncian que los robots gigantes volvieron, pero que esta vez –la cuarta- sí es en serio y van a destruir la tierra.

Uno lo ve y se pregunta, ¿viejo, la madre de todos los paros no fue el mes pasado? ¿No y que no aguantábamos más? ¿Que el pueblo demolería al gobierno y tomarías las calles, etcétera? Ah, no, claro: eso era sólo una advertencia. Entonces, como burócrata soviético, el señor se pone a sacar números y explica que, como había tres millones de personas en la calle, la ley no puede ser aprobada. Luego sale el jefe de la policía que controlaba la manifestación y afirma que, según sus estimaciones, los marchistas no pasaban de dieciséis mil. Luego aparece un cuadrito en televisión y tenemos que calarnos un concurso de quién mea más lejos, entre un policía y un representante sindical. Después preguntan por qué hay tantos suicidios en Francia. Vaya aburrimiento.

Uno de los mayores éxitos de la clase política dominante en Francia (de todos los partidos, ellos se reparten la torta, tú sólo pagas impuestos) ha sido domesticar el movimiento obrero y reducirlo a una caricatura risible. En Francia, existe un fenómeno intraducible llamado “la rentrée”, algo así como “la vuelta” (la vuelta a clases, la vuelta al trabajo), que se asocia con el mes de septiembre. Pero “la vuelta” no se caracteriza solamente por la rutina que reaparece, tiene dos efectos secundarios, (a) la depresión parisina ligada a tener que –oh, Dios-, volver a trabajar después de un mes y medio de vacaciones en una playa marroquí y (b) las tradicionales huelgas de los sindicatos obreros.

Es como una versión comunista de Papá Noel: aparece la huelga, siempre en la misma fecha, pero en vez de regalarte algo, te quita tiempo, trabajo y te complica la vida; todo para que la siguiente mañana puedas ver al sindicalista discutiendo que si él mete 5 personas en un metro cuadrado de marcha, entonces es claro que marchó hasta la familia de Sarkozy contra el gobierno.

Debe ser que Sarkozy, cuando toma el metro en la mañana para ir a trabajar, reflexiona sobre la cantidad de gente amontonada en un vagón y decide reestructurar su política. Seguro.

La realidad es que una lucha legítima y un método eficaz han sido convertidos en una pantomima, una pieza esencial del vaudeville moderno que justifica “la democracia” a la francesa. Los movimientos sindicales no representan a los obreros ni a los empleados. Representan una complicada relación de poderes, de política y de fuerzas, en las cuales los sindicalistas apuestan en el hipódromo social que avanza sus intereses. El Presidente de un sindicato en Francia gana 7 veces el sueldo mínimo de la gente que se supone representa. Luego pretende explicar “lo precario de la condición obrera” cuando él hace rato que no tiene que escoger entre encender una calefacción que no puede pagar o morirse de frío. Por Dios, el tema de “la huelga” está tan trillado, que hasta los jugadores de fútbol multimillonarios pretenden hacerla. Movimiento social de los ultra-ricos, habrase visto.

Esta situación es síntoma de un mal mayor que aqueja muchas de las democracias occidentales: la elección que no representa nada. Es decir, la “huelga” supone la defensa de los derechos obreros, pero los obreros no están representados (sino por un individuo de intereses mezquinos). Vamos a elecciones y escogemos entre “el menos malo” de los candidatos, sin que nuestro punto de vista sea representado (porque tanto la izquierda como la derecha tradicionales han agotado su oferta electoral). Somos escépticos con los partidos, no creemos en su discurso, pero mejor votar por él porque si no, gana el otro y ese sí que es un desastre. Como tal, somos parte de la mayoría, de un 60% que vota por “el menos malo” pero a lo único que puede aspirar es a una esperanza remota, casi mágica, de que las cosas cambien a su favor (¿síndrome Obama?).

Un mensaje a los sindicalistas: La huelga, de manera tradicional, está muerta. Sólo logras hincharle las pelotas a los ciudadanos, frustrados y desconectados de tu propuesta. No solamente eso, sino que funcionas como parte del aparato, transformando una manifestación social en un producto aséptico, que no impacta y no logra nada, que el statu quo puede consumir alegremente. Las huelgas sindicales hoy en día no le dan miedo a nadie, hacen que el poder bostece y que los ciudadanos pierdan dinero y lleguen tarde a su trabajo. Como tal, ustedes contribuyen, gracias a sus métodos arcaicos y gastados, a que los ciudadanos no sientan que tienen peso ni voz. Se sienten atropellados, pero no quieren ser parte del circo huelguista que beneficia a los sindicalistas. Quieren defender sus derechos, pero no quieren que un político lo use como carne de cañón electoral.

¿Saben qué pasa cuando las personas sienten que ya no pueden representar su discurso en la polis? Dejan de creer en la democracia, luego en el lenguaje y luego, queman carros…

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Líderes, leyes, reglas y representantes

Los Presidentes, Ministros, Rectores, Comunicadores Sociales, Intelectuales y demás miembros de la sociedad, no ejercen sólo una tarea importante en la alícuota de poder y la repartición de beneficios en el PetroEstado. El primero en desarrollar lo que vendría a ser la tarea moral de los actores sociales fue un tipo que se la pasaba en toga y era amante de los Doner Kebabs aliñados con cicuta por allá por el año cuatrocientos antes de Cristo. Dada su predilección por los platos hondos que no chorreaban la salsa, terminaron llamándolo “Platón”, y su libro, “La República”. Quienes hayan perdido su tiempo y su dinero leyendo ese texto en vez de manejando un taxi, sabrán que una de las tareas fundamentales de los Guardianes de la Polis es mantener la decepción y el engaño alejados de los ciudadanos (razón por la cual las artes dramáticas son cuestionadas en el libro X, por ejemplo).

Dos mil años más tarde, un cascarrabias austriaco que se la pasaba caminando por el Prater tratando de encontrar razones para no suicidarse cuando no estaba buscando trabajo como jardinero, escribió Las Investigaciones Filosóficas, que trata, entre otras cosas, sobre los contextos de interpretación. Por ejemplo, si usted está invitado a la entrega del Nobel o el premio Príncipe de Asturias, le conviene referirse al libro como philosophische untersuchungen (pronunciado filoso-piche un-ter-zuchunjen), en el alemán original, y todo el mundo pensará que usted es inteligentísimo. En cambio, si usted está rodeado de gente que cree que “pueblo” significa “ignorancia”, jamás se le ocurra decir ” filoso-piche un-ter-zuchunjen”, o lo molerán a patadas peor que a un reportero de Últimas Noticias, por sifrino y virago. Eso, si es que la frase “se la pasaba caminando por el Prater” no le ganó ya unos cuántos coquitos.

A lo que voy, es que las reglas por sí solas no tienen sentido sin un contexto de interpretación (Wittgenstein for dummies). Si escribo “siga la flecha –>” esto, a pesar de ser comprensible, no le dice al lector cómo “seguir”. Para que una regla sea una regla, tiene que haber buenas y malas interpretaciones. Igualmente, cuando éstas se vuelven leyes e intentan regular la sociedad, deben tener sentido (ser interpretadas en un contexto) y ser respetadas de manera adecuada e inadecuada. Cuando se promulga una ley, “prohibido tirar basura al piso”, se acepta, tácitamente, que esta conducta ya existe y que será ilegal. Pero prohibir algo que nadie hace, “prohibido volar”, no tiene sentido. Es una ley que no regula nada (y que cobra sentido, por ejemplo, si somos colonizados por extraterrestres que vuelan).

Es allí donde los “guardianes de la polis” cobran sentido moral. La división social crea decididores, gente cuyo peso discursivo logra hacer cosas. No es lo mismo que yo diga, “inauguro la Universidad bolivariana” a que lo diga el Presidente Chávez. Si lo digo yo, no pasa nada. Si lo dice el Presidente, la Universidad se crea.

De esta manera, la responsabilidad de los cargos y las posiciones sociales es de envergadura. Los líderes tienen el poder de afectar los contextos de interpretación, de regular conductas, de establecer leyes que reflejan valores. Ignorar esto es ser irresponsable, es no darse cuenta del impacto que puede tener sobre una población el que un Presidente los estereotipe. Cuando Bush se deslastra de la Convención de Ginebra gracias a los malabarismos de Alberto Gonzales y decreta que los prisioneros de Irak no son prisioneros de guerra, es lógico que se abra la puerta a las vejaciones de Abu Grahib.

Lo último que debemos subrayar es que esta sustitución de reglas y valores no es necesariamente lingüística. Intervienen una plétora de conductas, acciones y disposiciones que conforman lo que llamamos “los preformativos miméticos”: una forma de transmitir socialmente una nueva visión de mundo, un nuevo contexto de interpretación, unos nuevos valores. Se crea un “efecto de olas” en el cual una obra de arte o un descubrimiento científico cambian esta visión de mundo. Sin teoría del caos en física, no hubiese habido la película Amores Perros, por ejemplo.

En Venezuela, no es exagerado afirmar que presenciamos el intento de instaurar una visión de mundo racional-relativista, vehiculada por dos varas de medición, dos reglas, dos valores. Ciertos actores sociales arguyen que existen dos conjuntos de valores, según sea el caso: si los sindicatos se sublevan en Perú o Colombia, estamos ante una “revolución popular”, si lo hacen en Bolivia, estamos ante “un golpe de Estado de la CIA”. Si la oposición muele a patadas a Tarek W. Saab y Rodríguez Chacín en el 2002, estamos ante “el fascismo”, si los grupos que siguen al gobierno muelen a patadas a reporteros de Últimas Noticias, son unos “héroes” que responden a una provocación. Si los EE.UU. reprimen manifestantes, son imperialistas, si el Coronel Benavides reprime manifestantes y da discursos políticos, se le da una medalla. Podría seguir.

Lo más preocupante no son las acciones explícitas, legales, del asunto. Lo más preocupante es su efecto mimético, proceso en el cual esta violencia que posee dos variables, una legítima, otra opresora, se difunde a través de la sociedad. No sólo se pierden las Instituciones al arrodillarlas ante el poder y parcializarlas. Se envía un mensaje en claves no-lingüísticas, sobre la viveza, la corrupción, el irrespeto al otro, el ejercer el poder con la pura fuerza, jamás con la discusión, etc.; que erosiona, poco a poco, el tejido social que mantiene unidos a los ciudadanos.

Esta relación, de reglas-leyes-interpretación-decididores, es lo nos permite entender la doble moral racional-relativista y sus consecuencias sobre la descomposición de la sociedad actual. Esa es la bestia que debemos combatir quienes queremos ser ciudadanos, no personas que cohabitan y resuelven sus conflictos a patadas. Lamentablemente, podemos hacer todos los esfuerzos del mundo por ser honestos, por devolverle el vuelto de más al señor del abasto y ser íntegros. Pero estas son posturas individuales que no pueden hacer contrapeso a la visión de mundo que se envía desde el Estado cuando un ExAlcalde se roba hasta las pocetas de la alcaldía.

Seguiremos conversando en otro texto.

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