{"id":1209,"date":"2012-12-10T18:52:26","date_gmt":"2012-12-10T18:52:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.moebius77.com\/blog2\/?p=1209"},"modified":"2012-12-10T18:52:26","modified_gmt":"2012-12-10T18:52:26","slug":"el-angel-vengador-%e2%80%9cyo-mate-a-simon-bolivar%e2%80%9d","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.moebius77.com\/blog2\/2012\/12\/el-angel-vengador-%e2%80%9cyo-mate-a-simon-bolivar%e2%80%9d\/","title":{"rendered":"El \u00e1ngel vengador (\u201cYo mat\u00e9 a Sim\u00f3n Bol\u00edvar\u201d)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.moebius77.com\/blog2\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/YMSB3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1210\" title=\"YMSB3\" src=\"http:\/\/www.moebius77.com\/blog2\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/YMSB3-216x300.jpg\" alt=\"\" width=\"216\" height=\"300\" srcset=\"http:\/\/www.moebius77.com\/blog2\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/YMSB3-216x300.jpg 216w, http:\/\/www.moebius77.com\/blog2\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/YMSB3.jpg 480w\" sizes=\"auto, (max-width: 216px) 100vw, 216px\" \/><\/a><\/p>\n<p>(Extracto de la novela doble, \u201c<a href=\"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/11\/22\/yo-mate-a-simon-bolivar\/\">Yo mat\u00e9 a Sim\u00f3n Bol\u00edvar<\/a>\u201c. Primer cap\u00edtulo del libro Yin).<\/p>\n<p>&#8212;<\/p>\n<div>\n<h3 align=\"center\">El \u00e1ngel vengador<\/h3>\n<p>Cuando se asesina a alguien que no se conoce, \u00bfes posible hablar verdaderamente de un <em>asesinato<\/em>? La historia necesita sus peones, sus sacrificios, sus muertos; aquellos que encauzan a los pueblos en la direcci\u00f3n adecuada. Cuando las pol\u00edticas nacionales derrapan, aparece, como Mois\u00e9s, el gatillo fr\u00edo pero necesario que conducir\u00e1 al pa\u00eds por la v\u00eda correcta. Los pueblos son como ovejas, y las balas son los perros que los arrean hacia el corral de la democracia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La gota de sudor reptaba lentamente mientras descend\u00eda por su rostro. Johnny Mart\u00ednez se apoy\u00f3 en la ventana para observar a los manifestantes. Desde ac\u00e1 no pod\u00eda distinguirlos con precisi\u00f3n, todo se fund\u00eda en una ola de colores que intentaba atravesar la ciudad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Maldijo el clima tropical, siempre inconveniente para su cl\u00e1sico atuendo negro. Hab\u00eda estado en Nicaragua, Panam\u00e1, Colombia; de todos los pa\u00edses en los cuales hab\u00eda trabajado, Venezuela era seguramente el m\u00e1s inc\u00f3modo. \u201cInc\u00f3modo\u201d \u2013pens\u00f3-, para no pensar \u201cdif\u00edcil\u201d, adjetivo que estaba prohibido en su profesi\u00f3n. Aqu\u00ed no hab\u00eda dificultades: los muros y barricadas que se alzaban de cara al progreso ser\u00edan ro\u00eddos poco a poco con el paso del tiempo. Al final, la historia siempre daba el golpe de gracia: los sandinistas nunca pudieron gobernar, Noriega era un narcotraficante y Colombia se consum\u00eda a s\u00ed misma en una vor\u00e1gine de violencia desde que Gait\u00e1n recibi\u00f3 aquel balazo en el cuarenta y cinco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sobrevol\u00f3 la muchedumbre con su vista mientras buscaba fijar un blanco. Tom\u00f3 sus prism\u00e1ticos y calcul\u00f3 la distancia hasta que los manifestantes llegaran a su campo de tiro: en tres o cuatro minutos, a lo sumo, entrar\u00edan en su red mortal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Revis\u00f3, con su ojo avizor, las inmediaciones: pod\u00eda ver, a menos de un kil\u00f3metro de distancia, el Puente Llaguno del centro de Caracas. Un poco m\u00e1s all\u00e1 estaban las inmediaciones del Palacio de Miraflores que reten\u00edan \u2013vivo por el momento-, al Presidente\u00a0 de Venezuela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tom\u00f3 el fusil M24 SWS entre sus brazos y se aprest\u00f3 a hacer el trabajo para el cual hab\u00eda sido entrenado. Su mano izquierda envolvi\u00f3 el ca\u00f1\u00f3n como los labios de una enamorada arropan el sexo de su pareja, mientras su mano derecha se apoderaba firmemente de la culata. Repos\u00f3 \u00e9sta sobre el hueco de su hombro y busc\u00f3 una buena posici\u00f3n, abriendo los codos. Tendr\u00eda pocos minutos para desalojar el edificio al terminar la operaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de relajarse y equilibrar su respiraci\u00f3n, Johnny estaba listo. Pidi\u00f3 instrucciones al comando central a trav\u00e9s del radio ajustado a su oreja. Luz verde. Se precipit\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Poco importaban las v\u00edctimas, m\u00e1s all\u00e1 del n\u00famero. Trat\u00f3 de apuntar a alguno de los facinerosos, cuid\u00e1ndose de no colocar a las madres y ni\u00f1os que marchaban bajo su fr\u00eda mira telesc\u00f3pica. Sudor. Siempre el sudor, en estos pa\u00edses ecuatoriales. Escuch\u00f3 su respiraci\u00f3n, calmada aunque dubitativa, y volvi\u00f3 a recibir las \u00f3rdenes del otro lado del radio. <em>Luz verde, Johnny, luz verde.<\/em> Se concentr\u00f3. \u00bfQui\u00e9n ser\u00eda el peor agitador del grupo desordenado que se precipitaba hacia el puente? \u00bfC\u00f3mo se vest\u00edan los comunistas hoy en d\u00eda? \u00bfQui\u00e9n dejar\u00eda de vivir hoy, bajo el fuego preciso de su fusil?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dios le dio la potestad de decidir qui\u00e9n mor\u00eda. Ese era su don. Sobre la vida, este hombre no sab\u00eda nada, ya que su reino era oscuro como la venganza. El era lo negativo, la no-existencia; \u00e9l era quien daba sentido a la vida. \u00bfCu\u00e1ntas personas pod\u00edan jactarse de disponer de ese poder? Otra gota de sudor comenz\u00f3 a bajar por sus pronunciados p\u00f3mulos. Fij\u00f3 su mira.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lentamente, apret\u00f3 el gatillo. La explosi\u00f3n siempre era la misma, a pesar de que los muertos cambiaban de lugar. Las caras, en cambio, no cambiaban. Cuando se hace este trabajo tanto tiempo como \u00e9l lo hab\u00eda hecho, las caras son sustituidas por una cara gen\u00e9rica que engloba a todas las v\u00edctimas, presentes y futuras. Vio <em>esa <\/em>cara caer y escuch\u00f3 las reacciones de la multitud. \u201cHasta aqu\u00ed llegan\u201d \u2013pens\u00f3, mientras volvi\u00f3 a cargar el fusil. Repiti\u00f3 la operaci\u00f3n varias veces hasta que recibi\u00f3 la orden de cese al fuego. Logr\u00f3 distinguir, a lo largo de toda la avenida, los dem\u00e1s cuerpos que hab\u00edan sido abatidos por sus colegas. \u201cProceda a retirarse\u201d, le indic\u00f3 la voz met\u00e1lica al otro lado de sus aud\u00edfonos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Johnny desmont\u00f3 r\u00e1pidamente su fusil, como tantas veces lo hab\u00eda hecho y qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntas veces m\u00e1s lo har\u00eda en el futuro de este ensangrentado continente. Las piezas cayeron en su sitio, como pedazos de un rompecabezas que conoc\u00eda de memoria y pod\u00eda armar con los ojos vendados. Cerr\u00f3 el malet\u00edn.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se apresur\u00f3 a guardar el resto de su equipo, su gorra negra, sus prism\u00e1ticos y su radio, mientras se cubr\u00eda con una chaqueta que seguro lo har\u00eda pasar desapercibido entre la multitud. Repas\u00f3 mentalmente su protocolo de repliegue y, despu\u00e9s de corroborar que todos los pasos hab\u00edan sido cubiertos, se dirigi\u00f3 hacia la puerta que conduc\u00eda a la escalera y la salida del edificio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Baj\u00f3 con premura los escalones mientras escuchaba c\u00f3mo los resultados de su intervenci\u00f3n desbordaban la avenida: Entre gritos, explosiones de balas y bombas lacrim\u00f3genas, el centro de la ciudad se convert\u00eda en torbellino de desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cerr\u00f3 la puerta del edificio para encontrarse, como estaba planeado, en la calle atr\u00e1s de la avenida. A pesar de estar acostumbrado a este tipo de operaciones y haber sido entrenado para reaccionar bajo todo tipo de presi\u00f3n, el panorama nunca era igual; cada intervenci\u00f3n, cada hu\u00edda y repliegue estaban signados por la adrenalina que inundaba su cuerpo y lo colocaba en el m\u00e1ximo nivel de atenci\u00f3n posible. Recostado contra el edificio, revis\u00f3 su pistola nueve mil\u00edmetros, se retir\u00f3 los lentes oscuros y se coloc\u00f3 el morral en la espalda. Tom\u00f3 el estuche de su fusil en la mano izquierda y se ubic\u00f3 espacialmente para dirigirse hacia un sitio seguro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Atraves\u00f3 varias calles para intentar llegar a la camioneta operativa antes de detenerse para corroborar que la vibraci\u00f3n que sent\u00eda en el abdomen ven\u00eda de su tel\u00e9fono m\u00f3vil. Oprimi\u00f3 el bot\u00f3n de \u201cdescolgar\u201d y, sin pronunciar palabra alguna, afinc\u00f3 su oreja al auricular: \u201cProceder con cauci\u00f3n. Escenario \u2018D\u2019 en marcha\u201d, espet\u00f3 la voz del otro lado de la comunicaci\u00f3n. Embolsill\u00f3 el aparato y mir\u00f3 hacia los lados, en cualquier momento llegar\u00edan. Estaba a doscientos metros de la camioneta pero dudaba poder alcanzarla sin despertar sospechas de sus perseguidores. Gir\u00f3 hacia la izquierda, buscando diluirse en la masa de gente que seguramente hu\u00eda del puente y de las balas. Se decidi\u00f3, su mejor opci\u00f3n era conseguir una estaci\u00f3n de Metro abierta o lograr aventar un taxi que lo pusiera al abrigo de la operaci\u00f3n. Se precipit\u00f3 hacia la estaci\u00f3n La Hoyada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue a pocas esquinas de llegar al Metro donde finalmente los vio. Volte\u00f3 a la izquierda a nivel de la calle norte 4 para ver un grupo de individuos, claramente organizados y armados, que se dirig\u00eda hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>-\u00a1Epa, pana! \u00a1P\u00e1rate ah\u00ed! \u2013lo increp\u00f3 uno de los primeros mientras lo se\u00f1alaba con un bate de b\u00e9isbol. Johnny mir\u00f3 en sentido contrario. Traz\u00f3 una ruta de escape y, sin responder a los agresores, se lanz\u00f3 en una carrera a toda velocidad mientras su mano derecha buscaba su arma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>-\u00a1Hey! \u00a1P\u00e1rate! \u00a1Chamo, chamo, agarren a ese! \u00a1Hijo de puta! \u00a1El co\u00f1o de su madre! \u2013Oy\u00f3 decir tras de \u00e9l mientras hu\u00eda, embalado, hacia la estaci\u00f3n de Metro. Trat\u00f3 de perderlos entre algunas calles pero era cierto lo que le hab\u00edan explicado durante el informe sobre Caracas: Las calles del Centro son amplias y abiertas, dif\u00edciles para sacudir a un perseguidor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No ten\u00eda otra opci\u00f3n. Su entrenamiento hab\u00eda contemplado todas las posibilidades y s\u00f3lo pod\u00eda atenerse a las \u00f3rdenes despachadas desde el cuartel general. Gir\u00f3 en una esquina y se detuvo repentinamente, recost\u00e1ndose contra la pared y desenfundando su nueve mil\u00edmetros. Pod\u00eda ver, a no m\u00e1s de veinte metros, la entrada de la estaci\u00f3n La Hoyada, completamente cerrada. Sin embargo, la circulaci\u00f3n vehicular se hab\u00eda restablecido, por lo cual podr\u00eda secuestrar a alguien y obligarlo a conducirlo a un sitio seguro, o simplemente despojarlo de su veh\u00edculo. Cont\u00f3 hasta tres y se asom\u00f3 por la esquina empu\u00f1ando su arma predilecta. Dio dos disparos, fallando a prop\u00f3sito, y luego se concentr\u00f3 para enterrarle una bala en la pierna a uno de sus perseguidores. Vio c\u00f3mo ca\u00eda herido y ped\u00eda socorro a sus amigos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Johnny Mart\u00ednez corri\u00f3 con todas sus fuerzas hacia la calle que a\u00fan estaba transitada. Se le atraves\u00f3 a un automovilista mientras lo apuntaba con su arma, oblig\u00e1ndolo a detenerse para luego acercarse a la puerta del conductor y gritarle que se bajara si no quer\u00eda que le volara los sesos. El conductor tropez\u00f3 mientras se bajaba del carro, siempre mostrando las manos, antes de retirarse y empezar a correr hacia alguna calle. Pero la vacilaci\u00f3n del inocente transe\u00fante fue suficiente para desestabilizar a Johnny quien, apunt\u00e1ndolo en el piso y grit\u00e1ndole que corriera lejos de ah\u00ed, no se percat\u00f3 del sujeto que lo apuntaba a su vez desde la calzada de enfrente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Johnny estaba parado entre la puerta abierta del autom\u00f3vil, con una pierna flexionada para montarse y sus brazos en el techo del veh\u00edculo. Cuando alz\u00f3 la mirada ya era demasiado tarde. S\u00f3lo vio la pupila brillante del sujeto, alineada perfectamente con la mira de su rev\u00f3lver. El otro ojo, cerrado en un gui\u00f1o, garantizaba que el tipo no era ning\u00fan principiante. Sus manos firmes, una empu\u00f1ando el arma y la otra proporcionando estabilidad desde la base de la cacha, delataban alg\u00fan tipo de entrenamiento. Pero lo que m\u00e1s impact\u00f3 a Johnny, lo que hizo que su sangre se helara como pocas veces lo hab\u00eda hecho durante una operaci\u00f3n, era que la sonrisa del sujeto funcionaba como prueba de que no era la primera vez que hab\u00eda matado. Sus resplandecientes pero cuarteados finos estirados cerrados templados labios trazaban una peque\u00f1a l\u00ednea de satisfacci\u00f3n, como un torero antes de dar la estocada final.<\/p>\n<\/div>\n<p><strong>&#8212;<\/strong><\/p>\n<p>Informaci\u00f3n, cap\u00edtulos adicionales, v\u00ednculos:<a href=\"http:\/\/www.moebius77.com\/novela\/yo-mate-a-simon-bolivar\/\"><br \/>\nhttp:\/\/www.moebius77.com\/novela\/yo-mate-a-simon-bolivar\/\u00a0<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Extracto de la novela doble, \u201cYo mat\u00e9 a Sim\u00f3n Bol\u00edvar\u201c. 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