“A las cinco y media de la tarde, ahí estaba yo, parado en la mitad del vagón del Metro con un huevo de 50 centímetros de diámetro. Extraña sensación aquella, de ojos que te observan como agujas de desprecio, mientras tú dices el típico y muy francés “pardon” al meter tu huevo en el arrejunte clásico de la hora pico”.
A las cinco y media de la tarde, ahí estaba yo, parado en la mitad del vagón del Metro con un huevo de 50 centímetros de diámetro. Extraña sensación aquella, de ojos que te observan como agujas de desprecio, mientras tú dices el típico y muy francés –pardon– al meter tu huevo en el arrejunte clásico de la hora pico. Ahora bien, me dirán exquisito, pero a mí no me gusta que nadie esté tocando o rozando mi huevo, así que lo alzo por encima de mi cabeza intentando aislarlo de los tan sociables parisinos obstinados de trabajar (que es su condición normal).
Es algo extraño, debo decir, el que te regalen un huevo de pascua cuando no eres nada católico (más bien lo opuesto). Pero “el gesto es lo que cuenta”, como dicen los lacónicos, y cuando Ryan, un alumno de cinco años de mi clase de inglés, me regaló el Huevo de chocolate, me pareció un bonito detalle que diversificaría los postres durante un buen tiempo.
Sin embargo, cuando estás encerrado en la cámara de tortura que suele ser el Metro a esa hora, con la gente que empieza a molestarse con tu Huevo y éste que decide suicidarse a lo mar adentro derritiéndose en tus manos, católico o no, empiezas a maldecir a todos, empezando por el malhadado huevo pero siguiendo por el imberbe de cinco años y terminando como de costumbre con el chivúo gozón.
Fue entonces cuando vi a alguna chica leyendo el Código de Da Vinci en un rincón y pensé en atestarle un huevazo en la sien, no sé por qué. Francamente, en estos días me da algo de repudio ver a alguien leyendo el pasquín ése. Otro tema que tendré que conversar con mi psicoanalista.
Al final gracias a Dios (siempre le agradecemos a ése, n’est-ce pas?) se bajó una cantidad de gente por ahí por la estación Los Inválidos y me dejó bajar los brazos porque, créanlo o no, un Huevo de chocolate pesa más de lo que parece. La idea de cargar el Huevo 45 minutos por encima de mis hombros, con chocolate comenzando a correrme por las muñecas, no era nada divertido. Pero bueno, pasé el resto del trayecto con el Huevo agarrado tipo bebé, algo que me di cuenta te otorga unos aires espantosos de imbécil, dada las risas que suscité en la multitud.
Pero llegué a la casa. Con el 90% del huevo intacto, y el otro 10% en las manos.
Me lo comeré esta noche, mientras veo al equipo de Francia perder estrepitosamente contra Suiza y ser eliminados del mundial 2006. Eso sí, nada de vino, porque como decía mi abuela, si combinas vino y chocolate te puedes morir. Es peor que comerse las pepas negras de la patilla, veneno instantáneo.
Bueno a mi me gusto el codigo da vinci.. pero puedes divertirte haciendo lo que hago con mis conocidos cada vez que les veo el libro en las manos, les digo: El Grial es tal y tal y esta en el Louvre… jaja no se, no preguntes, pero da una leve sensacion de poder… y bueno yo estoy esperando el juego FR / SZ por TV5 y yo si kiero que ganen.. coño Barthez se jubila, por lo menos que juegue un campeonato mas… 😀
bueh, a mi tambien me gusto el Codigo y no se que etiqueta me pondras… creo que hay partes interesantes. Del resto, espero que disfrutes tu huevo