Los cuadernos azul y marrón
(de Vicente Ulive-Schnell)

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Novelas de caos social: Saramago ('Ensayo sobre la ceguera') vs. Camus ('La peste')

A muchos escritores les gusta plantear novelas donde la tela fina que mantiene a las sociedades unidas se desmorona, tratando de demostrar así lo poco que nos mantiene civilizados. Estos dos autores tienen una aproximación distinta al 'caos social' y vale la pena hacer un contraste.

Hace un par de años leí ‘Ensayo sobre la ceguera’ de José Saramago, que me vendieron con bombos y platillos como una excelente novela. Personalmente, no me dijo mucho; me dejó muchas dudas respecto a la estructura y la forma en la cual se desarrollan los acontecimientos. Releyendo ‘La peste’ de Albert Camus, me di cuenta por qué: el francés plantea un fenómeno de ‘caos social’ mucho más convincente, sólido y hasta humano.

Por supuesto que no quiero restarle méritos a Saramago. Yo disfruté su novela, pero lo que me parece poco plausible es que el ‘caos’ que él plantea -violaciones, robos, desabastecimiento, hambre, sed-, sea todo producto de un solo fenómeno: La ceguera temporal de los personajes.

En fin, creo que los ciegos son gente capaz de valerse por ellos mismos y a pesar de que podamos caer en pánico durante un tiempo si despertamos a una ceguera total, no creo que los eventos que desarrolla Saramago tengan una buena conexión con la justificación: La ceguera.

Camus, por su lado, plantea algo más sencillo: Mostrar las reacciones humanas ante lo que parece una muerte evidente, o bien la incertidumbre de no saber si se va a morir. Cuando la vida se vuelve una simple posibilidad y no una certeza, la actitud adoptada por las personas varía considerablemente. ¿Por qué tenemos que esperar siempre a que la muerte esté a la vuelta de la esquina para pensar ‘qué hemos hecho’ con nuestras vidas? ¿Por qué esperar lo inevitable en vez de concentrarnos en el presente, en la vida misma, en lugar de perdernos y alienarnos pensando en un futuro que probablemente no exista? Tales son las ideas que atraviesan el trabajo del premio Nóbel francés.

Lo que es interesante es que existen muchos paralelismos entre los dos libros. Ambos autores se reservan la arbitrariedad (y la licencia poética) de que los personajes principales escapen al fenómeno caótico: La mujer de ‘Ensayo’ que nunca pierde la visión y el doctor de Camus, que nunca contrae la enfermedad a pesar de que todos a su alrededor mueren. Semejante arbitrariedad pasa mejor chez Camus, ya que, a fin de cuentas, el doctor es doctor y no tiene mucho que ver en el desarrollo de la peste. En cambio, el que Saramago deje a un personaje sin tocar es inexplicable: El lector pasa toda la novela imaginando cuál es la diferencia, o por qué si a todo el pueblo le da ceguera, cómo es posible que una persona se salve. Peor incluso este personaje, con todas las condiciones para imponerse y restituir el orden, decide, por motu propio, dejarse vejar y hasta ser violada por una horda de pistoleros ciegos. Entonces, ¿de qué sirve su visión? ¿Cuál es la gran diferencia? No parece haber ninguna, entre que la señora pierda o no la visión hay solamente detalles.

Pero lo que más me molesta del ‘Ensayo’ de Saramago es el principio hobbesiano según el cual los hombres son todos bestias que mantienen algo de moral simplemente a través de la visión. Un doctor, un abogado o un dueño de comercio es un violador asesino potencial; basta que se quede a oscuras para que se vuelva un cerdo. En ese sentido, es bien sabido que, a pesar de que las sociedades humanas se mantienen en pie gracias a convenios e instituciones de todo tipo, estas instituciones no son únicamente visuales. Existe un abanico de conductas, lingüísticas, auditivas, sensoriales y demás, que nos dan orientación y estructura. Es un fenómeno mucho más complejo que lo que parece querer plantear Saramago, donde la simple carencia de visión nos lleve a un estado de barbarie y salvajismo, borrando cualquier valor histórico o cultural que podamos tener.

Para mí es bastante obvio que las sociedades no funcionan de esta manera, es por esto que Saramago no me convence. Esto no desmerece el trabajo, cuyo ritmo y capacidades narrativas son de gran nivel. Pero la mesa está mocha, le falta algo, cojea. En cambio, Camus plantea no solamente un escenario mucho más plausible sino que ventila las conductas humanas de una forma mucho más creíble. Sus personajes se debaten entre el comercio (el comerciante que aprovecha para enriquecerse), la fuga del caos (el reportero) y el altruismo (el español y el médico), entre otros temas tratados de manera genial como la política, la pobreza y el pragmatismo ligado a la muerte.

Al final, ambos autores recurren a un argumento Deus ex machina para resolver la narrativa. En Camus, la peste desaparece, no sabemos muy bien por qué, aunque el final genial lanza una metáfora para decir que la peste se refugia en nosotros y puede reaparecer en cualquier momento. Saramago, por su lado, no plantea nada. La ceguera desaparece. ¿Por qué? Nadie sabe. ¿Qué hacen los personajes ahora? Volver a sus vidas ‘habituales’, llenas de colores. Nadie propone restituir el honor perdido, perseguir a los criminales o preguntarse qué sucedió. Esto era imposible, ya que los personajes acartonados de Saramago, incapaces de buscar comida o agua simplemente porque están ciegos, poco podrían hacer en lo que se refiere a tratar de entender algo. En ‘ensayo’, los personajes sufren lo que les ocurre, no analizan ni buscan soluciones a nada, es como un video juego donde tienen que superar cada nivel: aquí hay que escapar del hospital, allá hay que conseguir un abasto. Nunca se reflexiona de manera más generalizada, buscando explicaciones y soluciones que pudiesen resolver todo de una buena vez en lugar de ir tarea por tarea o paso a paso.

Es por eso que Camus se destaca, porque su novela se mueve en diferentes niveles y proyecta ángulos y perspectivas para entender al ser humano. Saramago sólo nos hace desear no quedarnos ciegos, lo cual conduciría al desastre. Pero los ciegos me late que no son así, sino más bien como los ciegos de Sábato en el ‘informe sobre ciegos’ de Sobre héroes y tumbas. Mucho más escalofriante y profundo, Sábato plantea lo contrario de Saramago: unos ciegos übermensch que controlan todo con frialdad. Hubiera preferido una lectura de este estilo en Saramago, pero no fue el caso.

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Comentarios

On viernes 27 abril 2007 à 07:52, por hlp :: site :: #

Solo un punto en la novela de Saramago. Si se quedan algunos pocos ciegos, no pasa nada. Si nos quedamos casi todos ciegos es diferente, muy diferente. Saramago insiste en que mucho de lo que vivimos es frágil, y que ante situaciones extremas la gente reacciona de manera diversa. Algunos conservan la cordura y otros no...

La relación con otros tipos de ceguera no la dice. En estos tiempos cansados de discursos, yo lo prefiero asi... Que sea un hecho concreto y abstracto. Que cabalgue si acaso en la extrapolación fácil de unas cegueras a otras... Despues de todo las preguntas: ¿Estamos ciegos? ¿Estoy un poco ciego?, no están tan lejos.

La Peste me queda de tarea gracias a ti. Saludos

On lunes 30 abril 2007 à 19:54, por lorena :: #

Ahora quede con la curiosidad y me voy a leer la de camus
Yo empece al reves con la saramago
Me lei 'Ensayo sobre la lucidez' primero de pura ignorante y hacian referencia a la anterior.
Pero ensayo sobre la lucidez me gusto bastante.
:)

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, miércoles 2 mayo 2007 à 10:56

Bueno, la verdad que Saramago no me termina de convencer. Tampoco he leído demasiado que venga de él y no digo que sea malo, pero me parece flojo a veces, menos prolijo que otros autores que veo por ahí y que tienen menos exposición mediática. Puede que las cosas sean frágiles, sobre todo el orden social, creo que todos hemos pensado en esto, especialmente cuando vamos a países desarrollados y nos preguntamos qué es lo que mantiene a la gente embaulada, por qué no se arrancan los I-pods y teléfonos móviles. Digamos que ese vínculo de permisión ? prohibición, lo veo más complicado que una simple fijación ocular. Es cierto que es una tela fina y fácil de cortar, pero creo que se basa en otras estructuras, sobre todo lingüísticas, que vehiculan la cultura y el orden social. Y échenle un ojo a la peste, no lo van a lamentar? Saludos.

On viernes 18 mayo 2007 à 17:04, por LUIS :: #

PUES LA NETA ESTA UN BUEN DE LARGA PERO ESTA SUPERMEGA DIVERTIDA O.K LA RECOMIENTO SE BAÑAN Y SE LO LAVAN

On viernes 18 mayo 2007 à 17:04, por LUIS :: #

PUES LA NETA ESTA UN BUEN DE LARGA PERO ESTA SUPERMEGA DIVERTIDA O.K LA RECOMIENTO SE BAÑAN Y SE LO LAVAN

On viernes 18 mayo 2007 à 17:07, por ARTUR :: #

ESTA SUPER CHIDA Y SUPER LARGA OSEA ORA SI QUE ME TAPO UN OJO ME TAPO EL OTRO Y NADA QUE VER ESTA SUPER ABURRIDISIMA Y ARRIBA SA FELIPE GUANAJUATO QUE ES EL MAS ULTRA MEGA PERRRON LOS QUIERO Y SE BAÑAN CON JABONSITO,

On martes 29 mayo 2007 à 21:01, por dana :: #

lei la nobela ensayo sobre la ceguera y me gusto mucho, siempre leo a Saramago, en esta obra me hizo pensar en cuan vulnerables somos, y en la vida tambien de las personas que no pueden ver, es una buena novela, la recomiendo

On domingo 14 octubre 2007 à 22:51, por Anquero :: #

con el debido respeto que se merece tu critica, creo que es una basura, y veo que te vas a lo objetivo, olvidando la parte de la subjetividad que deberias interpreta en los textos, si quieres a alguien ingenioso que puedas detestar por como escribe, y que al tiempo que se burla de ti, busca a J.L.B.

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, lunes 15 octubre 2007 à 10:41

Gracias por tu insulto y comentario peyorativo, pero yo amo a Jorge Luis Borges, ya que no se parece a nadie? ¿Tú leíste La Peste o hablas sin saber?
Saludos igual, no voy a decir que tu comentario es una basura porque eso es como decir que llueve pa?bajo?

On martes 20 mayo 2008 à 03:05, por johnmanuelsilva :: site :: #

Sobre ensayo sobre la ceguera de Saramago se hizo una versión cinematográfica que no ha sido bien recibida en Cannes, el director es Fernando Meirelles el mismo de Ciudad de Dios y The Constant Garden. Yo le lei y me gustó muchísimo, pero la que le sigue, su hermana por así decirlo: "ensayo sobre la lucidez", me pareció bastante pobre. No me he leído la de Camus.

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, martes 20 mayo 2008 à 11:25

Sí, estoy pendiente con la película, sobre todo por Mark Rufalo y Eva Mendes. Veremos qué sale de ahí, métele el diente a Camus cuando puedas, no lo lamentarás…

On miércoles 3 septiembre 2008 à 01:40, por kiwi :: #

ustedes son unos imbeciles a comentar mal

On miércoles 4 febrero 2009 à 17:51, por Adef :: #

Me ha sorprendido mucho y muy gratamente descubrir que alguien más ha establecido el mismo tipo de comparaciones entre las novelas de Camus y Saramago, llegando más o menos a las mismas conclusiones a las que en su día llegué yo.

Creo, humildemente, que la principal diferencia que nace de tal comparación es la relativa al mensaje - mensaje que sencillamente no existe en el caso de la novela de Saramago.

Después de haber leído "La Peste", nos queda la noción de que "tras la muerte de Dios, al Hombre aún le queda el Hombre" (está claro que Dios está ausente de Orán en tanto dura la pandemia: que se ha marchado, que ha olvidado a los habitantes de la ciudad o que, simplemente, nunca existíó). Es un mensaje duro, pero esperanzador. Le roba al hombre la fé en Dios. Pero le devuelve la fé en sí mismo.

Tras la letura del Ensayo, en cambio, al lector no le queda nada. El lector ha atravesado ese valle de la muerte para no encontrar absolutamente nada al final de su demoledor viaje.

¿Qué pretendía Saramago? ¿Demostrar que, en ausencia de normas y quienes las hagan valer - en ausencia del Padrecito Estado- "el hombre es lobo para el hombre"? Eso ya lo dijo Hobbes. Y lo noveló William Holding (otro Premio Nobel) en su "El Señor de las Moscas" con bastante más precisión y mucho mejor gusto.

¿O pretendía enseñarnos que la confinación y la miseria nos deshumanizan, nos reducen a la condición de animales movidos sólo por la necesidad de sobrevivir? Eso ya lo dijo, junto con otras muchas cosas, Dostoievsky en su fabulosa "El Sepulcro de los Vivos".

¿Es esta obra del izquierdista Saramago una apología del Estado, en unos tiempos en los que el neo-liberalismo ha pretendido el desmantelamiento del aparato estatal en buena parte de Occidente? ¿Es un canto a las bondades del sistema represivo social, que nos mantiene alejados de la que, según él, es nuestra verdadera alma - la Bestia? ¿Es una llamada a la recuperación de los valores religiosos y morales? ¿O, por el contrario, es la denuncia de que tales valores son falsos, de que jamás llegaron éstos a calar en nuestras almas?

Yo no creo que nada de lo anterior estuviera en el ánimo de Saramago al escribir su Ensayo sobre la Ceguera. Tuvo una idea - divertida, sádica, nauseabunda, inteligente, profundamente tonta; pero al fin y al cabo una idea. La desarrolló y le salió lo que le saió: una novela de terror más o menos al uso. A Stephen King le hubiera encantado tener la misma iluminación inspiradora. ¿O acaso sí la tuvo? (Revísese su bibliografíam por si acaso).

La de Saramago me parece una notable novela de terror. Y cuando digo notable no quiero decir exactamente buena. Pero en ningún caso algo digno de ser tomado en serio.

Ahora que lo pienso, la comparación con la obra de Camus quizá estçe de más. :-)

A.-

De un premio Nobel yo esperaba mucho más.

En cuanto a la película, he oído decir que es perfectamente comparable, en cuanto a grado de insoportabilidad, con "joyitas" del tipo de "Apocalipsis Caníbal" o "Saló o los 120 días de Sodoma" - del absolutamente prescindible Pasolini.

On martes 10 febrero 2009 à 20:09, por A :: #

¿Novela de terror?

Aunque peque de insoportable, me dejaré llevar un poco por la emoción: si me pareció un poco superficial y muy subjetiva la comparación de Ulive entre ambas novelas, el comentario de Adef me pareció una idiotez. Y como no creo en las casualidades, colocaré un texto que escribió Saramago ayer en su blog. Algo que barre, de un sólo golpe, el polvo de Adef y de otros quienes opinan tan vacuamente sobre El ensayo sobre la ceguera.

Texto de Saramago, sacado de su blog: http://cuaderno.josesaramago.org/

"Sigifredo

Febrero 9, 2009 by José Saramago

Sigifredo López es el nombre de un diputado colombiano secuestrado durante siete años por las FARC y que acaba de recuperar la libertad gracias, entre otros, al valor y la persistencia de la senadora Piedad Córdoba, principal dirigente del movimiento social y humanitario “Colombianos por la paz”. Gracias a una circunstancia que parecía imposible que se produjera, Sigifredo López, que formaba parte de un grupo de once diputados secuestrados, de los cuales diez fueron, no hace mucho tiempo, asesinados por la organización terrorista, pudo escapar a la masacre. Ahora está libre. En la conferencia de prensa realizada en Cali tras la liberación, entendió que debía manifestar su gratitud a Piedad Córdoba en términos que conmovieron al mundo. Aquí nos llegaron esas palabras y esas imágenes estremecedoras. Nunca he podido alardear de firmeza emocional. Lloro con facilidad, y no por culpa de la edad. Pero esta vez me vi obligado a romper en sollozos cuando Sigifredo, para expresar su infinita gratitud a Piedad Córdoba, la comparó con la mujer del médico de Ensayo sobre la ceguera. Pónganse en mi lugar, miles de kilómetros me separaban de aquellas imágenes y de aquellas palabras y el pobre de mí, deshecho en lágrimas, no tuvo otro remedio que refugiarse en el hombro de Pilar y dejarlas correr. Toda mi existencia de hombre y de escritor queda justificada por ese momento. Gracias, Sigifredo."

Criticones pseudointelectualoides. Quisiera leer una novela escrita por ustedes, sobre todo una por el ilustrado Adef.

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, martes 10 febrero 2009 à 21:29

Hola, estimado A.
No hay nada peor en este mundo, que un soberbio sin argumentos. Decir que tal o cual cosa es una idiotez, y no argumentar, es síntoma de extrema pedantería o extrema ignorancia. ¿Cuál es tu caso?
Cuando leo tu comentario, un solo argumento falaz se me ocurre: La novela de Saramago es buena y profunda porque él lloró cuando liberaron al rehén de las FARC. Tamaña estupidez no tiene precio: También podrías decir que la música de Shakira es buena porque su fundación salva niños de la calle. Dios los crea, ellos se juntan.
Creo haber dado suficientes argumentos, tanto antropológicos (la descordinación vista-mundo) como literarios, para sostener mis afirmaciones sobre la novela de Saramago.
Cuando salgas de "tus días del mes", siéntete libre de volver por acá y discutir, con argumentos, por qué defiendes tanto la novela de Saramago.
Pero por favor deja la lloradera de actor mediocre, de esos que cuando uno los critica dicen, "si güevón, pero párate acá y ponte a decir ser o no ser, para que veas". O sea, ¿qué tiene que ver mi novela, con el hecho de que la de Saramago acuda a argumentos deus ex machina? Siéntete libre igual, de comprarla, niño, y disfrutarla y hasta criticarla. Pero nada de lo que yo haya escrito servirá para que "Ensayo sobre la ceguera" sea menos mediocre o más profundo. Esa es la mala noticia.
Saludos a todos.

On martes 10 febrero 2009 à 23:58, por A :: #

Estimado Vicente, que dudo en realidad me estime.

No sé cuál sea mi caso, ignorancia o pedantería, yo creo que ambos. Y quien diga que no sufre de los dos síntomas es cuando precisamente cae más duro en ellos.

Tienes razón, no hay nada peor que un soberbio, pero: sin o con argumentos. Por ese lado, debo advertir mi predisposición un poco a tus críticas e insultos acostumbrados. Decirte que, para mí, Cerati es tan producto industrial como Shakira, porque ese hombre no es ni la sombra de lo que era en Soda Stereo, es caer en una opinión un poco superficial pero sobre todo SUBJETIVA. Y a esa subjetividad es que me refería en tu artículo sobre las novelas de Saramago y Camus. Ahora, lo que no entiendo es por qué te afecta tanto lo que le dije al Adef, que aunque tienes razón al decir que el llanto del rehén no determina la calidad de la obra, también es verdad que sí opaca la opinión de Adef cuando lucubra pseudointelectualmente que es sólo una novela de terror y que no tiene mensaje. Además, sería bueno acotar que hasta Cohelo utiliza mensajes en sus novelas, es decir, que eso, tampoco determina la calidad de una obra. En fin, sí me gustaría leer tu novela, pero igual imagino que la disfrutaría más si no fueras tan destructivo en tus críticas. ¿Qué es para ti la mediocridad? ¿que sabes tú si eso mismo opinan de tu novela?. En fin, nunca me han caído bien las críticas tan destructivas como las tuyas, a menos que se trate de un genio literario del cual sólo me provoquen leer sus obras y no sus opiniones.

Saludos.

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, miércoles 18 febrero 2009 à 14:10

Hola, A-gain:
No entiendo para nada cómo puedes decir que mi crítica es destructiva. Ni siquiera lo considero una crítica, sino una comparación de dos autores que giran más o menos alrededor del mismo tema. En ese sentido, creo haber dado suficientes argumentos para sostener mi impresión de que la Peste es mejor y produce más resultados que, "Ensayo".
No veo nada de tu parte que desmonte esto o proponga una lectura alternativa. Estamos de acuerdo en cuanto a lo subjetivo, de nada sirve que yo discuta si a ti te gustó o no la novela. Por eso hablo de conversar en torno a argumentos. Creo haber explicado por qué, por ejemplo, desde un punto de vista antropológico, la des-sincronización de la sociedad a partir de la vista es una propuesta estilística mucho más débil que el planteamiento de una peste. Di muchos argumentos para explicar por qué lo veía así. Sin embargo, todavía estoy esperando que avances algo sobre lo que podamos conversar. Aprecio tus impresiones, subjetivas u otras, pero hasta allí; aparte de respetarlas no hay mucho que pueda hacer.
Saludos y no tengo nada que ver con Adef ni lo conozco así que no me compete defender su comentario.

On miércoles 27 mayo 2009 à 17:06, por Diego Maenza :: #

Pides un comentario basado en argumentos, Vicente, aquí te va uno. Empiezas manifestado que la novela no te dijo mucho y que te dejó muchas dudas respecto a la estructura y la forma en la cual se desarrollan los acontecimientos. Si querías un detalle epidemiológico sobre la propagación de la ceguera, pues la cosa es diferente. Si no entiendes el cuadro social y las repercusiones que implica “no tener vista” que se plantea en la obra, pues ya es otra cosa. Yo creo que el punto es que no comprendes el planteamiento del escritor (ni de Camus ni de Saramago). Realizas tu comparación en aspectos que se ajustan estrictamente a tu opinión sobre el “realismo” que debe haber en una y otra obra; y pese a que la novela de Camus te parece “más convincente”, todavía encima le reclamas que te EXPLIQUE cómo acaba la peste. Insisto, realizas tu análisis de ambas obras en tu concepción desesperada por encontrar la realidad dentro de la obra, por determinar cuál es más “real”. Mira, te explico, la función de una obra literaria es recrear la realidad para mostrarla de manera más clara. Esto por resumir la función de la literatura en palabras que puedas entender. Ahora, que la forma que utilice un escritor para recrear esa realidad haya variado según las épocas, es algo que, como lector, deberías comprender; pero al parecer no lo haces. Tú quieres que te detallen todo, y es precisamente en la ausencia de datos que escamotea el escritor donde se halla, muchas veces, los verdaderos pilares de una historia literaria. Ejemplos donde lo que se calla tiene más importancia que lo que se dice existen muchísimos en la literatura universal contemporánea. Si es por este aspecto que te desagrada Ensayo sobre la ceguera y por ello no logras asir la profundidad del planteamiento de Saramago, entonces William Faulkner te resultaría el peor escritor de la historia de la literatura, pues (te pongo de ejemplo una sola de sus novelas) “¡Absalom, Absalom!” utiliza una técnica muy compleja y amena donde dilucida los límites del conocimiento, porque, precisamente, a los protagonistas les hacen falta algunos datos para reconstruir una historia dentro de la novela, que en todo caso es la misma novela. (Bueno esto por no hablarte de “El ruido y la furia” donde una misma historia es contada por cuatro personajes –es decir cuatro historias sobre un mismo acontecimiento, o un mismo acontecimiento contado en cuatro diferentes historias–, pero las cuales poco a poco se complementan o se excluyen.) Siguiendo este parámetro que planteas como axioma, también te caería como una patada al hígado y te haría vomitar blanco nada más ni nada menos que Pedro Páramo de Rulfo, pues es sabido por todos los cientos de páginas que redactó el escritor y luego tuvo que “recortar” para dejar depurada su novela, pues precisaba de la ausencia de ciertos datos para darle la vida que se merecía y que tiene y que tendrá ese “gran poema en prosa” que es la novela de Rulfo. Y continuando con la lista (si sigo así no puedo terminar nunca) tengo como ejemplo máximo (y este sería para ti una disección de tu hígado en vida y sin anestesia, éste sería para ti el máximo exponente que invoque tu náusea) al señor Franz Kafka. ¡Pide, pues, explicaciones sobre quién es el tribunal que procesa la condena a K.! ¡Pide, pues, explicaciones sobre qué o quién es El Castillo que rechaza al otro K. (al agrimensor)! ¡Pide, pues, explicaciones sobre cómo es que se transforma Gregorio Samsa! Y toda esta avalancha de ausencia de datos es precisamente la base principal de las novelas. Con todo esto quiero decirte que cada escritor tiene su manera de narrar una historia, y para contarla y que sea comprensible no es de rigor que deba ser estrictamente “realista” y describir cada arruga del personaje. Y ni siquiera entrando en este paradigma podemos estar tan seguros de que las descripciones de las arrugas sean necesarias. La novela “Ulises” de James Joyce es una novela que podríamos denominar realista. Podríamos catalogarla dentro de esta denominación. Es una extensa obra de más de 900 páginas, pero cuya trama transcurre en un solo día. ¿Dónde radica el realismo de esta novela?: ¡en la descripción del pensamiento!, tal como se presenta, fluctuante, contradictorio, abstracto y por ello aparentemente absurdo. ¡Esto sí que es realismo! Quien no se ha aventurado aún a la lectura de Ulises, le aconsejo que lo haga, será uno de los descubrimientos grandes de su vida de lector. Pero sigamos contigo, Vicente. Lo que trato de decirte con todo esto es que no entiendes la finalidad de una obra literaria. Dices que no te parece plausible que todo se desencadene por “la ceguera temporal de los personajes.” En primer lugar ellos no saben que su ceguera es temporal y eso es precisamente el desencadenante de esa suerte de caos social. En segundo lugar tú tomas la ceguera textualmente, y ahí radica tu error. Un recurso que utiliza Saramago es la inserción de un solo punto que escapa a la realidad para plantear un situación cuya repercusión se siente en toda la sociedad; puede ser el hecho de que la muerte suspenda su trabajo (Intermitencias…), que la tierra se separe (La balsa…), que la mayoría de las personas todas sin acuerdo mutuo voten en blanco (el otro Ensayo…); esta idea catapulta imaginaria sirve a Saramago para plantearse situaciones tan reales como de las que nos ha hablado, tal como le sirvió a Kafka que uno de sus personajes amaneciera convertido en bicho para mostrarnos un trozo de naturaleza humana, o como le sirvió a Dostoievski (un escritor realista) que Raskólnikov “deseara ser” un Napoleón (ésta me quedó buena) e inicie todo el drama con un hecho tan sorprendente (casi maravilloso) del asesinato a una vieja usurera y el otro gratuito a su vieja hermana, o tal como le sirvió a Shakespeare que un fantasma (el padre de Hamlet) desencadenara su tragedia, o en Macbeth que las brujas le profetizaran el inicio de su Tártaro, o tal como le sirvió a Cervantes que Don Quijote se volviera loco por tanto leer novelas de caballerías. Por cierto, te doy un dato para incentivarte más a la lectura: ¡Nadie se ha vuelto loco por leer! Estas obras no se ajustan a tu “principio de realismo” y no es necesario decir lo importantes que son dentro de nuestra cultura. Además la metáfora de la ceguera, si bien se expande a múltiples interpretaciones (he aquí el motivo de la universalidad del portugués), puede hacer referencia (la novela casi textualmente lo plantea así) al grado de deshumanización que ha alcanzado nuestra contemporaneidad. También lo ha dicho Saramago. Pero hemos visto a través de la historia de la literatura que las obras muchas veces rebasan los propósitos del escritor. Ésta es una de ellas, porque nos presenta diferentes grados de lectura. Pero si quieres leer algo detallado punto a punto, mejor busca un libro de historia, pero no vallas tan entusiasmado pues ni ahí lo hallarás. Por otro lado quieres que la novela te “diga algo”. Si Ensayo sobre la ceguera no te ha dicho nada o no te ha dejado nada es porque o verdaderamente eres un pésimo lector, es decir no te empezó a gustar la novela y la leíste entre líneas (si es que sabes hacer eso, desde luego, sino olvida mi comentario) o porque, hablemos claro, ¡no la leíste! Sólo leíste opiniones acerca de la novela. Si quieres leer novelas de tesis busca un libro de autoayuda, que te puede servir. Yo te pregunto ¿qué mensaje puede darte una literatura como la de Chéjov? Es decir, en cualquier relato de Chéjov no encontrarás “normas de vida” a las cuáles regirte, dictadas por el escritor (si buscas eso, no estás buscando literatura); y sin embargo, luego de leer a Chéjov uno se siente más humano, más uno mismo, y en muchas veces hasta uno mismo se inspira repugnancia. Esto me ha pasado al leer a Chéjov, y también me pasó al leer a Saramago. Es curioso, sólo pasa con pocos autores entre los cuales debo incluir a Dostoievski. Han sido experiencias demasiado fuertes, que te obligan a cambiar el modo de concebir el mundo. Lo extraño es que esto no me ha sucedido ni con Shakespeare ni con Cervantes, que son, a apreciación personal, mucho más grandes y variados que los precedentes que acabo de nombrar. Leí Ensayo sobre la ceguera cuando tenía 18 o 19 años, no recuerdo con exactitud. Hoy tengo 22, y puedo decir que esta novela es una de las que más ha influido en mí, de las que más me han llegado, y que han modificado mi perspectiva hacia la vida. No tengo otras palabras para decirlo: ¡Me obligó a ser otro! No dándome tesis, sino mostrándome cómo son las cosas. Yo pienso que la novela de Saramago hoy tiene más vigencia que nunca. Está viva, dondequiera que miremos. Por ello la defiendo, con argumentos sólidos. Yo pienso, Vicente, con todo respeto, que lo que realmente sucede, es lo que le sucede a muchos lectores que tropiezan con la estructura de determinada obra y debido a esa dificultad consideran y juzgan como malo o de baja calidad un trabajo que realmente no merece dicha calificación. Puede que haya sucedido que tropezaste con la manera en que Saramago utiliza la puntuación, o mejor dicho deja de utilizarla, para volver los diálogos menos tediosos, más fluidos y de una cadencia que recuerda la “literatura oral”. O pudiste hallar dificultoso el trayecto de la novela porque en ella no existen nombres. Y entonces aquí entran los diferentes niveles de lectura de la obra y su verdadera profundidad. Podría hacerte una disección de la novela, capítulo por capítulo y situación por situación, pero ya que estamos aquí para comparar las dos obras, permíteme hablar de Camus.

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, miércoles 27 mayo 2009 à 17:37

Hola Diego, Bueno, esto estaba más o menos aburrido, menos mal que llegaste tú, lector tan modesto, que propone explicarme "la función de la obra literaria". Amén de lo que considero una barrabasada, es decir, tu clasificación de "novelas realistas" (ejercicio literario que no entiendo muy bien de qué sirve), déjame volver a explicar lo que ya dije en el artículo, a ver si me expreso bien:
La peste, como fenómeno de des-sincronización de la conducta humana, es mucho más efectiva que la ceguera blanca. Podríamos caernos a citas antropológicas aquí, pero tampoco es el chiste. Plantear tal derrumbe social en base a una sola maladie me parece ridículo, irreal y conveniente.
El problema no es que me expliquen a mí nada, estimado. El problema es hacer trampa. Supongo estarás al tanto del argumento Deus ex machina, que es exactamente lo que Saramago plantea para sacar a sus personajes del marasmo de la ceguera. Empuja la novela al límite del ridículo y luego, cuando se aburre, todos están sanos. Qué conveniente. Es de lo más facilista que existe en literatura, como ya sabrás (algo utilizado de manera igual de estúpida y arbitraria en la película "Fenómenos", por ejemplo).
Tal vez lo que más me molesta es el papel de la mujer en el hospital. Es completamente inaceptable. No sólo que la señora con vista permite que se la violen veinte sádicos, sino que los esposos, igual de "reales" no ven problema alguno en intercambiar sus mujeres por comida. Si eso te parece real, hermano, pues no tenemos nada que discutir. Antes muerto que bañado en sangre.

On miércoles 27 mayo 2009 à 17:07, por Diego Maenza :: #

Albert Camus ha sido uno de los mejores escritores que ha sabido captar las consecuencias de una guerra (que es en todo caso la metáfora con la plantea la peste). La peste no es otra cosa que la guerra, por ello se va como llega. Bueno, aquí ya tienes una explicación, pedías que te explicaran cómo se va la peste, pues se va como llega, porque es la metáfora de la guerra, aunque no hubiese querido darte esta explicación porque lo importante es que la comprenda uno, pero qué más, aquí tienes un poco de ayuda. El mérito de Camus al manejar una situación que engloba aspectos sociales es haber creado esta novela que escapa la barrera textual que la propia historia se impone, es decir, en palabras comunes y simples, se presta para variadas interpretaciones. Así, la peste pasa a ser el arquetipo de cualquier catástrofe que afecte a la humanidad (tal como en el Ensayo es la ceguera). Rieux, ese médico inolvidable, dotado de una gran sensibilidad humana se enfrenta a lo devastador con una actitud humanista, la mujer del médico en el Ensayo, también. Camus y Saramago analizan las situaciones desde dos campos que no precisamente están en las antípodas. Rieux es, ante todo, un intelectual. La mujer del médico no. He aquí un rasgo destacable entre los dos caracteres. Se puede llegar a una conclusión, quizá simple pero necesaria. Camus plantea un personaje que, digámoslo así, “tiene ojos donde otros no”, pero es un hombre inteligente, cargado de humanismo y conocimientos sociales, psicológicos y médicos, conoce al hombre desde la ciencia y el saber. La mujer del médico no es una intelectual en ningún modo, sino un ser humano común que sabe conservar la vista, quizás, precisamente por estar exenta de intelectualismo y sentir de manera normal el dolor ajeno, sin procesarlo con complicadas abstracciones; es una mujer sabia y también cargada de humanismo; ésta es la grandeza del personaje de Saramago, y sobre todo su propuesta: hay que tener ojos siendo completamente humanos. Bueno aquí habría mucho que hablar al comparar a los dos personajes principales.

En la escena de la violación puede hacerse una lectura con las gafas del marxismo y denunciar abiertamente al capitalismo salvaje donde si no tienes dinero no comes. Si esto te parece un absurdo, una “exacerbación demagógica”, una prueba del tremendismo, deberías realmente ver nuestra sociedad actual donde existen personas que permiten ser explotadas para alimentar a sus familias, ¡por que no les queda de otra! De ahí que pueda explicarse la posterior actitud de la mujer del doctor. Sin embargo, circunscribir la obra o ciertos fragmentos de ella a aspectos relacionados con el comunismo sería totalmente errado, ya que la obra puede ser leída (y de hecho ésta ha sido la finalidad del autor) desde una interpretación netamente humana. Pero también se presta para interpretaciones sociológicas, psicológicas y antropológicas (donde puede que más ahonde). Ésta es su universalidad. Camus, por otro lado, es un moralista que se deja sentir descaradamente por toda la obra; pero su moral no es una moral teorética, en ningún sentido. Camus se plantea la situación desde el absurdo. La vida apacible de un pueblo apacible se ve repentinamente alterada por la presencia de la peste. Es un hecho que para las personas (así lo interpreta Camus) es totalmente absurdo. Morir de la peste (morir por la guerra) es una muerte absurda. Esta preocupación circula a lo largo y ancho de todas sus demás obras, y se deja sentir más fuertemente en “El extanjero”; preocupación ésta que, está de más decirlo, también compartió y sintió Sartre. En La peste es donde el moralista Camus dice presente, y donde le da sentido a todo el conjunto de su obra. Insisto, no es una moral boba que nos dice: “¡Uy, qué mal anda todo!”, sino una moralidad de profundo compromiso hacia los demás. Y si el absurdo (tema central en época de posguerra) se nos manifiesta en una catástrofe (sea enfermedad, guerras, accidentes), no queda de otra, nos trata de decir Camus, que volver hacia el hombre y no ser indiferentes. Saramago plantea una situación similar y lo más probable basándose en la situación ya planteada por Camus, pero esta vez no la superpone a una sociedad devastada por la guerra tanto física, ideológica, moral e intelectualmente, sino que la superpone a la sociedad contemporánea carente de paradigmas claros, deshumanizada por ciertas reprochables prácticas de hombres y mujeres dominados por el statu quo imperante, por una globalización no humana que reduce al ser humano a una cifra más donde no importan nombres ni rostros, un sistema ciego que perjudica a muchos: éste es el Saramago pesimista, pero como él mismo lo ha dicho: nada de pesimista sino “rendirse ante las evidencias” y mostrar las cosas tales como son. Pero detrás de ese pesimismo desbordante se encuentra el Saramago ético y comprometido, que nos ha regalado a uno de los personajes más fuertes de la literatura universal; una mujer que fácilmente puede estar al lado (por motivos estrictamente literarios) de Lady Macbeth y no ser menos (insisto, por motivos literarios y no morales). Ella es el resquicio de optimismo dentro de la obra y tiene ojos donde otros no y puede comprender que “el hombre dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a su semejante.” Algo aparentemente tan sencillo de decir, pero sumamente arduo en realizar y comprender. Tal como tú, Vicente, dices no haber comprendido nada de la obra.

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, miércoles 27 mayo 2009 à 17:52

En cambio, con este comentario, pues no tengo mucho que decir. Tus analogías y análisis me parecen alocados y acertados más o menos en igual proporción; de todas formas reconozco tu derecho, y el de todo lector, de leer un texto y entender lo que le dé la gana sobre el capitalismo o la globalización. Lo que sí nos mantiene en radical oposición es el papel de la mujer, que tú reivindicas como una Lady McBeth y a mí me parece el personaje más estúpido de todo el libro. No conozco mujer alguna que, ante las perspectivas de una violación, no intente arrancarle la pistola de la mano al violador ciego. Tampoco conozco gente tan hijadeputa como para prostituir a su mujer por comida, o hacerlo de manera natural, sin emociones. De pronto a ti te parece de lo más normal cuando pierdes la vista o vas a la guerra o estás en un mundo globalizado, qué sé yo. Pero crear personajes sin ética, sin moral y vacíos, sólo aliena al lector, al contrario del caso de Rieux.
Las demás referencias hiper-textuales a Saramago me parecen un intento desesperado en justificar ese bodrio moral. Nada que Derrida no haya deconstruido y a él te remito.
Al final, tienes derecho de leer -y que te guste-, lo que tú quieras, con ello no tengo problemas. Pero si de verdad crees que resolviste algo con la alocada disquisición sobre el realismo o el name dropping sin pies ni cabeza del comentario anterior, creo que te equivocas. Yo intenté explicar como (1) la ceguera como movimiento antropológico no sirve, (2) los personajes carecen de cualidades humanas al dejarse violar o cambiar a sus mujeres sin pelear (otra contra-evidencia antropológica), (3) cómo esto aliena al lector (punto a favor de Camus) y como, (4) el recurrir a argumentos Deus ex machina es complatamente inaceptable cuando se escribe en el nivel que está Saramago.
Corrígeme si me equivoco, pero aparte de hacer metáforas exiguas que tratan de justificar lo que critico en 1 y 2, no has avanzado argumento alguno, aparte de querer demostrar a toda costa que soy un bruto que no leyó algo que tú sí. Si ese es tu juego, conmigo no cuentes, hace rato que eso de bajarse los pantalones para ver quién tiene la biblioteca más grande dejó de interesarme, además, no contribuye nada.
Si quieres seguir conversando, te recomiendo (1) bajar el tono a algo más decente donde podamos intercambiar, (2) tratar de rebatir lo que digo, no lo que tú crees que leí o debo pensar, (3) avanzar argumentos más sólidos sobre el valor del libro más allá de los paralelos con la sociedad actual o qué sé yo, que cualquier artista mediocre usa para justificar su obra.

On miércoles 27 mayo 2009 à 22:02, por Diego Maenza :: #

Empiezo por dos cosas. Una diciéndole que acabo de leer su currículo y me parece que esto cambia las perspectivas de las cosas, pues veo que estoy al frente de un hombre preparado, y no un simple opinador, perdone el remedo de neologismo, de los muchos que pululan por ahí. Pero continuemos. Dos; que sus respuestas a los comentarios precedentes me parece que sustentan de manera más concreta su posición ante las novelas. Sólo un hecho que no puedo dejar pasar desapercibido: sus contradicciones, tanto las de sus respuestas a mis comentarios que chocan con el planteamiento inicial mantenido por usted, como las que se manifiestan dentro de ambas últimas respuestas. Ya paso a explicarle donde se encuentran. Tres; que tenga la amabilidad de leerme claramente y todo lo que escribo, tanto para que se evite estos bochornos, tanto para que manifieste cordialidad frente a quien se he detenido a leer lo que usted ha redactado. Cuatro; que en ningún momento estoy realizando una panegírica de Saramago o de su obra, me parece un autor menor al lado de otros contemporáneos; sin embargo su comparación con la obra de Camus, me parece muy simplista, no porque una obra sea mejor que la otra; ambas tienen sus méritos de acorde a la realidad que exploran y a la época en que fueron concebidas, pero en fin. En primer lugar me hubiese gustado que leyera más detalladamente mi exposición, ya que no pudo captar la ironía al manifestarle SU intención, no la mía, de determinar cuál obra es más “realista”. Usted me dice, entre otras cosas: “Amén de lo que considero una barrabasada, es decir, tu clasificación de "novelas realistas" (ejercicio literario que no entiendo muy bien de qué sirve).” Lo que yo le planteo a usted, para que me pueda entender, se lo digo claramente con todo el respeto que se merece, es que es precisamente usted quien pretender llegar a esa conclusión, al exigir la inteligibilidad total de los detalles de las obras, tanto de una como de otra. Usted, luego, manifiesta que “La peste, como fenómeno de des-sincronización de la conducta humana, es mucho más efectiva que la ceguera blanca.” Aquí caemos en su primera contradicción. Usted me reclama que acudo a normas extra- literarias para realizar mi análisis precedente, tales como mis interpretaciones sociales, comparaciones entre personajes (ya voy a hablar de esto también), etc. Pero no se da cuenta (o no quiere reparar en ello) de que su propio análisis no tiene nada que ver con aspectos literarios. Entonces, yo me pregunto, y le pregunto a usted, insisto, con todo el respeto que se merece, no espero que se ofenda, ¿bajo qué parámetros usted determina la comparación entre ambas obras? Supongamos que sea una pregunta retórica, y de hecho ahora la cambio como tal. Yo le contesto: usted la analiza bajo una interpretación que no llega a sentar bases en el nivel antropológico, sino que lo hace, y manifiesta su opinión, en torno a la forma en que usted considera que las personas receptan el significado de la obra. “El lector pasa toda la novela imaginando cuál es la diferencia, o por qué si a todo el pueblo le da ceguera, cómo es posible que una persona se salve.”, es expresión suya. Usted también manifiesta, en respuestas precedentes, no a las mías, que cree “haber dado suficientes argumentos, tanto antropológicos (la descordinación vista-mundo) como literarios.” Pero yo me pregunto, con todo el respeto que usted se merece, ¿dónde están los literarios?, porque por más que leo y leo y leo y leo, no los encuentro por ninguna parte. Usted dice que el problema es “hacer trampa”, porque, reprocha usted, Saramago acude a la técnica deus ex machina. Si nos limitamos a determinar que una obra no es válida, o en palabras suyas “es facilista”, porque utiliza esta técnica del antiguo teatro griego, pues siguiendo sus pautas deberíamos eliminar o desechar (como facilistas y de baja calidad) la mayoría de las grandes obras literarias, desde el Quijote de la Mancha, por utilizar recursos análogos, pasando por Crimen y Castigo, Fausto, Cien años de soledad, y la mayoría de la novela contemporánea. Pero ya no quiero citar autores ni obras, pues veo que le fastidian. No conozco la película a la que usted alude, pero supongo que no ha de ser de demasiada importancia conocerla, por lo que pido disculpas por mi ignorancia en este aspecto (por el título supongo que es una de esas peliculillas holliwoodense, pero qué importa). Luego manifiesta: “Es completamente inaceptable. No sólo que la señora con vista permite que se la violen veinte sádicos, sino que los esposos, igual de "reales" no ven problema alguno en intercambiar sus mujeres por comida. Si eso te parece real, hermano, pues no tenemos nada que discutir. Antes muerto que bañado en sangre.” También dice: “Tampoco conozco gente tan hijadeputa como para prostituir a su mujer por comida, o hacerlo de manera natural, sin emociones.” Esto ratifica mi opinión, con todo el respeto que usted se merece (le repito esto a cada rato porque no pretendo que se ofenda) de que usted no leyó la novela, o la leyó entre líneas. Dentro de la trama, no son los hombres los que obligan a las mujeres de la sala a prostituirse, sino son ellas la que toman la decisión. Vea, Vicente, las mujeres no son objetos de los hombres. Esto no quiere decir que no sea reprochable el acto que realizar los violadores. Pero es precisamente en este fragmento donde se realiza un punto de inflexión hacia la realidad. Donde los hombres reclaman a la mujer como objeto. Aquí hay mucho de qué hablar. Un personaje le exige a su mujer que no valla, pues él cree mandarla. Ella decide voluntariamente ir, y entonces él se molesta. Es un lugar común, un tópico, el manifestar que la mujer es tomada como un objeto de placer, y sólo cuando otra persona la toma también como objeto es cuando, recién, le atribuimos propiedades de sujeto. Esto un poco por analizar la novela desde adentro. El análisis desde afuera es un poco más arduo, pero como a usted le molesta, no lo voy a dejar consignado. En todo caso si se anima, lo puedo publicar luego. Me dice, en su segunda respuesta: “Tus analogías y análisis me parecen alocados y acertados más o menos en igual proporción.” Pero no alude cuáles cree errado o “alocados” para poder dialogar. También dice que yo reivindico a la mujer de médico como una Lady Macbeth. Lo que yo manifesté, léalo con calma, es que estrictamente ciñéndonos a parámetros literarios, es un personaje tan fuerte y la pongo a lado de (no cómo) Lady Macbeth, que es algo muy distinto, y además aclaro que lo hago por motivos estrictamente literarios y no éticos o morales, y no por otros motivos concernientes a la tan cacareada naturaleza humana, sino por motivos estrictamente literarios. Y aquí entra el punto en que usted ratifica que la conducta del lector es de acorde a su interpretación, usted dice, refiriéndose a los personajes de Ensayo…: “Pero crear personajes sin ética, sin moral y vacíos, sólo aliena al lector, al contrario del caso de Rieux.” ¿De qué forma aliena al lector? No lo explica. Usted expresa: “Las demás referencias hiper-textuales a Saramago me parecen un intento desesperado en justificar ese bodrio moral.” Le insisto, pido disculpas por las referencias a otras obras. Pero decídase de una vez y plantéelo claro, bajo qué parámetros realiza usted la comparación entre la obra de Saramago y Camus. Si lo hace a nivel literario, no espere a que no existan alusiones a la literatura y la forma en que ha sido concebida a través del tiempo, pues ésta es la única forma de comprender la estructura de una obra y no de forma estática. Si lo hace a nivel social, no espere a que no existan alusiones sociales de nuestra contemporaneidad y los sistemas sociales vigentes. Con todo el respeto le pido que me aclare sobre por qué considera mi intervención como “alocada disquisición sobre el realismo”, cuando yo no he defendido el “realismo” en ningún momento, sino que le manifesté que era usted quien pedía una obra ajustada a los cánones de lo que en literatura se conoce como realismo. Le insisto, con mucho respeto hacia su persona, lea detenidamente y no entre líneas, para que no ande sacando frases de contexto, no lo tome a mal, ni a irreverencia; lo digo porque considero que si yo me tomo el tiempo para leer sus publicaciones y comentarlas, lo menos que merezco es un poco de atención. Pero espere un momento, que continúo.

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, jueves 28 mayo 2009 à 12:32

Hola, Diego:
A ver, vamos por partes porque has escrito mucho.
En primer lugar, agradezco el intercambio y creo plénamente que tienes derecho a tener tu punto de vista. Celebro el que podamos contrastarlos con un mínimo de respeto y decoro. Sin embargo, creo que deberíamos tutearnos porque sino, se hace pesada la cosa. Sólo quería aclarar que en este espacio todas las ideas son bienvenidas y, si escribo acá, también es muchas veces para lanzar ideas tentativamente y ver cuál es la reacción o la respuesta de las demás personas. En ese sentido, siéntete libre de contribuir a la discusión.
Ahora bien, algunas precisiones:
Aclaro que no estudié literatura, tal vez sea esa la clave de mi torpeza en la designación de "realismo". Digamos que, a grandes brochazos, ambas novelas parecen ancladas en una realidad-real que busca identificar al lector con ese "caos social"; el miedo de contraer la ceguera o la gripe porcina, por ejemplo, en cualquier momento, juegan a favor de ambos libros. En algún lado del otro extremo, podríamos colocar la realidad-ficción, Las crónicas marcianas de Bradbury o Tolkien, por ejemplo. Evidentemente, a pesar de que tratan cualidades humanas que podemos compartir, Bradbury no tiene que irse de bruces explicando cómo llegamos a Marte o Tolkien explicando qué es un Hobbit, son licencias poéticas permisibles en el género real-ficción. Es obvio que la línea que separa estos géneros no es fija ni puede establecerse. Lo importante es entender que hay dos lados, digamos. Entonces, si se me concede el postulado número 1 según el cual ambas novelas buscan mimetizar el mundo "real", está claro que aquella que logre convencer más al lector de la plausibilidad de la realidad que pinta, tendrá mejor efecto literario sobre el lector.
Esto me lleva a mi postulado número 2: en ese espectro de lo plausible, la peste funciona mejor como motor del "caos social" que la ceguera, simplemente porque cuesta creer (y tal vez sea acá donde estamos en desacuerdo), que seres humanos ciegos no logren siquiera caminar por las calles sin tropezarse después de dos meses de ceguera. Además, puedo entender cómo la moral se rompe ante la perspectiva de una muerte inminente (la peste), pero argumentar que la ceguera destruye todo el tejido moral y social y conduce a violaciones y abusos me parece poco convincente.
Claro que esto me lleva al punto 3: Las mujeres que "deciden" ser violadas y los hombres que las dejan, que no pelean ni plantean alternativas. Repito que la ceguera como argumento para que permitas que tu esposa sea violada a cambio de comida es completamente ridículo. Jamás sucedería.
Último punto. El recurso Deus ex machina es bien preciso y no aparece en Crimen y Castigo, el Fausto o Cien años. Deus ex machina es, por ejemplo, el que al personaje principal lo estén persiguiendo para matarlo y, al estar acorralado, repentinamente aparezca un terremoto y lo salve. Deus ex machina es, en "Tintín y el templo del sol", que haya un eclipse solar justo en el momento preciso en el cual van a encender la pira para quemar vivo al reportero belga. Eso es lo que hace Saramago, esa es mi queja.
Saludos, tu otro comentario lo respondo mañana con calma, gracias por el intercambio,
V.

On miércoles 27 mayo 2009 à 22:03, por Diego Maenza :: #

En cuanto a los puntos que usted ratifica, permítame desglosarlos. Pero antes debo hacer una aclaración. La obra Ensayo sobre la ceguera, es una novela. Una obra literaria, y debe ser tomada como tal. No como un ensayo científico. Usted manifiesta los puntos: Uno; la ceguera como movimiento antropológico no sirve. ¿Por qué? Usted dice que (dese cuenta que no estoy expresando lo que creo que usted piensa, sino lo que ha escrito), dice que “lo que (le) parece poco plausible es que el ‘caos’ que él plantea -violaciones, robos, desabastecimiento, hambre, sed-, sea todo producto de un solo fenómeno: La ceguera temporal de los personajes”. Quiero manifestar dos puntos en base a este comentario suyo; uno, que ya expresé anteriormente, es que los personajes no saben que su ceguera es temporal. Dos, que también expresé anteriormente, la ceguera como tal, dentro de la fábula sirve; vista desde afuera de la novela, no, porque carece de lógica (a menos lógica externa, a nivel interno la historia funciona perfectamente), a menos que sea tomada como una alegoría, que es, en todo caso, la verdadera finalidad de la obra, y bajo cuya mirada y lectura se la comprende. Usted manifiesta que no sirve como movimiento antropológico porque no capta cada parte de las reacciones humanas como usted considera que debería suceder (y es aquí, fíjese bien, donde aludo a que usted reclama realismo). Usted dice que la historia no sirve porque no cumple su requisito de ajustarse a los parámetros antropológicos, y por lo tanto le parece más plausible la de Camus (no estoy inventado nada, esto lo ha dicho usted). Pero el problema radica en que no es una disertación sobre epidemiología, sino una novela. Acá me va a tener que disculpar pero debe aludir a obras literarias para hacer una comparación a nivel literario (porque son novelas, no informes académicos ni científicos y no es necesario que se ajusten matemáticamente a la realidad como tal, sino que, a través de la ficción, exploran y explotan la realidad; usted puede analizar una obra literaria bajo determinado prisma, pero no espere a que esté completa sin los demás niveles de lectura que abarca). En este caso, El Quijote de la Mancha no sirve como literatura porque no capta la psicología del hombre, empezando porque nadie se vuelve loco por leer. La psicología lo rechazaría. La medicina también rechazaría al Quijote, porque nadie podría (sobre todo por la fragilidad y edad de don Quijote) aguantar tanto palo y tanto golpe. Entonces analizando el Quijote según el prisma médico esta novela sería la gran farsa de la historia. Sólo por ponerle un ejemplo. Podría ponerle muchos ejemplos más, pero veo que a usted le molestan los análisis hiper-textuales, a pesar de que ha decidido realizar, precisamente, un análisis hiper-textual entre dos obras. Usted me reprocha el acudir a factores hiper-textuales. No trato de volcarle la culpa a usted como escape a mis limitaciones, sino que voy a decir esto porque están claritas sus contradicciones. Mire, usted dice que acudo a elementos hiper-textuales para tratar de defender la novela. Si es en referencia a lo social (esto es extra-literario), creo que sólo hice una o dos alusiones; en cuanto a las demás obras es una comparación estrictamente literaria, y la mitad de su planteamiento parte de esto, pues realiza una comparación hiper-textual (usted lo hace) con la obra de Camus. En cuanto a otra de sus contradicciones, usted es el que acude a análisis extra-literarios al intentar interpolar los hechos antropológicos con los ficticios de la novela. Una novela no tiene por qué ser realista en su sentido estricto, pero sí analizar realidades, que es diferente, espero dejar claro este punto. Dos; los personajes carecen de cualidades humanas al dejarse violar o cambiar a sus mujeres sin pelear. En este caso los indios que han sido explotados (por ejemplo aquí en mi país, Ecuador) por gamonales de turno, no son humanos, pues no poseen las cualidades para serlo. Siguiendo sus lineamientos, la mayoría del pueblo judio que murió a manos de los nazis no eran humanos. Los palestinos recientemente bombardeados por Israel tampoco eran humanos. Las mujeres que son explotadas por los llamados “tratantes de blancas” o algo así, tampoco son humanas. Y no me reclame que pongo palabras en su boca, porque no lo hago, sino que llego a razonamientos basados en su lógica. Y si me vuelve a reprochar que acudo a elementos hiper-textuales por referirme a otras obras, o quizás extra-literarios por hacer una análisis social, pues, insisto, plantee los parámetros para la comparación de las obras, pero será algo difícil sin acudir a demás elementos de la ciencia humana, lo que no quiere decir que estos elementos descalifiquen completamente una obra literaria. Tres; cómo esto aliena al lector (punto a favor de Camus). Esto puede ser discutible y no es nada basado en interpretaciones estrictamente literarias. Yo conozco testimonios de que la novela de Saramago realiza precisamente lo contrario, abrir los ojos, mostrar la realidad más claramente. Pero sé que esto no sirve en un análisis literario, y menos aun comparativo frente a la obra de Camus. Es decir son testimonios fuera de contexto (al menos del contexto que estamos tratando y por lo tanto no sirven). Pero de ahí a que usted haya demostrado cómo las actitudes de los personajes alienen al lector, es algo muy improbable. Puede que, en todo caso lo haga, que lo dudo mucho, pero usted no ha demostrado nada. Cuatro; el recurrir a argumentos Deus ex machina es complatamente inaceptable cuando se escribe en el nivel que está Saramago. Esta es su opinión no basada en elementos de análisis literario. Bajo esta clasificación Cien años de soledad, no sirve para nada. Por último me da a entender usted que trato de demostrar erudición, nada de eso; sólo quería consignar mi opinión. Termino pidiéndole disculpas por algún lapsus de mi expresión (por aquello del tono), no de mis ideas, pues no es que sea perfecto, sino que las he revisado antes de publicarlas. Lo que trato de decirle es que en ningún momento mi intención ha sido importunarlo. Sólo debatir con las bases claras, ya que usted lo exige así. Lo dejo con una última frase tuya: “Pero crear personajes sin ética, sin moral y vacíos, sólo aliena al lector, al contrario del caso de Rieux.” Ante esto, ya que usted dice que le gusta tanto Jorge Luis Borges, le dejo con unas expresiones suyas en conversación con Sábato: Borges: He dicho, sí, que proponer a Martín Fierro como personaje ejemplar es un error. Es como si se propusiera a Macbeth como buen modelo de ciudadano británico ¿no? Como tragedia me parece admirable, como personaje de valores morales, no lo es. Sábato: Lo que prueba que un gran escritor no tiene por qué crear buenas personas. Ni Raskolnikov ni Julien Sorel, por citar algunos, pueden juzgarse como buenas personas. Casi nadie en la gran literatura. Borges: Qué extraño. Ahora recuerdo que Macedonio Fernández tenía una teoría que yo creo errónea. Él decía que todo personaje de novela tenía que ser moralmente perfecto. Desde esa perspectiva, sin conflictos, resultaría difícil escribir algo... él se basaba en el concepto: "El arquetipo ideal de la épica". Sábato: Parecería un chiste. Borges: No. Era en serio. Bueno, sería como anular la novela ¿no? Sábato: Basta considerar los grandes protagonistas de novelas. Siempre marginados, tipos casi siempre fuera de la ley outsiders. Borges: Hay una frase de Kipling que escribió al final de su vida: "A un escritor puede estarle permitido inventar una fábula pero no la moraleja". El ejemplo que eligió para sostener su teoría fue el de Swift, que intentó un alegato contra el género humano y ahora ha quedado Gulliver, un libro para chicos. Es decir: el libro vivió, pero no con el propósito del autor. Sábato: Es lo bastante complejo para ser un espantoso alegato y a la vez un libro de aventuras para chicos. Esa ambigüedad es frecuente en la novela. Borges: Se me ocurre algo. Supongamos que Esopo existió y que escribió sus fábulas. Pero posiblemente le divertía más la idea de animales que hablan como hombrecitos que las moralejas. Esas moralejas se agregaron después. Sábato: Es que ninguna obra de arte es moralizadora en el sentido edificante de la palabra. Si sirven al hombre es en un sentido más profundo, como sirven los sueños, que casi siempre son terribles. O las tragedias. Usted habló de Macbeth: es espantoso, pero sirve. Y no sé si lo justo no sería suprimir ese "pero", o en su lugar poner "y por eso mismo.

Si lo que usted intenta, Vicente, es plantear que la novela Ensayo sobre la ceguera no sirve porque no le “deja un mensaje”, ratifico mi opinión, con todo el respeto que usted se merece, de que debería leer novelas de autoayuda.

On jueves 28 mayo 2009 à 23:25, por Diego Maenza :: #

Cuando yo alego que tanto El Quijote, Fausto, Crimen y castigo y Cien años de soledad, mantienen la esencia del deus ex machina, quiero dejar claro que lo hago siguiendo su lógica, ¿de qué manera? Permítame explicarlo: En El Quijote: Muchos de sus capítulos terminan inesperadamente, para luego remitirlos a otros. Licencia válida desde luego, para al final dejar terminada y cerrada la obra. En Fausto: En la primera parte de Fausto el ascenso angelical de Margarita es un escape de Goethe hacia la tragedia que le precede. La voz del ángel puede ser un elemento concreto. Esto visto desde afuera. Visto desde dentro de la historia es un argumento totalmente válido y de acorde a los planteamientos de la historia. En Crimen y castigo: Raskólnikov, luego de postularse como un teórico del crimen, termina convirtiéndose al catolicismo por el amor de una prostituta. (SOBRE EL VALOR MORAL EN SONIA. Hago un paréntesis aquí, ya que quiero destacar el valor moral de Sonia, la joven y famélica prostituta de Crimen y castigo, quien se ve arrojada a ejercer dicho oficio para alimentar a sus hermanos. También quiero rescatar a otra mujer que se ve empujada a la miseria y la prostitución por alimentar a su familia: Fantina, personaje de la novela Los miserables de Victor Hugo. Ambas representan cómo fuerzas ajenas a nuestra voluntad y dignidad nos empujan a la ignominia. Una cosa es decir: “Yo nunca haré eso, ¡primero muerto!”. Claro porque uno tiene una buena casa (no hablo por mí pues no la tengo) un buen trabajo (tampoco hablo por mí, pues tampoco lo tengo, no porque no quiera, sino porque en esta sociedad es difícil conseguir un trabajo estable sin un título académico, cosa que me he negado a aceptar, es decir no pienso estudiar universidad –en otros foros he manifestado la forma en la cual los profesores universitarios actuales pasan a tomar el papel de los antiguos sofistas griegos, desde luego tomando el concepto de “sofistas” en su acepción peyorativa a partir de que éstos abandonaron su papel emancipador de repartir el conocimiento y lo transformaron en una mercancía– ) (Continúo), insisto, se dice aquello de que ¡NUNCA PERMITIRÉ QUE MANCILLEN MI HONOR!, porque son personas que mantienen un estilo de vida aburguesado, y no comprenden las realidades, que muchas veces no se trata de honor o dignidad sino de sobrevivir y hacer sobrevivir a los seres queridos, pues quien nunca en su vida ha pisado ni pisará el cuarto de un hotel medianamente lujoso sólo puede estar bajo disposición de quien lo explota. No porque él quiera ser explotado, sino porque no tiene más opción. En cuanto al valor moral de Sonia, me parece un personaje muy superior moralmente en comparación con ciertas personas que conozco. Siempre lo he dicho, y lo traigo aquí ya que estamos hablando de moral: que prefiero mil veces (y con gusto) darle un beso (por qué uno, que sean cien) en los pies a una prostituta, que darle mi mano al Papa). Continúo con Raskólnikov: nadie que haya leído la novela cabalmente (y existen muchos análisis sobre esto) se traga el cuento de que el joven nihilista se convierta al cristianismo. Claro que se ha producido un cambio dentro de él y ha comprendido el verdadero valor del ser humano. Pero el escape de Dostoievski es notorio. En Cien años de soledad: También aquí el escape es evidente. Siguiendo sus lineamientos, Vicente, cuando a García Márquez ya no le quedan más personajes arma semejante tramoya con los papeles de Melquiades y hace desaparecer a todo el pueblo. A esto me refiero cuando manifiesto aquello del deus ex machina, mas no en sentido estricto, sino siguiendo su lógica. Sin embargo, podemos darnos cuenta que tanto en La peste como en Ensayo…, las definiciones de ambas novelas están concatenadas con la trama. Un verdadero deus ex machina en Ensayo sobre la ceguera sería, por ejemplo que ya al final llegaran los extraterrestres y, como están indefensos, liquidaran a todos los humanos, o en caso de su “Deus ex machina bien preciso”, que los empiecen a cuidar. O que la lluvia que cae sobre la ciudad en la parte final no fuera de agua sino de ácido, o en caso de su “Deus ex machina bien preciso”, que la lluvia volviera toda la ciudad, físicamente, a la normalidad. Eso sería un verdadero deus ex machina. El que desaparezca la ceguera no es más que una continuación lógica dentro de la trama, que vista desde afuera es algo absurdo, en eso estamos de acuerdo. Pero si aceptamos el hecho de la ceguera (como ficción), debemos aceptar sus consecuencias lógicas. Lo mismo ocurre en La peste. Que desparezca la peste es consecuencia lógica de la propia aparición. Es decir, o desaparecía la peste o desaparecía la raza humana. Que el cómo desaparece la peste es algo que no explica el autor, pues es un recurso que le da más valía a la historia ya que el autor no toma papel de solucionador en el conflicto interno de la novela, sino que lo deja a nuestra interpretación. Pero insisto, no son informes epidemiológicos, son novelas. Otro punto. Nótese que cuando hablamos de ficción no nos referimos únicamente a obras fantásticas al estilo Tolkien o ciencia ficción al estilo Bradbury. Nos referimos a toda obra literaria producto de una creación del autor. Un ensayo no es ficción, a menos que tenga rasgos que puedan ser tomados como tales. Crimen y castigo es una obra de ficción, de principio a fin. El Quijote es una obra de ficción de principio a fin. Las novelas “realistas” son obras de ficción. Creo que usted ha escrito una novela o relatos, me parece, no estoy seguro, pues esas son obras de ficción por muy realistas y detalladas que puedan ser. En cuanto a sus postulados me parecen que llegan a la conclusión lógica. Pero usted parte de un axioma errado. Su postulado número 1 dice: “ambas novelas buscan mimetizar el mundo "real", está claro que aquella que logre convencer más al lector de la plausibilidad de la realidad que pinta, tendrá mejor efecto literario sobre el lector.” No estoy de acuerdo en esto. Este postulado no sirve para la comparación entre la obra de Camus y Saramago. ¿Por qué? Paso a explicarlo: La obra de Camus es una obra que se ajusta mucho más al estilo tradicional de la novela de inicios de siglo XX. Recordemos el legado del siglo precedente, el XIX, con los grandes novelistas Dickens, Tolstoi, Balzac, Zola, Gorki, etc. Camus es heredero de esta literatura, sobre todo de los rusos, especialmente de Dostoievski. El movimiento filosófico en el ámbito cultural y época de este escritor era el existencialismo (como filósofo usted debe conocer mejor que yo la Historia de la filosofía). Camus nunca fue un filósofo a pesar de que escribió un hermoso ensayo (El mito de Sísifo, que en realidad son varios ensayos en un solo libro) que puede pasar como filosófico. Sin embargo, catalogar a Camus como escritor existencialista es un gran error. Estuvo preocupado sí, como la mayoría de intelectuales de aquella época, por el asunto de la guerra (La segunda mundial). Y el tema del absurdo también se hizo efervescente en este ámbito de desconcierto. Bajo esta mirada es que Camus escribe La peste, y lo hace como un alegato de esperanza hacia el ser humano. Una novela cargada de humanismo y moral. El relato de Camus es una obra que adopta los principios del realismo heredado del siglo pasado. Y aquí entra en disonancia (técnica no temática) con la obra de Saramago. Saramago es un escritor clásico. Le gusta jugar poco con los tiempos, casi no juega con ellos; descree en la experimentación excesiva; y su novela es producto de esto, su novela es completamente lineal. Sin embargo Saramago no plantea una novela plana que se ajuste a determinado tipo de realismo, pues el autor acude a la fábula y a la alegoría. Si nos basamos en la comparación de cuál de los hechos (la peste o la ceguera) es menos ficticio, podemos concordar en que la peste gana. Lo que sí no se puede decir es que una de las dos novelas sea menos funcional que la otra porque contenga un elemento más ficticio que otro, ya que: Uno; porque ambos parten de técnicas literarias muy diferentes. Dos; porque la temática se ajusta a los problemas que ambos autores desean tratar, y estos problemas están condicionados por el tiempo en que han vivido; en este caso Camus bajo la mirada de la devastadora guerra cuyas consecuencias se sienten por toda la novela. Saramago bajo los problemas de nuestra época. Tres; porque no es posible conocer de manera científica o por lo menos aproximada cuál de las dos funciona mejor. Usted no puede confirmar que una novela aliena y la otra da esperanzas. No lo puede hacer. No lo puede confirmar. A menos que a usted lo haya alienado. Cosa que dudo mucho. El problema radica en que usted no comprende el planteamiento de una obra literaria. Le pongo un último ejemplo clásico: El Quijote ha sobrevivido más de cuatrocientos años, a pesar de que es más ficticio que otras cientos de novelas de caballerías que pululaban en su época, y de ésas si quedan 2 que sean importantes serían demasiadas. Esto indica que una obra no tiene por qué, necesariamente, ser realista y detallarlo todo para que cale la conciencia del lector. Usted me dice que Ensayo… no funciona porque nadie se traga el cuento de que los ciegos luego no pueden llevar una vida normal. Siguiendo este lineamiento la obra de teatro Hamlet no sirve porque nadie se traga el cuento de que un muerto salga de la tumba en forma de fantasma (pero si usted cree en los fantasmas haga caso omiso), de igual modo la obra de teatro Macbeth no sirve porque nadie se traga el cuento de que existan las brujas (a menos que usted crea en las brujas). Según ésta, su lógica literaria basada en sus profundos análisis filosóficos acerca del lenguaje y las realidades que explora, Shakespeare es el peor escritor de la historia. Lo que más le horroriza a usted es que no puede creer que las mujeres por voluntad (voluntad frente a sus maridos pero por imposición frente a los que tienen el poder) decidan (sí, utilizo esta palabra, y analícela bajo la lupa del señor Wittgenstein o de quien sea) decidan, insisto, sacrificarse bajo condiciones extremas. Una cosa es que una burguesita se horrorice en su cuarto de lujo de que alguien pueda mirarla desnuda. Otra, y ésta es la realidad, es que muchas mujeres deban sacrificarse de peores maneras para llevar bocado a su boca. Pero lo que a usted le causa repugnancia y le resulta ilógico es que los maridos no reclamen y defiendan su “honor”. Tal como usted, supongo, piensa que usted lo haría. Bueno diseccionemos esto. Existen únicamente dos parejas dentro de la novela. La que mayor fuerza moral tiene es la mujer del médico; a la segunda esposa es a la que el marido no permite que valla, pero ella decide ir. Las demás no tienen esposos dentro de la sala. Dirá usted que es derecho elemental del hombre no permitir que se toque a la mujer ni con el pétalo de una rosa, pero insisto que tomamos a la mujer como objeto, para luego atribuirle propiedades de sujeto. Y esto lo hace también usted. Primero reclama que los hombres no defienden a sus mujeres, como si fueran su propiedad. Luego les reprocha su carencia de moral por haberse dejado violar. Decídase desde qué punto está su mirada. Pero ahora, lastimosamente, confirmo lo que le han dicho en otro tema, aquello de que dispara primero y averigua después. Una lástima, este hecho, para quien dice ser un filósofo.

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, domingo 31 mayo 2009 à 18:19

...Apuntes rápidos: Creo que deberías revisar lo que es el recurso Deus ex machina, porque lo interpretas de manera demasiado liberal. No se refiere a utilizar elementos fantasiosos, inventados o imaginados, como en el Quijote o Cien años de Soledad, se refiere al recurso lógico para avanzar un guión, como bien expliqué en mi comentario anterior. Ninguno de los dos libros antes citados califica, una cosa es realismo mágico, otra Deus ex machina, como en el ejemplo, más que explícito, de Tintin.
Lo demás, son apreciaciones personales tuyas, imposibles de discutir, sobre la naturalidad de las violaciones y el sacrificio. Lamentablemente, no puedo posicionarme en este tema después de la violenta reducción conceptual que operas, los atajos de ideas y los saltos, más que cuestionables, entre alguna causa y efecto de dudosa procedencia que deseas establecer. Lamentablemente, la filosofía es más complicada que eso y exige un cierto rigor que no creo podamos establecer aquí por cuestiones de espacio. Tomar a alguien como objeto, un proceso conocido como "reificación", es posible, pero desde mi punto de vista es bastante atrevido, exagerado y no a lugar, atribuirlo a lo que hace Saramago con "las mujeres". No creo que esté solo en esto (igual que no estoy solo en lo que se refiere al Deus ex machina).
Saludos, por ahora estoy ocupado con cosas un poco más apremiantes y, a mi parecer, más interesantes que comentar sin orden, principio ni fin, una novela mala. Por supuesto que responderé a todas tus preguntas si deseas seguir pasando por acá, pero no esperes demasiada asiduidad de mi parte.
Saludos cordiales.

On martes 2 junio 2009 à 16:25, por Diego Maenza :: #

Apuntes, lastimosamente, no tan rápidos: Parece que no me leyó, pero no lo culpo; ahora hasta creo que lo comprendo a usted un poco. Dice que interpreto el deus ex machina como me da la gana. Pues ya dejé claro, clarito como el agua, que lo hago siguiendo su lógica. (Revísense los comentarios precedentes.) Desde luego que ninguna de las novelas que cité utilizan el deus ex machina y ése era el chiste, que comprendiera que ninguna de ellas lo usan, al igual que no lo usa la “novela mala” de Saramago. Pero en fin. Lo que realmente me llamó la atención en un principio, pero luego se me volvió como algo normal en un carácter como el suyo, es que manifieste lo inútil que le resulta para usted dialogar conmigo en torno a una “novela mala”. Pero ¡aguarde!, no se preocupe, no estoy ofendido por eso; estaba, sí, un tanto desconcertado de que alguien me dijera que le resulta inútil hablar de algo que él mismo ha planteado. Pero en fin, ya no me sorprende en usted. Pero continuemos con su comentario. Usted manifiesta que el deus ex machina “No se refiere a utilizar elementos fantasiosos, inventados o imaginados, como en el Quijote o Cien años de Soledad”, pero yo en ningún momento he dicho eso, señor filósofo; parece que la lectura no es en usted una cualidad. Lea con un poco más de detenimiento y no entre líneas, insisto, para que se evite estos bochornos, y pueda comprender el sentido de las palabras juntas. Utiliza la expresión “realismo mágico”, pero no veo a qué venga a cuento. Si es únicamente porque aparece el nombre de Cien años de soledad (y su cerebro por asociación de ideas le inculcó a plasmar dicha expresión), pues tampoco le veo la lógica en torno a lo que estamos hablando. Usted hace hincapié en “la violenta reducción conceptual que (opero), los atajos de ideas y los saltos, más que cuestionables, entre alguna causa y efecto de dudosa procedencia que (deseo) establecer.” Indíquelas, y también indique bajo qué mirada las interpreta (sistema filosófico, sistema lingüístico, conjunción de ideas, etc.) Este comentario me parece tan chistoso (se lo digo con todo el respeto que usted se merece, señor filósofo) como cuando me manifestó (en su segunda respuesta a mí) que mis “analogías y análisis (le) parecen alocados y acertados más o menos en igual proporción.” Debería ser un poquito más original, señor filósofo, y no andar cayendo en lugares comunes, en tópicos y en expresiones que todos andan usando por ahí, desde luego para desdeñar comentarios que les resultan amenazadores e intimidantes. Además, con este tipo de comentarios, uno claramente comprende que usted no leyó ni jota de lo que escribí. O lo que es más probable, que no posee argumentos con qué defenderse, que sus límites han emergido (no frente a mis respuestas, en ningún momento pretendo atribuirme dicho asunto, sino) frente a la propia imposición de sus comentarios, señor filósofo, y lanza frases tan inspiradas (e inspiradoras (únicamente por educación no voy a decirle lo que me han inspirado)) que resulta más que obvio que no quiere comprometerse con ningún comentario. ¿Por qué? Es fácil deducirlo. Confirma estas elucubraciones su desacertada aprehensión de lo que traté de manifestarle en referencia a las atribuciones de la mujer como sujeto (señor filósofo, parece que las palabras unidas le causan pánico). (Permítame manifestarle que en usted se han incubado una rara especie de mayéutica al revés, donde poco a poco va comprendiendo los baladíes que han sido sus comentarios e interpretaciones, y sobre todo la lectura de mis respuestas. Pero qué bueno que lo ha entendido. Pero no pienso hacer leña del árbol caído, no se preocupe, señor filósofo, que no voy a decir que yo he sido, por medio de mis comentarios, el propulsor de su proceso (no tendría cara de atribuirme aquello, tengo mucha sangre en la cara); por el contrario me complace en dejarle las atribuciones de su original mayéutica a usted mismo, la victoria es únicamente suya.) Luego expresa: “más interesantes que comentar sin orden, principio ni fin, una novela mala”. Por si aun no se da cuenta, lea el planteamiento del tema; y el señor que empezó a comentar (ése sí, sin principio ni fin) aquella novela mala a la que usted hace referencia, con la repulsión que le inyecta su hígado diseccionado, es de nombre Vicente Ulive-Schnell, un “escritor y filósofo” venezolano; es decir, en palabras comunes y simples, sin recurrir tanto a Wittgenstein (y nótese, señor filósofo, que aquí también va incluido él), en lenguaje llano y sencillo, ¡USTED! Comprendo el que esté ocupado. Un escritor y filósofo de renombre y tan importante como usted tiene, definitivamente, cosas más importantes que atender, eso me queda claro. En todo caso, cuando tenga uno o dos (¿por qué no tres?) minutos de su tiempo pueda ser que me conteste, y ahí estaré para leer, con gusto (o no, depende de la respuesta) su respuesta. Ahí le va una redundancia para que, una vez más, se estremezca su hígado. Se despide de usted, hasta una próxima oportunidad, espero que sea pronto, Diego Maenza, desde el hermano país Ecuador.

Réplica de Vicente Ulive-Schnell, martes 2 junio 2009 à 17:11

¿Qué quieres que te responda?
Aparte de llenar la página de insultos revestidos de un cierto intelectualismo que supongo estimas inteligente (o lo que los ingleses llaman "clever"), no dices absolutamente nada.
Este artículo data de hace dos años. Es obvio que los intereses fluctúan. No puedes esperar que gerencie los cientos de artículos y sus "flamewars" subsecuentes todo el tiempo.
Sin embargo, el espacio es abierto, así que tal vez algún otro interlocutor te interpelará, aunque si sigues siendo así de simpático, lo vas a tener complicado.
Saludos para ti también.

On viernes 16 octubre 2009 à 02:13, por mar :: #

mewuztho muxo eztha mui bueno el libro ezpero poder leer mas adelante el enzaio zobe la luzidez ez mui bn ezcrithor zaludoxz! C=

On viernes 15 enero 2010 à 08:26, por Carolina :: site :: #

Yo pregunto: ¿A alguien se le ocurrió "mirar" -si, la uso a propósito- más allá de lo obvio en Ensayo? La ceguera que utiliza Saramago para desatar el total caos, no es ni más ni menos que una metáfora, una analogía de la ignorancia, de las pasiones más bajas de nuestra humanidad y le permite mostrar al ser humano al desnudo. Realmente me cuesta creer que personas, evidentemente muy instruidas -si leyeron a Camus, a Saramago, intuyo que a unos cuantos más- no capten el verdadero mensaje de Ensayo y se queden en comentarios del tipo: "En fin, creo que los ciegos son gente capaz de valerse por ellos mismos y a pesar de que podamos caer en pánico durante un tiempo si despertamos a una ceguera total, no creo que los eventos que desarrolla Saramago tengan una buena conexión con la justificación: La ceguera.". Leer ese comentario me lleva a preguntarme si entendieron la novela. Fuera de eso, el resto del comentario es bastante acertado, sin duda Camus es más real. Pero, ¿Desde cuándo exigimos que un escritor sea verosimil? ¿Cuando perdimos la capacidad de simbolizar? Sumen a Miller, a Kundera, a Nin a sus repisas, y liberen la mente, que lo hermoso del mundo de las letras, es que nos permite crear.

PD: Saramago no lloró a causa de la liberación del rehén y leer muchos libros o a muchos autores no implica siempre entenderlos. No se queden en la superficie, por favor, ahónden siempre en lo no-escrito, que es dónde se halla la mayor riqueza intelectual y espiritual. Piensen en cuántos leyeron a Nietzsche y jamás lo pudieron entender...

Saludos!

On sábado 17 abril 2010 à 04:59, por Jesús :: #

Estimados Diego y Vicente: si yo fuese Saramago, celebraría su intenso debate sobre mi obra. Es la evidencia de que ésta cumple el requisito imprescindible, la condición sine qua non para que una novela sea "buena": dejar al lector reflexionando sobre ella.

   Un cordial saludo a los dos.

On viernes 5 noviembre 2010 à 12:18, por Sara Mago :: #

Acabo de finalizar la lectura de Ensayo sobre la ceguera. Por una parte me transmite la angustia de Kafka, por otra parte rememora el análisis sociológico de La Peste. Pero a pesar de ser una novela tremendamente realista, a diferencia de Camus, toda la novela es en sí una continua metáfora. No se trata de qué pasaría en nuestra sociedad si de repente nos viéramos atrapados en la ceguera, es que YA estamos sumergidos en ella. El que no sea capaz de "verlo" es que está incluido en el grupo de los ciegos.

En cuanto al personaje protagonista, la mujer del médico, es la esencia de la novela. Los comentarios de Vicente son de una superficialidad pasmosa: "En cambio, el que Saramago deje a un personaje sin tocar es inexplicable: El lector pasa toda la novela imaginando cuál es la diferencia, o por qué si a todo el pueblo le da ceguera, cómo es posible que una persona se salve. Peor incluso este personaje, con todas las condiciones para imponerse y restituir el orden, decide, por motu propio, dejarse vejar y hasta ser violada por una horda de pistoleros ciegos."



Quien no se sienta identificado con la mujer del médico está atapado en su propia ceguera. En los tiempos que corren, ¿quién no se ha sentido impotente ante las atrocidades que se cometen a nuestro alrededor? ¿quién no se pregunta cómo puede ser que personas supuestamente racionales cometan toda suerte de salvajismos? ¿quién no se ha sentido vejado en su trabajo o en su familia y lo tiene que tragar porque no es capaz de encontrar otra salida? Saramago no plantea un escenario hipótetico, sino que describe con una clarividente dualidad entre el hiperrealismo y la alegoría el mundo que nos rodea.

"Entonces, ¿de qué sirve su visión? ¿Cuál es la gran diferencia? No parece haber ninguna, entre que la señora pierda o no la visión hay solamente detalles."

Eso es precisamente lo más aterrador del relato de Saramago y lo que más nos debería espantar a los que no queremos quedarnos ciegos.

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