Ganarse la vida como escritor, mi pueblo, no es nada fácil. A veces tienes que redondearte los churupos como yo, dando clases de inglés o haciendo traducciones y cosas que te dan por ahí.
Fue así como llegó a mis manos el trabajo de “corporate writing”, o sea, escritor corporativo. Para mí, el hecho de que dijese “escritor” o “writing” ya era suficiente para emocionarse: se supone que tenía que escribir unos artículos para los empleados de la empresa Antalis, por cien euros. Ya que tengo que ir a los USA para el lanzamiento del Cojo, pues nada, agarré los reales y me fui a la casa a ver los documentos.
Ahora bien, lo primero que deben saber es que esto de “corporate writing” no es tan sencillo para alguien acostumbrado a escribir de verdad. Cuando se escribe, se intenta crear imágenes en la cabeza del lector, sincronizar las palabras con el pensamiento y los sentimientos. “Corporate Writing” es todo lo contrario: el objetivo es escribir líneas y líneas y líneas de información sin que absolutamente NADA aparezca en la mente del lector.
Pues el primer artículo era sobre como Antalis es la empresa líder en producción de sobres en Europa. Vendieron millones de no sé cuánto y quieren aumentar la producción. Ese no era tan complicado.
Sin embargo, cuando tienes que hacer cuatro artículos, la cosa se pone pesada y la fatiga te va tragando. Fue así como, a nivel del último artículo mi mente se rebeló, cansada de no pensar y ser reprimida. Era un artículo sobre “proofreading”, o sea, la gente que lee documentos y los chequea, y los datos que me dieron estaban orientados a hacer ver que Antalis era lo mejor del mundo en eso, que tenían especialistas y expertos con lupas y vaina.
No pude contenerme ya que la botella de vino comenzaba a hacer sus efectos, y vi, en el sótano del Edificio de Antalis, un cuarto oscuro donde no entra la luz, donde cientos de miopes están encerrados, esclavos del proofreading. Están obsedidos con la “perfección” del texto, y entre el humo y el calor del sótano se lanzan encima de las páginas para decorticarlas con marcadores.
Así que esto fue lo que escribí (en inglés, of course):
“Proofreading: Our eagle-eye specialists are highly talented, horn-rimmed glasses wearing, greedy, bastards and freaks. They crave the misplaced coma, the grammatical fault, the misplaced adjective to, boom!, correct it. The “proo” in Proofreading stands for Antalis.”
Y me fui a dormir.
A las cinco de la mañana, el teléfono retumbó por toda la sala. Por supuesto que era el contacto de este trabajito free lance. No hubo mayores rollos, simplemente lo rescribí, pero guardé el original para ustedes, después de que me gritaran un poco del otro lado del auricular.
Ojalá todo funcione y pueda cambiar de profesión, porque dedicarse a esto… ¡mi madre! Al menos es escritura, ¿no?
Lo del cojo es el 19? Vienes? Esta rejodido que suba a la ciudad ese dia, recien estare llegando de Cancun el 18 y lo cansado para que te digo. Pero el 22 estare alla, voy a un concierto de Simon Diaz en el Carnegie Hall ($35 if interested, pas chere). Pasame un mail de todas formas a ver que se hace, Gustavo me habia dicho del evento pero de una se que a mitad de semana tengo trabado cualquier plan.
Al rato!
Imagino como te debes sentir, creo que a todos alguna vez nos ha tocado hacer trabajos que no nos apasionan realmente.. solo por el cochino dinero lol..
Saludos Amigo y Suerte con tu cojo!
Entre la vocación y el hambre muchs veces el trecho es grande 🙂
Un condolido y comprensivo abrazo 🙂
Ni que decirte del arte de ser "biólogo" en Venezuela. Ahora es que entiendo que la biología es la ciencia de la vida, porque da para todo.
Calma pueblo !
Ese puede ser el primer paso hacia un gabinete de comunicacion. Y el ultimo?. Pasar una vez por ahi no es malo….y hacer carrera en comunicacion "corporate" y/o publicidad tampoco, si a uno le gusta.
Pero estoy seguro de que te inventaras un destino envidiable. Nada que ver con los huerfanos que tienen que trabajar en la mina.
Primero el Cojo y luego el Nobel.