Las páginas del libro se revelan al lector como una flor abriéndose antes la abeja golosa. Aparecen mujeres expuestas, preparadas, tocándose. Vemos jóvenes estudiantes japonesas amarradas en posiciones S/M, que nos contemplan con rostros de sufrimiento y placer. Pasamos la página: una serie de prostitutas asiáticas desfilan bajo nuestros ojos.
Entre Occidente y Oriente, pocos exhiben la brecha cultural que nos separa de los japoneses como el fotógrafo Nobuyoshi Araki. Ese Japón que nos venden como un compendio de clichés, como una isla pacífica, de meditación descalza y
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